Crónica de la creación literaria al periodismo

POR: THELMA MORALES GARCÍA

Según algunos especialistas, la crónica debe estar saturada de literatura y como ejemplo tenemos a los precursores de la crónica en México como Luis G. Ortiz en el periódico Siglo XIX y José Tomás Cuellar en El Correo de México de 1867, sin embargo fue Ignacio Manuel Altamirano quien adoptó una actitud original que unida a la novedad de la forma, comenzó a escribir de manera diferente los artículos tradicionales que sólo informaban, y logró plantear algo más ligero y agradable a la lectura, fue gracias a él que el género periodístico de la crónica será reconocido como tal hasta nuestros días.

Más tarde continuará con Justo Sierra, pero será con Gutiérrez Nájera donde la crónica alcanzará sus momentos más altos, pues logra ser más ágil y exquisito al escribir, tal como correspondía a un cronista de una sociedad preocupada por la elegancia en la vida y en las letras; a partir de entonces la crónica empezará a parecer cada vez menos a sí misma y se parecerá más al reportaje, entonces pasará de los escritores a los periodistas. Se entiende que la crónica del siglo XIX se concibió con un poco de narración, relato, cuento, teatro, mucha historia y erudición para conformar lo que conocemos como crónica.

A Salvador Novo se le considera como uno de los mejores cronistas del siglo XX y del grupo conocido como los Contemporáneos y quien en sus últimos años de vida, a partir de 1965, año en el que fue designado como cronista de la ciudad de México, se dedicó a escribir aspectos históricos de su ciudad, cabe destacar que desde 1937, Novo publicó un registro semanal de su vida pero el interés de estas obras recae en que en este registro cotidiano se encuentran hechos públicos y privados de México y de estas crónicas se encuentran recopiladas por José Emilio Pacheco en La vida en México, donde Novo habla de los periodos presidenciales de Lázaro Cárdenas, Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán.

Para realizar una crónica según Marco Aurelio Carballo, se debe comenzar con una entrada extraordinaria, continuar con un buen desarrollo y concluir con un buen remate. La definición que en el libro Manual de Periodismo, Vicente Leñero y Carlos Marín nos dan sobre la crónica es que: “son la exposición, la narración de un acontecimiento, en el orden en que fue desarrollándose. Se caracteriza por transmitir, además de información, las impresiones del cronista. Más que retratar la realidad, este género se emplea para recrear la atmósfera en que se produce un determinado suceso.”

Es por eso que la importancia de la Crónica en los municipios de la entidad es fundamental para nuestra historia y es importante que a través de este género periodístico sea vista como Eugenio Ramírez lo dice: “una manifestación literaria tan importante como la novela, la biografía novelada” de las cuales tenemos innumerables ejemplos en México como: Francisco Rojas González con su famoso libro El Diosero, o la visión realista, cruda, descarnada y politizada de José Revueltas con “Dios en la Tierra”, relatos que describen la situación de pobreza que viven sus personajes después de la revolución de 1910; la visión moderna de la obra de Parménides García Saldaña en El rey criollo que con un lenguaje florido, nos describe la situación de rebeldía, en que vivían los jóvenes de los años cincuenta, y en el caso de otro extraordinario escritor como Jorge Ibargüengoitia que con su tono irónico, nos muestra una visión no oficial de un personaje histórico como el cura Hidalgo, en “Los pasos de López”, donde nos muestra la personalidad más humana y real de la mostrada por la historia “oficial” del Padre de la Patria; La sombra del caudillo, donde Martín Luis Guzmán nos describe el caudillismo, el Estado revolucionario y las nuevas relaciones de poder; Aura de Carlos Fuentes donde destacan los temas sobre la ciudad, su pasado y presente, la cultura mexicana; siendo todas ellas, piezas capitales dentro de la literatura mexicana actual.

En lo personal me gusta como escribe la cronista de la ciudad del centro histórico de CDMX, Ángeles González Gamio, porque en sus crónicas observamos un estilo propio y con recomendaciones gastronómicas, de inmediato al leer sus crónicas uno se da cuenta que ama entrañablemente a su ciudad. Ojalá que muchos cronistas de nuestro estado escriban la crónica con un mucho de la literatura y un mucho de historia.

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