
| 01 DE JULIO DE 2025 | Más de 54 lustros y… ¿contando? |
POR: VÍCTOR MANUEL REYES FERRIZ
Hace 274 años se publicaba en París, el primer tomo de lo que, para muchos expertos, es la verdadera primera edición de una enciclopedia en el mundo, es decir, apareció la “Encyclopedie ou dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers” (Enciclopedia o diccionario razonado de ciencias, artes y oficios) bajo la dirección de dos grandes pensadores y hombres de ciencia como lo fueron Denis Diderot y Jean le Rond D’Alembert.
No es para nada extraño que, este suceso se haya producido, y mucho menos en el momento histórico en el que se dio, es decir, una constante que nos ha restregado en la frente en todo momento la historia, es que el ser humano ha encontrado la manera “más adecuada” o al menos, la que “tenía a su alcance”, para dejar plasmado todo el conocimiento que había adquirido, ya sea por haberlo recibido de generaciones anteriores o bien, por ser producto de experimentar de manera personal o colectiva, por ello, no extraña que al haber existido este par de pensadores franceses durante la época de mayor esplendor intelectual que hemos vivido como humanidad, hayan buscado la manera de intentar aglutinar, ordenar o sistematizar el conocimiento universal que hasta aquel momento había sido comprobado científicamente; de hecho, cabe mencionar que nunca antes habían existido posturas tan diametralmente opuestas sobre una misma obra literaria ya que, recordemos que el periodo de la ilustración se enfocó fuertemente a terminar con ese oscurantismo religioso que todo atribuía a un ser supremo, por lo tanto, quienes pensaban y sobre todo actuaban y razonaban de manera diferente, no debían contagiar de ese pensamiento al resto de la población porque el resultado sería fatídico para las empresas religiosas.
Si nos echamos un pequeño y rápido clavado en la historia, podremos fácilmente destacar que este trabajo no fue, pero para nada, el primero en su especie y tenemos que remontarnos al inicio de escritura, donde la civilización Sumeria, por allá del año 4000 antes de Cristo, o bien en el imperio egipcio, encontramos que fueron ellos los primeros que aprovechando que habían establecido un sistema uniforme de escritura, aunque precario pero universal al menos para sus propias comunidades, realizaron lo que conocemos como las “listas lexicales”, que no son otra cosa más que listados ordenados de manera alfabética sobre los diferentes temas del conocimiento y dentro de éstas, la más reconocida es la “Onomástica de Amenhotep” que fue realizada aproximadamente entre los años 1570 y 1293 antes de Cristo durante la existencia del denominado Antiguo Egipto. Más adelante, aproximadamente unos ocho siglos después, llegaría el gran pensador y filósofo helénico Platón para legarnos su obra “Timeo” en el que abordaba diversos temas de astronomía, cosmogonía, física e incluso medicina, y siguiendo este modelo, años más tarde se sumó Aristóteles, y otros años posteriores Posidonio, quienes dedicaron sus esfuerzos a intentar conjuntar todo el conocimiento de las grandes civilizaciones; empero, probablemente sería hasta la aparición del imperio romano, cuando la difusión de este tipo de ejercicios literarios viera sus mayores frutos, y es que, gracias a Marco Terencio Varrón y su dedicación a escribir en 41 libros su obra “Antiquitatum rerum humanarum et divinarum” (Antigüedades de lo divino y lo humano) se abordan los temas en 25 tomos los temas del hombre y en 16 los temas divinos explicados paso por paso; y cercano al año 80 de nuestra era, llegaría el escritor, historiador, naturalista, y político Cayo Plinio Segundo para entregarnos su obra “Naturalis historia” (Historia natural) que constaba de 37 libros.
Partiendo del término enciclopedia que proviene de la expresión griega “enkyklios paideia” que significa educación general, podríamos hablar que realmente éstos ejemplos podrían recibir sin problema alguno dicha denominación; sin embargo, el primer ejercicio que es reconocido como la creación de una enciclopedia se le atribuye al escritor, historiador y humanista alemán Johannes Aventinus quien intituló su trabajo como ”Encyclopedia orbisque doctrinarum, hoc est omnium artium, scientiarum, ipsius philosophiae index ac divisio” (Enciclopedia del círculo de las doctrinas, es decir, un índice y división de todas las artes, ciencias y la propia filosofía) en 1538, trabajo que fue publicado cuatro años posteriores a su muerte y donde se comenzó a conocer el término enciclopedia como un trabajo que contiene información detallada de diversos temas y áreas del conocimiento; así mismo, para el año de 1728 se publica el primer volumen de la “Cyclopædia: or, an Universal Dictionary of Arts and Sciences” (Cyclopedia o Diccionario Universal de las Artes y Ciencias) del editor, escritor y enciclopedista inglés Ephraim Chambers, de la cual, parte precisamente el trabajo de Diderot y D’Alembert para la enciclopedia predilecta de la ilustración.
Este trabajo cuenta con todas las aristas necesarias para ser considerado como “el santo grial” de las enciclopedias, y es que, comenzando por el periodo histórico en el que fue publicado, como ya lo comenté anteriormente, siguiendo porque logró reunir a grandes pensadores franceses de la época como fueron François-Marie Arouet, mejor conocido como Voltaire, Jean-Jacques Rousseau, Charles Louis de Secondat, señor de la Brède y barón de Montesquieu, Marie-Jean-Antoine Nicolas de Caritat, marqués de Condorcet, Anne Robert Jacques Turgot, barón de L’Aulne, Nicolas Masson de Morvilliers, Charles Pineau Duclos, François-Vincent Toussaint, entre muchos otros, y además personajes de otras latitudes de Europa como Paul Heinrich Dietrich von Holbach, Friedrich Melchior, barón von Grimm o Juan Antonio Pellicer, por mencionar algunos, de hecho, las aportaciones superaron los 150 colaboradores ya que fue una labor titánica porque, el primer folleto fue publicado en 1751 y el último en 1772, pero durante aquellos veintiún años, no solo tuvieron que sortear el asunto de aglutinar el conocimiento existente, sino fue necesario sobreponerse tanto a otros pensadores como Bayle, Locke y sobre todo las instituciones religiosas cristianas específicamente los jansenistas y jesuitas; empero, por si no fuera poco, la propia sociedad parisina, tanto aristócratas como burgueses no concebían que el conocimiento fuera para todos ya que, en aquella época, solamente tenían acceso a los libros unos cuantos; sin embargo, algunos personajes de la élite la recibieron muy bien y pagaron la suscripción mensual de los folletos, en los que al finalizar se contó con poco más de 72,000 artículos de diversos temas, de los cuales, Diderot fue autor de cerca de 6,000 de ellos; el trabajo final de la Enciclopedia constó de dos etapas, donde la primera fue de 28 volúmenes siendo 17 de artículos y 11 correspondieron a ilustraciones, y la segunda fueron 4 volúmenes de texto, 1 de ilustraciones y 2 de índices para un total de 35 volúmenes.
Durante estas dos décadas que fueron dedicadas al estudio, investigación y descripción del conocimiento, hubo periodos mucho más permisivos que otros por parte tanto de las autoridades francesas como de otros pensadores; sin embargo, existieron otros momentos donde especialmente el Consejo de Estado francés prohibió la impresión de la primera edición e incluso lo incluyó en el famoso pero nada agradable “Índice de libros prohibidos”; por su parte en España, este trabajo tuvo que enfrentar al Consejo de Castilla y por supuesto a la severa institución de la Inquisición; empero, probablemente el mayor reto se vislumbró desde el interior de este grupo de pensadores libres, porque si bien es cierto que su principal objetivo fue la democratización del conocimiento, la difusión general y colectiva de éste, también es cierto que el método para realizarlo, es decir, mediante una suscripción mensual, imposibilitó a la enorme mayoría en Europa, porque el costo era sumamente elevado para lo que podía costear un habitante común y corriente.
Hoy en día nos parece una idea poco afable, loable o incluso plausible; empero, recordemos que tan solo habían pasado tres siglos desde que la imprenta fue establecida y que de manera casi automática, las instituciones religiosas controlaban, junto con los monarcas, los textos que debían o no, ser impresos, adicionalmente al enorme esfuerzo que implicó enviar los artículos de una ciudad a otra e incluso de país a país; situación que nos genera risa probablemente porque con la aparición del internet, estas barreras no se conciben, transitamos en el tiempo y el espacio como si no existieran, empero, en el siglo XVIII todo era diferente, por lo que debemos reconocer que fue gracias a personajes de la talla de los aquí mencionados, que nuestras vidas cuentan no solo con información, sino con el reconocimiento por parte de los estados de libertades, derechos u obligaciones, ya que, entre los miles de artículos publicados, algunos fueron tan importantes que culminaron siendo partes de tratados como es el caso del artículo “Derecho Natural” que culminó siendo una base importantísima para lo que hoy conocemos como la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Finalmente, en este siglo XXI estamos vueltos locos y fascinados con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en nuestras vidas, la cual, reúne información de todo lo existente en internet, obviando desafortunadamente si la información es válida, certera y real, o bien, proviene de sitios de fake news, campañas propagandísticas, chismes o invenciones y, aun así, nos asombramos, pues bien, con mayor razón deberíamos sorprendernos de la capacidad que tuvieron estas enormes mentes, que hicieron lo mismo hace 300 años con las limitantes propias de la época, y que lograron tanto validar la información como difundirla, porque desafortunadamente hoy, el concepto Enciclopedia se ha ido quedando en el olvido.
DATO CULTURAL.
Un día como hoy en 1904 en St. Louis, Estados Unidos, se inaugura la III edición de los Juegos Olímpicos de la era moderna, la cual, logró reunir a 651 atletas de 12 diferentes países que compitieron 16 disciplinas. El ganador absoluto de la competencia fue Estados Unidos al obtener 79 medallas de oro, 83 de plata y 80 de bronce para un total de 242 preseas, seguido de Alemania que consiguió un total de 13 medallas; en 1944 en New Hampshire, Estados Unidos, se inaugura la Conferencia de Bretton Woods, la cual, se desarrolló durante los cruentos ataques de la Segunda Guerra Mundial y que tuvo como principal eje, el establecer un nuevo orden económico mundial al culminar la guerra. Es conocida oficialmente como la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas en la que participaron representantes de 44 países y donde el resultado fue la creación del Fondo Monetario Internacional, así como, el Banco Mundial; en 1968 en Londres, Moscú y Washington, Inglaterra, Rusia y Estados Unidos respectivamente, se firma por triplicado el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), mediante el cual, se buscaba que no se crearan nuevas armas nucleares en ningún país, facilitar el uso de la energía nuclear para fines pacíficos y fomentar el desarme nuclear. Su vigencia inició en 1970.
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