Cuarto piso

Por: Susana Dumit Garciarreal

No sé si les pasa, pero cuando volteo a ver hacia atrás es cuando realmente me doy cuenta de lo mucho que he cambiado física, mental, emocional y espiritualmente. De hecho, no hace falta irse tan lejos, no soy la misma persona que hace seis meses.

¡Este año mi hijo mayor cumplió 13 años, mi segundo hijo cumplirá 9 y yo cumplo 40! Se dice fácil, pero en realidad no lo ha sido, sin embargo, he aprendido a encontrar la magia en las situaciones complejas de la vida, comenzando con mi maternidad diferente, es un parteaguas en mi vida, los dos me han enseñado cosas tan distintas que hoy por hoy son mi motor para trabajar en mí y darles herramientas para que los tres podamos seguir creciendo.

Trato de hacer memoria y realmente no recuerdo otra etapa de mi vida en la que me sentí tan plena como me siento ahora, yo sé que la edad no nos define, pero estoy convencida que con los años uno va valorando, observando, proyectando, sensibilizando detalles que no se logran ver cuando eres más joven (habrá personas que lo logren en una edad diferente).

Hoy en especial quiero dar gracias a mis papás y hermanos por ser mi red de apoyo incondicional, gracias por ser y estar, gracias por todo lo que hemos compartido, por todo lo que me han enseñado, para mí son una luz en el camino, su amor, humor (que a veces solo entre nosotros entendemos) complicidad, lágrimas, abrazos, sin ustedes de verdad no sé qué haría. ¡Los amo!

Gracias a mis amigas y amigos, cada uno de ustedes ha estado en momentos diferentes de mi vida y no me han soltado, porque me inspiran a seguir creciendo, por las risas, por los jalones de oreja y por siempre estar. Gracias a las maravillosas personas que se han ido sumando a mi vida y también agradezco a los que estuvieron temporalmente por dejarme el aprendizaje necesario en su momento.

A mis tíos y primos, por mis viejitas y abuelos, por los que ya no están en este plano con nosotros, pero dejan una huella llena de amor, gracias.

Gracias a mis padrinos por todo su cariño, por verme con esa mirada llena de amor.

Gracias a mi tanatóloga Marthita, gracias a Dios, a mis guías espirituales y terrenales, a la vida por ayudarme a ser mejor persona, por guiarme y ser ese brillo en todo momento, por enseñarme a descubrir mis dones y talentos para poder aportar a los demás.

Pero sobre todo doy gracias a mis hijos por haberme elegido como su mamá.

“Recuerda que algunas veces los milagros, son personas”

Si deseas compartirme tus experiencias o tienes alguna pregunta escríbeme al correo susanadg@aperturaintelectual.com y con gusto te responderé.  

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