José Guadalupe Posada y la muerte

POR: THELMA MORALES GARCÍA

“El jolgorio empezó el día de su santo, el día de la Virgencita, el 12 de diciembre, cuando la ciudad, el país, el vecindario conmemoró la aparición del indio Juan Diego; siguieron las nueve jornadas de los Santos Peregrinos, continuó en la Nochebuena, la Navidad y celebró el fin del año 1912. Nacía uno nuevo, justo cuando la vida, su vida, se le apagaba.” Este fragmento pertenece a la crónica de la muerte de José Guadalupe Posada realizada por Agustín Sánchez González.

Tanto José Clemente Orozco como Diego Rivera serían grandes admiradores de la obra de Posada, pues en el caso de Orozco lo veía trabajar a través de la vidriera del taller por donde pasaba todos los días al ir a la escuela y casi siempre se detenía a contemplar al grabador algunos minutos, pues se cuenta que Posada trabajaba a la vista del público. Rivera también lo recuerda en su camino a la Academia de San Carlos. Pasados los años la figura de Posada quedaría plasmada en el Mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, pintado por Rivera en el salón comedor del Hotel del Prado en 1947 (actualmente el mural se encuentra a un lado de la Alameda de la ciudad de México).

José Guadalupe Posada nunca imaginó que sus caricaturas formarían parte fundamental de la historia del arte mexicano, así como más tarde su influencia sería decisiva en los muralistas y pintores de la época. Publicó sus primeras caricaturas en El Jicote en 1871, este periódico era el medio de difusión de las ideas liberales con una propuesta didáctica y cargada de moral que combatía la injusticia, la dictadura y los abusos de poder, además de otros temas, que para quienes veían sus caricaturas quedaban rápidamente conquistados.

En 1887 estableció su propio taller litográfico en la ciudad de México, en ese mismo año Posada comenzó su carrera, misma que le valió la aceptación y admiración del pueblo, por su sentido del humor y su propensión hacia lo dramático. Pero el auténtico reconocimiento a su obra fue hasta 1923, diez años después de su muerte, que el francés Jean Charlot lo descubrió en su verdadera dimensión. Gracias a él, la presencia de Posada influyó en la obra de José Clemente Orozco, Diego Rivera, Gabriel Fernández Ledesma, Leopoldo Méndez, Pablo O’Higgins y Alfredo Zalce, además del Taller de la Gráfica Popular, entre tantos otros.

Trabajó en publicaciones como La Patria Ilustrada y la Revista de México, de Ireneo Paz (abuelo de Octavio Paz); La Gaceta Callejera, de Antonio Vanegas Arroyo; el Fandango y La Matraca del Fandango; y en el Gil Blas y El Popular, de Francisco Montes de Oca, entre otras, que aumentaron su prestigio como artista. A pesar de tener escasa formación académica, en su producción se aprecia la influencia de José María Villasana –quien estimuló su talento–, Daniel Cabrera Infante, Eugenio Olvera Medina y Jesús Martínez Carrión.

En la obra de José Guadalupe Posada no sólo encontramos temas políticos, también recreó con ingenio corridas de toros; juegos de salón; silabarios; cancioneros; novenarios; estampería religiosa y patriótica; cuentos infantiles; carteles de toros, teatro y circo; naipes; planos y anuncios comerciales. Su obra más reconocida es La Calavera Garbancera, actualmente La Catrina (nombre dado por Diego Rivera). Entre sus personajes se encuentran: el Padre Cobos, Don Chepito Marihuano, Doña Caralampia Mondongo y sus calaveritas, la primera de las cuales realizó en 1889, tradición que continuó hasta 1913 en que hizo la última, personificándola en la imagen de Francisco I. Madero.

Carlos Monsiváis describiría en un catálogo de la exposición Posada y la prensa ilustrada: signos de modernización y resistencias lo siguiente: “En planchas de metal, planchas de madera o en piedras tipográficas, entre cambios técnicos de litografía o grabado de madera o metal, Posada, sin aspiraciones didácticas, se dirige a un público, básicamente iletrado, que antes de él existía de modo distinto y cuyas nociones de realidad o irrealidad se afinan en la contemplación de sus grabados.”

En la crónica sobre la muerte de Posada, Agustín Sánchez nos dice: “El otrora hombre regordete, ahora de cuerpo flácido y demacrado, parece mirar bailar a las calaveras que dibujó hace muchos años, a los diablitos sonrientes, complacidos por sus travesuras, felices porque recibirán muy pronto a un huésped de lujo, su retratista favorito: Don Lupe”. Posada falleció una mañana fría de domingo, era el 20 de enero de 1913. Aquel genial grabador mexicano iba a terminar sus días en la más completa pobreza, pero su obra gráfica donde plasmó la vida del pueblo y su época, lograron sobrevivir hasta nuestros días.

Espero sus comentarios en el correo lamyfriend@aperturaintelectual.com

Sígueme en mis redes:

Sigue Apertura Intelectual en todas nuestras redes:

Te invitamos a que califiques esta información.

ENTRADAS RELACIONADAS

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.