
POR: THELMA MORALES GARCÍA
Hablar de los rebozos es remitirnos a toda una historia dentro de la vida de nuestro país, el rebozo simboliza el espíritu mexicano, pues con él se cubrían las mujeres para ir a la iglesia un domingo, para cargar a sus hijos, para visitar a sus muertos.
Tuve la fortuna de estar cerca del hijo de Gustavo G. Velázquez, quien me apoyó en muchas de las investigaciones en torno al arte popular y las artesanías de nuestra entidad, fue así como conocí el libro “El Rebozo en el Estado de México”, escrito en 1981 y cuya tercera edición se publicó en el año de 2010 en la Biblioteca Mexiquense del Bicentenario.
El libro inicia con un poema “Piropos al rebozo” de Gregorio de Gante: “porque si no tuviera /una águila en su escudo mi bandera, /como símbolo de la tierra mía, /y entre el verde y el rojo te vería /abrazando un sombrero galoneado.” Ciertamente el rebozo se porta especialmente en el mes de septiembre como símbolo de identidad en nuestro país, fundamentalmente las mujeres, aunque existen actualmente productos de innovación como: corbatas, zapatos, carteras y mancuernillas para hombre, elaborados con lienzos de rebozo.
De acuerdo a las investigaciones de Gustavo G. Velázquez, las mujeres indígenas utilizaban desde la época prehispánica el quesquémil, huipil y chincuete o enredo y una vez lograda la conquista las mujeres criollas utilizaban manto, mantilla o tocas. “El chal y la chalina, lo mismo que la mantilla o el manto, prendas usadas por las mujeres de las capas sociales mejor acomodadas de la población, no llegaron a ser de uso general, como lo fue el rebozo, el cual apareció primero como prenda usada por las mujeres mestizas y por las chinas, mujeres que venían, en muchas ocasiones, como esclavas en la nao de China. Hasta la primera mitad del siglo XVII, el rebozo aparece como prenda usada por las mujeres de las castas, excluyendo a las indígenas, quienes seguían usando su indumentaria tradicional.”
También nos dice que desde el siglo XVII en nuestro territorio –actual Estado de México–, algunas poblaciones se convirtieron en centros productores de rebozos que adquirieron gran fama como: Sultepec, Temascaltepec, Tenancingo, Toluca, Santiago Tianguistenco, la Villa del Valle de San Francisco Temascaltepec –actual Valle de Bravo–, Tenango del Valle, entre otros.
Pero en la actualidad es Tenancingo la capital del rebozo del Estado de México por la cantidad de diseños que tiene como: Venados, labor doble, media azteca; azteca entero, llovizna, labor fina, listados, reservistas, nuevos diseños. En puntas encontramos: punta combinada diseño tradicional y nuevos diseños; lisa o monocromática, cordón partido, multicolor, entorchadas con chaquira, con leyenda o personalizada, en pico o punta española, y con nudos alternado con petatillo. Elaborados en telar colonial o de pedal y telar de otate –los muy contados–, como los que elaboraba don Evaristo Borboa (1927-2020), Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Artes y Tradiciones Populares 2005.
Para quienes elaboran rebozos en la actualidad, don Fidencio Segura representó una figura en la historia de esta artesanía. Su vocación de rebocero se manifestó desde los ocho años quien aprendió de sus padres –también reboceros de Tenancingo– a elaborar las canillas y devanar el hilo para el rebozo, así como tejer en telar de pedales.
Gracias a la receta original heredada de sus padres y abuelos, Don Fidencio Segura realizó durante toda su vida “El rebozo luto de aroma” y “Arco de Aroma”, los cuales obtienen su color permanente en negro, resultado de la infusión de hierbas, flores, frutos de la zona de Tenancingo. En la actualidad el uso del Rebozo Luto de Aroma se ha restringido a la Procesión del Silencio en Semana Santa y en Sepelios en las comunidades del municipio de Tenancingo, sin embargo, muchos de los que sabemos todo el proceso para elaborarlo, no dudamos en obtener algunos de estos rebozos como parte de la preservación de una tradición familiar.
Al final de su vida recibió reconocimientos importantes, que le dieron gran entusiasmo para disfrutar un poco del arte heredado por sus padres. El número 90 de la revista Artes de México, aparece el artículo de Emma Yanes titulado “Aroma de luto” y la foto de don Fidencio trabajando en su telar; fueron un gran regalo para este extraordinario rebocero.
Hoy sus rebozos, que sin duda sirvieron de mortaja para varias generaciones en su natal pueblo de Tenancingo, serán su legado y podrán seguirse apreciando en alguno de los museos de nuestra entidad. O tal vez si algún día visitan el centro de Tenancingo, puedan encontrar a una mujer portando uno de sus característicos rebozos “Luto de aroma”.
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