William Faulkner y el oficio de escribir

POR: THELMA MORALES GARCÍA

Hace dos años, el primero de octubre de 2023 en el periódico La Jornada apareció una de las pocas entrevistas que William Faulkner (1897-1962) aceptó, le fue solicitada por jóvenes estudiantes de un taller literario. Casi setenta años han pasado de aquella afortunada entrevista, pues a excepción de algunas cartas del novelista norteamericano, es lo único que se conoce de lo que opinaba sobre el oficio de escribir.

Actualmente Faulkner es reconocido por su novela “El ruido y la furia” escrita en 1929, se le considera una de las obras más importantes de la literatura moderna, la traducción al español “sonido y furia” fue errónea, ya que Faulkner tomó del verso de Macbeth “Ruido y furia” de Shakespeare y que habla de un discapacitado mental. En esta novela hace una crítica a la sociedad sureña de principios del siglo XX. A través de la mirada de los personajes Compson, nos sumerge en un mundo marcado por la decadencia, la hipocresía y la desintegración de los valores tradicionales.

Es una exploración conmovedora y profunda sobre el tema de la pérdida y la memoria. A través de su estilo narrativo único y su enfoque en personajes complejos y atormentados, Faulkner nos invita a reflexionar sobre cómo la pérdida y la memoria moldean nuestras vidas y nos enfrentan a la fragilidad de la existencia humana.

Sus obras influenciaron a lo que se conoció como el <<Boom>> latinoamericano: Gabriel García Márquez, Juan Rulfo, Mario Vargas Llosa, entre otros. En 1949 obtiene el Premio Nobel de Literatura, hasta entonces los norteamericanos lo habían olvidado, ya que consideraban que en su obras mostraban a una sociedad extinta y del pasado.

Casi setenta años han pasado de aquella afortunada entrevista, realizada en 1957 que fue traducida al español por John Coleman e inicia diciendo: “Lo que desee expresar y probablemente cualquier historia que no se pueda contar en una frase o al menos en un párrafo, no merece la pena escribirla. La revisión, el recorte… En mi caso, soy un flojo. No me gusta trabajar, así que realizo mentalmente todo el trabajo que me sea posible, reflexionándolo antes de emprender la ardua y odiosa labor de plasmarlo en papel.”

En una de las preguntas le refieren sobre el tiempo que invierte en escribir y nos dice: “Creo que el escritor nunca deja de trabajar. Lo hace todo el tiempo que permanece despierto. En mi caso…, pospongo la escritura tanto como sea posible, pero probablemente todo el tiempo que esté despierto pensaré en el material específico en el que me encuentro trabajando en ese momento, y me ocuparé de él sólo cuando tenga que hacerlo. Mi única regla es dejarlo cuando todavía está caliente. Nunca te des por vencido. Siempre déjalo cuando te vaya bien. Entonces será más fácil retomarlo.”

Cuando le preguntan sobre el estilo de su escritura, considera que él no lo desarrolló, sin embargo nos da una opinión muy franca: “Creo que el estilo es simplemente una de las herramientas del oficio. Que la historia que estás contando demanda su propia forma, ya que un estilo resulta bueno por ahora y después otro procedimiento es el adecuado para mañana. Y, al igual que el buen carpintero, uno debería ser capaz de imitar algunas cosas que ciertos hombres y mujeres han narrado mejor que otros, lo cual es una buena herramienta si intentas causar el mismo efecto que ese hombre o esa mujer. Pero el estilo es incidental, creo yo.”

Lo que más me sorprendió de la entrevista, fue lo que les contestó a los jóvenes interesados en aprender a escribir como él, y así les responde: “No creo que nadie pueda enseñar nada a nadie. Me parece que es algo que se aprende, y creo que el joven escritor que está poseído y desea aprender y tiene que escribir, aunque no sabe por qué, aprenderá de casi cualquier fuente que encuentre. Aprenderá de personas mayores que no son escritores, aprenderá también de escritores, pero lo aprenderá. No se le puede enseñar. Además, creo que el escritor que realmente quiere decir algo no tiene tiempo para que le enseñen. Está demasiado ocupado aprendiendo. Sabe lo que quiere.”

Ello me hizo recordar a Borges cuando dice que para ser escritor hay que ser ante todo un gran observador. La tradición literaria y las historias de otros es una forma de “observar” el mundo y la condición humana a través de la literatura. “Durante un tiempo pensé que lo que uno necesitaba para escribir era talento, pero ahora creo que posiblemente sea la paciencia para indagar e intentarlo e indagar e intentarlo de nuevo, después la frialdad para descartar lo que no es necesario o lo que es basura; pero, sobre todo, lo que necesitas es perspicacia, que es algo que surge después de escudriñar; pero no requieres de ningún ojo telescópico ni microscópico. Es la perspicacia, el deseo de observar por qué el hombre hace lo que hace”, nos dice Faulkner.

En otras de sus aseveraciones me hizo reflexionar sobre cuántos escritores aman su oficio, sin importarles si los leerán o si obtendrán algún premio o reconocimiento, lo hacen por placer; Faulkner nos dice que cuando publicó su primer libro, ya había descubierto que escribir era divertido: “Era lo que me gustaba, y desde entonces he seguido escribiendo y probablemente seguiré haciéndolo. Yo quería ser poeta, y ahora me considero un poeta fracasado, no como novelista, en absoluto, sino un poeta fracasado que tuvo que retomar lo mejor que podía hacer.”

“Al hablar sobre escribir desde el corazón, es que es el corazón el que desea ser mejor que el hombre, el que puede saber la distinción entre el bien y el mal, y es el corazón el que te hace querer ser mejor de lo que realmente eres. Eso es lo que quiero decir con escribir desde el corazón. Es el corazón el que te hace querer ser valiente cuando temes acobardarte, el que quiere que seas generoso y compasivo cuando crees que no lo serás. Creo que el intelecto podría decir: “Bueno, ¿qué es más provechoso, ser compasivo o ser perverso? ¿Qué es más rentable, ser valiente o no?” Pero el corazón siempre quiere ser mejor de lo que es el hombre.”

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