
POR: THELMA MORALES GARCÍA
Tengo la fortuna de haber conocido al poeta Alí Chumacero (1918-2010), quien me acercó a muchos escritores que en su momento desconocía, uno de ellos fue Agustín Yáñez (1904-1980) considerado uno de los precursores de la novela mexicana moderna; también me comentó sobre un asunto familiar, pues este escritor jalisciense también era su consuegro (el hijo de Agustín Yáñez se casó con la hija del maestro Alí).
Recuerdo que en alguna ocasión hablando del tema de la Revolución Mexicana, me comentó sobre la novela “Al Filo del agua” publicada en 1947, la cual leí y me acercó mucho a lo que era la vida en un tiempo que forma parte de la historia de nuestro país.
De acuerdo con el historiador Mauricio Molina, en la novela revolucionaria existen dos principios, el primero es el mítico en el que se encuentran títulos como: “Los de Abajo” de Mariano Azuela y “La sombra del caudillo” de Martín Luis Guzmán y el segundo principio es el imaginario, donde aparecen novelas como: “Pedro Páramo” de Juan Rulfo y “Al Filo del agua” de Agustín Yáñez.
El título es una expresión de los pobladores del estado de Jalisco, con la que se refieren a un suceso importante; simboliza la tensión de lo que vendrá antes de que comience una tormenta, dicha expresión es utilizada por Yáñez para recrear los momentos –de quietud aparente– que se vivían poco antes del estallido de la Revolución Mexicana.
“Sus páginas no tienen argumento previo; se trata de vidas —canicas las llama uno de los protagonistas— que ruedan, que son dejadas rodar en estrecho límite de tiempo y espacio, en un lugar de Arzobispado, cuyo nombre no importa recordar.”
Su novela nos retrata esa vida de la gente del campo y su cotidianidad en la comunidad: “Entre mujeres enlutadas pasa la vida. Llega la muerte. O el amor. El amor, que es la más extraña, la más extrema forma de morir; la más peligrosa y temida forma de vivir el morir.” “El pan es muy bueno; su olor sahúma las tardes.”
Una vida “tranquila” (se respira una tranquilidad que pareciera anunciar el caos), “…le daría pena que cumpliese su promesa de venir a este pueblo tan arrumbado, tan triste, tan falto de comodidades y diversiones; peor que convento, como camposanto.”
Hay frases en el libro que me parecen magníficas: “…Inexorable tañe la campana del alba. Inexorables despiertan las voces de los vecinos. Inexorable vuelve la rutina del día, sobre el pueblo.” “…Casas de las que no escapan rumores, risas, gritos, llantos; pero a lo alto, la fragancia de finos leños consumidos en hornos y cocinas, envuelta para regalo del cielo con telas de humo.”
En momentos las escenas nos transmiten una desolación que nos conmueve: “…Algún armario. Ropas colgadas, como ahorcados fantasmas.” “Saltan los deseos de la luz a la sombra, de la sombra a la luz, y en vano los miedos repiten el salto.”
Un libro fundamental para nuestra biblioteca, su escritura profunda y reflexiva los atrapará. Agustín Yáñez falleció en la ciudad de México el 17 de enero de 1980, sus restos se encuentran en la Rotonda de las personas Ilustres de México.
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