Crimen sin cadáver

POR: THELMA MORALES GARCÍA

Más que la prodigiosa pluma de Federico García Lorca, el tema del misterio de su cadáver no encontrado sigue siendo noticia como si se tratara de un crimen actual sin resolver, la tragedia de su muerte atrae más que estudiar la obra de este magnífico escritor español.

Muchos hablan de sus escritores favoritos, ya sea por la temática que utilizan en su poesía o narrativa; en lo personal me gusta mucho la poesía de Federico García Lorca, considerado uno de los más importantes autores del siglo XX en lengua castellana. Me gusta porque sus poemas son muy musicales, al leerlos en voz alta podemos apreciar su influencia del flamenco o cante jondo, mis libros favoritos: «Romancero Gitano» y «Poeta en Nueva York». También su narrativa: «La casa de Bernarda Alba» y «Yerma».

Para algunos escritores dos pasiones se entrecruzan: las letras y la pintura; son considerados artistas de doble talento debido a la calidad de sus composiciones con la pluma y el pincel. Las obras son apreciadas porque proceden de un autor que quizá ha marcado la vida de sus lectores, y causa intriga conocer esa otra parte de su talento.

Federico García Lorca, cuando dibujaba se mostraba así mismo como un niño jugando a dibujar, pues sus dibujos son sencillos, pero nos impresionan al verlos, estudió en la Residencia de estudiantes donde tuvo como compañeros a Salvador Dalí, Luis Buñuel y Rafael Alberti este último poeta quien también pintaba.

Podría pensarse que Lorca pudo influenciarse de sus amigos por el gusto de la pintura, pero muchas veces él mismo apelaba a la pintura en un afán de alcanzar el clímax de su fuerza expresiva, que más tarde encontraremos en su propia obra poética. En varios de sus libros utilizó como portadas sus propios dibujos: «Bodas de sangre» y «La Casa de Bernarda Alba», son ejemplo de ello.

Los estudiosos afirman que nuestra escritura es un dibujo, en ella se retrata nuestra personalidad, de ahí que los grafólogos puedan describir la personalidad de un individuo al ver los trazos de su escritura y comentan que al dibujar se proyecta de forma inconsciente nuestra personalidad.

Alberti recordaría años después como le habían impresionado los dibujos de Lorca y sobre los que escribió: “Cuando cogía unos lapicillos de colores o la misma pluma con la que escribía sus poemas, seguía teniendo una frescura de fontana, una gracia como de juego en la calle, de sonrisa de patio, de gallo de veleta, de todo aquello que había visto —u oído— no sabía cuándo con los ojos de su niñez granadina: jarrones con peces y flores, vírgenes atravesadas por puñales, niñas en las ventas y azoteas, ángeles de las torres, manolas, arlequines, bandoleros y marinerillos ebrios y enamorados, todos los temas y figuras de su poesía lírica y dramática, hasta el momento del Romancero gitano, un año antes de irse a Nueva York, época en que cambia su estilo, contagiado sin duda por la atmósfera surrealista que ya se extendía por casi toda Europa.”

El 18 de agosto de 1936 en Fuente Vaqueros, Granada (España), recién iniciada la Guerra Civil, es ejecutado en uno de los barrancos de Víznar. Sus restos siguen sin aparecer después de 88 años, cada año por estas fechas muchas páginas se siguen escribiendo en torno a la búsqueda de sus restos y como en cualquier crimen sumario no se cerrará mientras no se encuentre el cadáver de la víctima.

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