Mujer cantar de fuego

POR: THELMA MORALES GARCÍA

Conmemorar el Día Internacional de la Mujer el pasado 8 de marzo, es como cada año hablar de las mujeres que han conseguido el éxito en sus carreras, encontrando espacios por los que aún hoy, siguen luchando.

Me parece muy importante hablar de una mujer que con sus canciones dio voz al pueblo, de aquellos que sufrieron injusticias y que sólo recibieron golpes o metralla, de los desposeídos de las décadas de los 60 y 70.

El canto revolucionario de Judith Reyes lo escuché por vez primera en los discos compactos que la Universidad Autónoma de Chapingo editó como homenaje a la propia Judith a finales de 1990. Oírlos, es aprender de la historia que muchos de nosotros no conocimos porque aun no nacíamos, y por supuesto algunos de estos hechos no aparecen en los libros de historia.

Judith Reyes nace un 22 de marzo de 1924, en Ciudad Madero, Tamaulipas; sus padres eran una familia muy modesta de campesinos, eso la llevó a sentirse orgullosa de provenir de un estrato social tan humilde, desde niña mostró su temperamento y la lucha por los más débiles, lo que le llevaría a defender las causas populares en el futuro.

En 1997 aparece un libro editado por la Universidad Autónoma de Chapingo “El corrido, presencia del juglar en la historia de México”, sólo encontramos a Judith Reyes en un apartado, escrito por su hijo Josué Alarcón, titulado “Judith Reyes, el corrido mexicano y la lucha del pueblo”. Donde por él nos enteramos que el objetivo de Judith era: “dignificar al corrido… sacándolo del alcoholismo y del machismo”; Carlos Montemayor lo diría de esta forma: “Para ella el corrido… es la conciencia social del pueblo que subyace bajo los afeites y decretos de la historia oficial”.

Me encontré un libro dedicado a Judith Reyes, “Cantar de fuego” escrito por Liliana García, con motivo del Centenario de nacimiento de Judith, en sus casi 180 páginas nos encontramos lo que Alberto Híjar dice sobre este ejemplar: “Judith Reyes pudo ser La Tamaulipeca, en la industria del espectáculo. Decidió, en cambio, hacer del corrido un instrumento de denuncia y crónica de las luchas populares.”

A los catorce años comenzó a cantar y a escribir sus propias canciones utilizando el sobrenombre de La Tamaulipeca; dándose a conocer entre artistas y cantantes de gran prestigio. Algunas de sus canciones fueron interpretadas por Jorge Negrete como “La parranda larga”; Tito Guizar con “Corazón burlado”; Rosa de Castilla con “Aborréceme si quieres” y la Torcacita con “El hombre que yo quiero”, entre otras. Pero es en 1953 cuando abandona la producción comercial y comienzan aparecer sus primeras composiciones sociales y su participación en la lucha social y política de las masas.

En esa época escribió no sólo corridos sobre la injusticia en México, sus composiciones se extendieron a América Latina, por ejemplo aquel corrido que hablaba sobre la lucha sandinista en Nicaragua: “Nicaragua, mi Nicaragua, / por Sandino llorando está / y la pena de Nicaragua a mi canto prendida va.” El corrido dedicado al guerrillero Che Guevara, o aquél escrito contra los gringos; “Yo soy el poder negro”, donde habla del racismo en Estados Unidos, entre otros. “El pueblo combativo siempre necesita al artista comprometido. Escogí mi destino, lo escogí hace treinta años”, nos decía Judith Reyes.

Después de la noche de Tlatelolco y derivado de las amenazas hacia ella y su familia, se exilia. Viajará a Europa, donde grabará algunos discos en Francia e Italia principalmente, sin embargo seguirá apoyando a movimientos guerrilleros de nuestro país como el de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, simultáneamente participaba con movimientos campesinos y urbanos. Durante años dedicó su vida a seguir en la resistencia y cantando para las nuevas generaciones en facultades y universidades públicas. Entre 1980 y 1988 Judith continúa apoyando a pueblos como el salvadoreño y peruano; al mismo tiempo colabora con organismos como: la Unión de Mujeres Mexicanas, Unión de Comuneros Emiliano Zapata, el Movimiento Urbano Popular y la Escuela Superior de Agricultura de Cd. Juárez Chihuahua.

Después de una vida dedicada a la música y a la defensa de las causas populares, su salud se deterioró por lo que tuvo que utilizar tanque de oxígeno derivado de la sinusitis que padecía; aún así continúo activa, escribiendo artículos, libros y componiendo canciones. Muere el 27 de diciembre de 1988, en el Campamento 2 de octubre, lugar donde vivía unida a la lucha de los colonos que se habían ubicado en terrenos de la Delegación Iztacalco en la ciudad de México. Hoy son pocas las personas que escuchan sus corridos, pero como decía de ella uno de sus grandes amigos Enrique Ballesté: “Pienso en Judith como alguien que existió y no ha muerto y así debe de estar, y es como un ave fénix que se levanta, se mueve, y allí está.”

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