¿Qué hacía en una Ford Fairmont guayín ’83 azul chiclamino?

Por: Rodolfo Munguía Álvarez

¿A usted no le ha pasado, viajero lector, soñar con hacer un viaje a algún lugar exótico para premiarse, simplemente por vivir? Por supuesto, hay viajes a destinos de playa, culturales, de ecoturismo, o a las grandes ciudades del mundo como Londres, Tokio, Nueva York o Abu Dabi… la característica principal de éstos destinos es que no sean lugares comunes a los que podría ir en un año normal, sino en verdad, un regalo a usted mismo por haber cumplido una década más, haber realizado alguna hazaña profesional o simplemente, por darse un gusto. Desafortunadamente, no siempre nos es posible viajar y ver cumplido nuestros sueños y por ello, hoy les vengo ofreciendo la oferta, la promoción, el regalo para usted damita, caballero: unas hermosas ¡Guías Turísticas! Porque sí. Éstas son una muy buena alternativa para planear ese viaje de ensueño, para que cuando usted llegue a su destino, pueda disfrutarlo y sacarle más jugo. Pero además de ser una buena opción para programar sus vacaciones de vida, las guías turísticas también nos permiten viajar sin salir de nuestra casa. Gracias a ellas, podemos conocer majestuosos lugares en distintas partes del mundo a través de hermosas fotografías. Yo desde hace algunos años tengo en mi librero cuatro guías turísticas: de Praga, Estocolmo, Estambul y Luxemburgo, lugares a los que espero tener algún día la oportunidad de ir, pero si no, créanme que es muy grato el momento de hojearlas y hacer un magnífico viaje, desde la comodidad de mi sillón favorito. Y hablando de viajes, esto me hace recordar cuando niño, los viajes frecuentes que hacíamos en automóvil a Veracruz, Acapulco o Guadalajara desde la Ciudad de México: eran momentos de gran valor para mí compartir con mi familia algunas horas en automóvil, salir de nuestra casa y empezar a ver cómo la ciudad iba desapareciendo poco a poco para dar lugar a hermosos prados, bosques, parcelas y granjas a la lejanía. En aquel entonces, salir en la madrugada era toda una tradición familiar y, pasada la primera caseta de peaje, mi padre solicitaba a mi mamá, cual perro pavloviano, le pasara una de sus famosísimas #tortas_de_viaje, que disfrutábamos como desayuno viendo el amanecer en carretera. Nuestra camioneta de la época, una Ford Fairmont guayín ’83 azul chiclamino (ciclamino), y que además, no tenía ni una patinada de mosca, permitía reclinar el asiento trasero y cual cigarros, veníamos los tres hijos con almohadas tratando de dormir en aquella camita improvisada por mi padre, mientras escuchábamos algún casete con la bella música de Neil Diamond o la otrora “Lola Beltrán: en Bellas Artes” (bueno, no dije que todo era perfecto). Hubo muchos viajes de estos y siempre fue un placer ir con mi familia cantando, jugando algún concurso familiar como el de: «Dígame una canción que incluya la palabra…” y ¡hasta contando vacas! Ahora con mi propia familia, procuramos viajar en carretera jugando algo así y con ello, la tradición de disfrutar un viaje en carretera, creo que ha pasado a una siguiente generación. Ahora lo invito a compartirme con Apertura Intelectual en mi correo electrónico lector.frecuente@gmail.com sus experiencias familiares de este tipo; a dónde sería el viaje de sus sueños y, si le es posible, hágase de una valiosa colección de guías de viajes, yo le recomiendo buscar las últimas ediciones de la editorial Dorling Kindersley (DK), ya que además de venir actualizadas, son el primer paso para decretar ese viaje en su futuro. Finalmente, recuerde que también lo invito a seguirme en mi cuenta de Twitter como @GloopDr.

¡A votre santé, monsieur!

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2 comentarios en “¿Qué hacía en una Ford Fairmont guayín ’83 azul chiclamino?

  1. Excelente nota yo recuerdo mis viajes en un levaron 79 blanco hecho en Canadá motor de 5 l con poca potencia porque así eran todos los carros en aquel entonces y los viajes que hacíamos frecuentemente Acapulco al hotel club del Sol en el cual mis papás tenían un tiempo compartido era muy común esos viajes que duraban hasta ocho horas para llegar a Acapulco dado que no existía la autopista del sol y también cantidad de viajes a cuerna vaca en ese auto de dos puertas cómodo y en donde íbamos una o dos veces a lo mucho de Vacaciones al año a Acapulco o a lo mejor a Puebla y una vez al mes ir a Cuernavaca a visitar mis abuelitos en ese auto que me duró prácticamente toda la infancia y duro y duro hasta que de repente se empezó a tener detalles y mi papá decidió venderlo cuando ya contaba ese carro con unos 15 años hoy en día yo cuento con un auto que tiene conmigo más o menos ese mismo tiempo pero creo que mi auto está en mucho mejores condiciones

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