La Seguridad Jurídica

Por: Luis Roberto Peralta Hernández

En un Estado en el que imperan las normas jurídicas sería lógico considerar que la práctica nos arrojaría sabernos dentro un sistema de orden en que el que cada uno de los actos y las relaciones establecidas entre todos los integrantes del mismo tuvieran la certeza de legalidad al realizar cada uno de ellos.

Como hemos comentado en colaboraciones anteriores, las normas jurídicas y las leyes, si bien suelen ser considerados como sinónimos no lo son, siendo incluso motivo de confusión entre muchas de las personas que se dedican al estudio del derecho.

La seguridad jurídica implica por un lado, que cada uno de nosotros contemos con la certeza de la existencia de una norma jurídica, o conjunto de ellas, que va a conducir la voluntad propia o ajena dentro de un marco normativo que dará legalidad a los actos en que nos veamos inmersos. La palabra seguridad deriva del latín securitas y atis que significa cualidad de seguridad o certeza y a decir del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española se puede definir como la cualidad del ordenamiento jurídico, que implica: la certeza de sus normas, y consiguientemente la previsibilidad de su aplicación.

La responsabilidad que cada uno de nosotros tenemos, de cumplir con lo prescrito, con la norma es fundamental para el establecimiento de relaciones jurídicas adecuadas en nuestro carácter de gobernados, pero más aún por parte de los gobiernos en su carácter de conductores y su compromiso ha de ser verificar cada una de las situaciones previstas por la ley.

Lógico es que, no podemos equiparar las potestades ni las responsabilidades que tienen los actores sociales, en los caracteres anteriormente descritos (de gobernantes o gobernados), es por ello que un conjunto de garantías de las que gozamos tienen esa denominación.

La seguridad jurídica como garantía, consiste en que todo acto que emita cualquier autoridad en el ejercicio de sus funciones deberá de observar de manera estricta ciertos requisitos para poder afectar la esfera jurídica de los gobernados.

Existe una máxima del derecho que nos dice que, la autoridad solamente puede hacer aquello que la ley le permite de manera específica, al contrario de los gobernados que podemos hacer todo aquello que la ley no nos prohíbe, la razón precisa de ésta reflexión jurídica se justifica precisamente en lo descrito en párrafos anteriores; no podemos comparar el poder o la potestad estatal con la del particular, surgiendo la necesidad del establecimiento de determinados diques o límites al ejercicio del poder estatal que permita equilibrar esa balanza y crear un verdadero “estado de derecho”.

Cuentan algunos estudiosos de la norma jurídica, tanto del derecho constitucional como de la teoría del estado, que ese término de estado de derecho (situación con la cual coincido y por tanto coloqué entre comillas) es equívoco, ya que sostienen que no podemos pensar que pueda existir un estado que no cuenta con un conjunto de normas jurídicas cuyo objeto será conducir la vida del hombre en sociedad, las cuales deberán ser creadas por un Estado en el ejercicio de sus funciones, razón por la cual no puede haber estado sin derecho ni derecho sin un estado que legítimamente lo cree y a su vez que lo declare como obligatorio, por lo tanto hablar de un estado de derecho sería a grandes rasgos un pleonasmo.

Una vez dejando a un lado las reflexiones filosóficas sobre ese particular y centrándonos en la presente colaboración, la seguridad jurídica como garantía, implica que todos los derechos consagrados en cada una de las leyes que emanan desde la Constitución y las demás normas subsecuentes, nos permitan gozar y ejercer de manera amplia nuestros derechos, con las claras y lógicas limitaciones que las mismas establezcan, el estado además de tener la obligación de respetarlas, deberá crear las condiciones para su práctica, por lo tanto los derechos fundamentales, no podrán ni deberán ser restringidos por la autoridad que personaliza el poder estatal, sino por una causa justificada, además de que el acto que emane cuente con las circunstancias de modo, tiempo y lugar que la ley establezca para poder afectar válidamente nuestra esfera jurídica, tal y como lo consagra, para el caso de nuestra nación el artículo 16 Constitucional.

A lo largo de la historia, la constante violación a la seguridad jurídica de los gobernados ha sido un constante proceso de lucha y pudiere pensarse que ha sido un logro conseguido a través de los tiempos sobre todo en las democracias modernas, un problema que ya no fuere actual, sin embargo desgraciadamente en nuestro país y en muchos otros sigue siendo una asignatura pendiente. El estado se ha convertido en un opresor de las libertades básicas y fundamentales de los gobernados, abusando del uso faccioso del poder y de los órganos para reducir los derechos de los gobernados, debiendo ser la seguridad jurídica ese escudo protector que ha de impedir ese tan desequilibrado conflicto.

El Estado y sus representantes son, o deberían de ser, los primeros y más interesados en el desarrollo de relaciones jurídicas sanas, plenas y sobre todo respetadas, sin embargo, cuando el poder recae sobre quienes quieren la etiqueta de gobernante no siempre asumen el compromiso como lo dice la propia ley suprema de nuestro país, guardar y hacer guardar la Constitución.

Es por ello, que la parte fundamental para poder ejercer de mejor manera nuestros derechos es conociéndolos, respetar las normas y exigir de cualquier autoridad que pretenda restringirnos en el goce de ellos que se cumplan las formalidades que la ley les impone, que respeten al igual que los gobernados la ley pero con mayor responsabilidad puesto que son ellos, quienes con sus acciones, cumplen con la voluntad del Estado, fijan los derroteros del curso de acción de la nación y DEBEN predicar con el ejemplo. La gobernabilidad no se impone a base de discursos, ni con amenazas ni amedrentando a la ciudadanía sino con la observancia de la ley y actuando dentro de la marco que los sistemas jurídicos imponen.

«El poder no cambia a las personas, solo revela quiénes verdaderamente son.»

José Mujica

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