POR: LIGIA PÉREZ GARCÍA
Se consideran muertes y duelos traumáticos, las muertes súbitas inesperadas, las muertes por homicidio, por suicidio, por accidente automovilístico, ahogo, incendio, las muertes múltiples por catástrofe, las provocadas por violencia de genero, abuso sexual, violación y desaparición.
Este tema se vuelve fundamental ya que en marzo es el mes donde se conmemora el día internacional de la mujer y el tema cobra importancia ya que la violencia hacía la mujer se ha incrementado desproporcionadamente, en América Latina y el Caribe durante 2023 hubo un feminicidio cada 2 horas y en México ocurren 10 feminicidios al día. Para 2021 existían 2,979 mujeres y niñas no localizadas y según el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia, la desaparición de niñas y mujeres ha aumentado 161.6% de 2015 al 2021.
Cuando la pérdida de un ser querido es debido a una muerte violenta, el duelo es diferente al causado por otras pérdidas, esto debido a la manera en la que ocurrió. Hay dificultades para la elaboración del duelo, tarda más en iniciarse, el período de shock es más largo, cuesta aún más trabajo deshacerse de las cosas del ser querido, en muchas ocasiones al no existir un cuerpo, no hay una pérdida reconocida socialmente y debido a esto, no hay “permiso” de la sociedad para empezar el duelo.
Además de la pérdida del ser querido se suman pérdidas invisibles, que son aquellas que se producen en lo profundo de nuestro ser como son, sueños, ilusiones, expectativas, que tampoco son vistos ni reconocidos por la sociedad, pero que sin duda causan un gran dolor. Masud Kahn señala que esta falta de apoyo a la persona después de un suceso traumático afectará no solo la evolución del duelo, sino que se convertirá en una pérdida adicional. Y es a los que Alba Payas llamará “trauma acumulativo” que es el resultado del fracaso en el papel del entorno social y familiar como escudo protector en el curso del desarrollo del duelo.
Uno de los problemas en estos tipos de muerte, es que atraen a los medios de comunicación que no suelen tener un trato respetuoso o empático, siendo insensibles con la situación, enseñando imágenes inadecuadas, indagando sobre la vida personal del fallecido, su familia y de las personas allegadas, haciendo aún más dolorosa la situación y revictimizando a la víctima, la familia y personas a su alrededor, incrementando esto, la sensación de vulnerabilidad y tristeza.
Este tipo de experiencias traumáticas provoca un fuerte choque emocional, pudiendo desencadenar el desarrollo de un Trastorno de Estrés Postraumático, por lo cual es importante que se evalúe la sintomatología, las alteraciones del sueño, pesadillas, la reexperimentación del suceso, disociación, irrealidad e irritabilidad.
Neimeyer explica que es necesario ayudar al doliente a vivir el duelo de una manera más adaptativa y facilitar así la restauración. Por lo que será importante acompañar a las personas que están viviendo estos duelos traumáticos, reconocer y validar sus emociones, pensamientos y creencias, así como sus pérdidas, una escucha activa y ayudarlos a manejar las sensaciones de culpa.
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