
POR: THELMA MORALES GARCÍA
Federico García Lorca fue un hombre al que se le ha considerado hasta nuestros días, como uno de los más grandes poetas del siglo XX, que poseyó el don de las palabras y tuvo una arrolladora fuerza que hace a los grandes creadores prevalecer en el gusto popular, nació en Granada, España el 5 de junio de 1898. Era un poeta “tan apasionado que quiso luchar por la libertad en todos los frentes”.
Como no recordar el libro “Poeta en Nueva York”, ciudad en la que García Lorca vivió de 1929 a 1930 y donde trató de evocar una belleza pura, lejos de la industrialización, el capitalismo y el racismo que en ese entonces imperaba en Estados Unidos, en su Oda a Walt Witman: “porque la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.” Entre sus libros de poemas también se encuentra Romancero Gitano.
En sus memorias, su amigo el cineasta Luis Buñuel habla de los días en la Residencia de Estudiantes, donde lo conoció y lo recuerda como: “Brillante, simpático, con evidente propensión a la elegancia, la corbata impecable, la mirada oscura y brillante, Federico tenía un atractivo, un magnetismo al que nadie podía resistirse. Nuestra amistad, que fue profunda, data de nuestro primer encuentro. A pesar de que el contraste no podía ser mayor, entre el aragonés tosco y el andaluz refinado. Juntos, los dos solos o en compañía de otros, pasábamos horas inolvidables. Lorca me hizo descubrir la poesía, en especial la poesía española, que conocía admirablemente…”
Otro de sus compañeros en la Residencia fue José Bello (Pepín), cuando habla de la forma en que Lorca leía, de manera prodigiosa, pues se metía en cada uno de los papeles que quienes lo escuchaban sabía quienes eran los personajes de la novela en turno: “Se sentaba en la cama, abría el tomo de las comedias de Lope de Vega en la Biblioteca Rivadeneyra, y nos leía una comedia cada noche. Era un portento. Podían darte las tantas escuchándole. Yo no he leído por mi mismo ninguna comedia de Lope, todo lo que sé es de oír a Federico. Y me acuerdo de más de cien.” Hablar de sus obras de teatro, merece una colaboración especial, en lo personal me gusta mucho La Casa de Bernarda Alba, Yerma y Bodas de sangre.
Sobre su ritual para escribir, también lo recuerda en la habitación: “Dudaba, se ponía de pie, andaba de un lado para otro canturreando (como para aliviar la tensión de la escritura), daba media vuelta y volvía a la cama y a la manta, borraba… y así podía pasarse dos horas para cuatro versos. Era terriblemente laborioso escribiendo…”
El gran pintor Salvador Dalí, también habla de Lorca y la sorpresa que le causó al conocerlo: “…la personalidad de Federico García Lorca provocó en mí una tremenda impresión. El fenómeno poético en su totalidad y en carne viva surgió súbitamente en mí hecho carne y huesos, confuso, inyectado de sangre, viscoso y sublime, vibrando con un millar de fuegos de artificio y biología subterránea, como toda materia dotada de la originalidad de su propia forma.”
Lorca le confesaría a Gerardo Diego su opinión sobre la poesía: “Eso déjaselo a los críticos y profesores. No puedo hablar de mi poesía, y no porque sea inconsciente de lo que hago. Al contrario, si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios –o del demonio–, también lo es que lo soy por la gracia de la técnica y el esfuerzo, y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema.”
En 1999, editorial Planeta publicó una antología donde se encuentran los poemas: “Romance sonámbulo” (Verde que te quiero verde), “La casada infiel” (Y yo que me la llevé al río creyendo que era mozuela), “Si mis manos pudieran deshojar” (Yo pronuncio tu nombre en las noches oscuras). Un libro que no debe faltar en ninguna biblioteca personal.
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