Convento de San Jerónimo

POR: THELMA MORALES GARCÍA

Mi admiración sobre la vida y obra de Sor Juana Inés de la Cruz, me ha permitido ir descubriendo investigaciones sobre el entorno donde nació y el Convento al que ingresó en el que pasaría los últimos años de su vida.

Hace un par de años visité el Claustro de Sor Juana y encontré que habían habilitado una de las celdas en el gran claustro para conmemorar el 360 aniversario del natalicio de Sor Juana, para ello realizaron la recreación de dicha celda, ambientada para mostrar cómo vivió durante los últimos 26 años de su vida. Al entrar recordé lo que había leído en algún libro, sobre su vida conventual y cómo transcurre realizando labores propias de una monja, además de llevar la contabilidad. Entró al Convento para ser ella misma, tener la tranquilidad y libertad de poder escribir, estudiar y leer.

Las monjas de San Jerónimo tenían habitaciones de dos pisos, incluso eran atendidas por sus esclavas quienes a su vez tenían su propia habitación en el convento. Sor Juana tenía una esclava, obsequio de su madre.

Busqué información sobre cómo eran los conventos novohispanos y encontré una investigación de Cristina Ratto, quien obtuvo su doctorado en arquitectura con la tesis “El convento de San Jerónimo de la ciudad de México. Tipos arquitectónicos y espacios femeninos entre los siglos XVII y XVIII”, UNAM 2007. San Jerónimo fue el quinto convento de monjas que se estableció en la ciudad de México, se fundó entre 1584 y 1585, bajo el patronato de los Guevara Barrios, familiares de la primera esposa de Hernán Cortés. El convento fue fundado en una finca suburbana de dimensiones considerables ubicada sobre el extremo sur de la traza de la ciudad.

El convento, con las características novohispanas, surge como un lugar culturalmente asignado a una porción de mujeres hacia mediados del siglo XVI y prolongará su existencia con muy ligeros cambios, hasta mediados del siglo XIX, lo que permite la arqueología histórica, es contar con un testimonio físico de lo que sucedió durante un periodo de tiempo. El término celda, en relación con los conventos de clausura de vida particular, hace referencia a un tipo de estructura habitacional independiente.

La investigadora Ratto encontró en el Archivo General de la Nación “Dos documentos fechados en 1629 constituyen la evidencia más antigua que se conserva de la construcción de celdas en San Jerónimo, aunque es posible que ya existieran desde fines del siglo XVI. Asimismo, de las primeras décadas del siglo XVII datan también los registros más antiguos conservados de la adquisición de celdas en el convento de la Concepción. El primer documento de San Jerónimo corresponde a la compra de una celda y no ofrece mayores detalles. El segundo se refiere a la solicitud de una monja de edad madura que deseaba mudarse a las habitaciones de su sobrina –también monja profesa– quien seguramente se haría cargo de ella durante su vejez.”

Entre los años de 1976 y 1980 se realizaron exploraciones por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia y se localizaron 19 celdas del siglo XVII, durante las excavaciones se encontró que cada una contaba con tres cuartos que tenían poco más de 80 metros cuadrados, el número de monjas que habitaban en ese periodo era de entre setenta y ochenta, por esa razón aumentó el espacio para la construcción de celdas.

Para construir una celda o comprar una que había quedado libre, se requería el visto bueno de la comunidad y las autoridades eclesiásticas una vez autorizado, la familia de la interesada contrataba algún arquitecto para la realización de la celda y se implicaba a una instancia notarial, gracias a ello se cuenta con documentación histórica que comprueba el contrato de la obra o la compra.

Existe un plano arquitectónico de 1635, donde se muestra la distribución de la planta baja de una celda compuesta de dos cuartos y un corredor, donde en uno de los extremos se ubica una escalera, también se especifican las medidas que deberá tener cada espacio, aunque están en varas al hacer la conversión a metros el espacio contaba con 63 metros cuadrados, si pensamos en una casa de interés social de la actualidad algunas son de 75 metros cuadrados y otras hasta de 40 metros cuadrados, la comodidad en la época en que vivió ahí Sor Juana debió haber sido amplia para tener ahí su biblioteca, además de instrumentos musicales como un clavicordio.

Espero sus comentarios en el correo lamyfriend@aperturaintelectual.com

Sigue Apertura Intelectual en todas nuestras redes:

Te invitamos a que califiques esta información.

ENTRADAS RELACIONADAS

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.