Un verdadero maestro

POR: THELMA MORALES GARCÍA

“No basta vivir para la educación, hay que sufrir por la educación”, estas palabras fueron dichas por Pedro Henríquez Ureña sobre lo que debía ser un verdadero maestro; en cada paso que dio a lo largo de su vida por diferentes países, entre ellos México, dejó profunda huella en quienes lo conocieron y siempre lo recordaron por su gran humanismo. La historia misma, lo ha definido como el maestro de América, y como ejemplo tenemos a Jorge Luis Borges quien al escribir el prólogo del libro sobre la obra crítica de Henríquez Ureña, se refiere a él como un verdadero maestro: “Su método, como el de todos los maestros genuinos, era indirecto. Bastaba su presencia para la discriminación y el rigor.”

Enríquez Ureña nació en República Dominicana un 29 de junio de 1884, fueron las letras desde temprana edad las que más le llamaron la atención, su madre Salomé Ureña fue poeta, educadora y una destacada personalidad en la literatura de su tiempo.

Pedro al igual que sus dos hermanos Francisco y Max, cursaron estudios en la Universidad de Columbia, Estados Unidos. A los 22 años viaja a nuestro país, donde permanecerá ocho años, según especialistas serán los años más fértiles de su vida, pues trabajará en varios periódicos como redactor, lo que le permitirá entrar en contacto con el director de la “Revista Moderna de México” Jesús E. Valenzuela, y conocer al grupo modernista integrado por: Luis. G. Urbina, José Juan Tablada, Roberto Montenegro, Manuel M. Ponce, entre otros.

En esa misma época conoce a otros jóvenes con los que publicará “Savia Moderna”, destacan Antonio Caso, Alfonso Cravioto, Ricardo Gómez Robelo, Alfonso Reyes en un primer momento, y después se integrarán al grupo José Vasconcelos, Martín Luis Guzmán y Julio Torri. Según José Luis Martínez, es en este momento donde se despierta en Henríquez Ureña, la vocación de maestro y promotor de la cultura.

En 1909 junto con Antonio Caso, fundan el “Ateneo de la Juventud” —después se llamaría “Ateneo de México”—, sólo organizó dos series de conferencias. La más famosa y recordada es la de 1910 año del centenario de la Independencia con seis conferencias a cargo de Vasconcelos, Alfonso Caso, Alfonso Reyes, Henríquez Ureña, González Peña y José Escofet. En palabras de Enrique Zuleta Henríquez fue: “Lector curioso y voraz de todas las disciplinas y artes, se convirtió en maestro de sus amigos y coetáneos. Para muchos era un joven Sócrates y su trayectoria de vida e inteligencia se mezclaba con los hombres y sucesos que forman la trama íntima del México en plena transformación.”

En la última etapa de su vida vivirá en Argentina, será un incansable catedrático y conferencista; realizando ensayos e investigaciones sobre temas americanos. La ley argentina le impedía a los extranjeros ser profesores titulares, así es que Henríquez Ureña siempre sería suplente, en esa etapa el escritor Ernesto Sábato será su discípulo y se refiere a él como “Maravilloso hombre, que fue tratado tan mal en este país como si hubiera sido argentino”, y con emotiva nostalgia recuerda: “…se me cierra la garganta al recordar la mañana en que vi entrar a la clase a ese hombre silencioso, aristócrata en cada uno de sus gestos que con palabra mesurada imponía secreta autoridad: Pedro Henríquez Ureña. Aquel ser superior, tratado con mezquindad y reticencia por sus colegas, con el típico resentimiento de los mediocres, al punto que jamás llegó a ser profesor titular de ninguna de las facultades de letras.”

Su sentido de la responsabilidad estuvo siempre presente en su vida, el exceso de actividad intelectual y su compromiso con la cátedra hizo que el último día de su vida —11 de mayo de 1946—, corriera para alcanzar el tren que lo llevaría a la Universidad de La Plata; finalmente lo alcanzó pero momentos después se desplomó en uno de los asientos del tren, un compañero maestro lo auxilió y solicitó ayuda; entre los pasajeros se encontraba un profesor de medicina quien diagnóstico su muerte de un síncope cardiaco, estaba por cumplir 62 años. Su hermano Max escribió: “Así murió Pedro; camino de su cátedra, siempre en función de maestro.”

Espero sus comentarios en el correo lamyfriend@aperturaintelectual.com

Sigue Apertura Intelectual en todas nuestras redes:

Te invitamos a que califiques esta información.

ENTRADAS RELACIONADAS

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.