Donde el mundo se llena de pirámides

10 DE MARZO DE 2026 Donde el mundo se llena de pirámides

POR: VÍCTOR MANUEL REYES FERRIZ

Cuando pensamos en pirámides, la imagen parece inevitable: arena, horizonte desértico y la silueta triangular recortándose contra el sol africano. Egipto se asoma casi de forma automática a nuestra memoria colectiva; empero, la historia —esa disciplina que rara vez se conforma con los lugares comunes— nos obliga a detenernos y revisar con calma los datos, porque si hablamos estrictamente de pirámides, funerarias o basamentos ceremoniales construidos en la antigüedad, el país que hoy concentra el mayor número no es el milenario Egipto, sino Sudán.

En el territorio que actualmente ocupa la República de Sudán, particularmente en el estado de Río Nilo, se localiza la antigua ciudad de Meroe, hoy dentro del distrito de Shendi. Allí, entre dunas y planicies áridas, se levantan más de doscientas pirámides pertenecientes al Reino de Kush, estructuras que en su mayoría sirvieron como tumbas reales durante el periodo meroítico, aproximadamente entre el siglo III a.C. y el siglo IV de nuestra era, no se trata de monumentos aislados, sino de verdaderas necrópolis organizadas que rivalizan en número con cualquier complejo egipcio. Las pirámides de Meroe son más esbeltas y empinadas que las de Guiza; su base es menor, pero su densidad arquitectónica es impactante, y no es el único conjunto.

Al-Kurru, ubicado también en el actual estado de Río Nilo, cerca de la moderna ciudad de Karima, fue uno de los primeros cementerios reales del Reino de Kush durante el periodo napata, ahí fueron enterrados algunos de los monarcas que, siglos después, extenderían su dominio hacia el norte. Jebel Barkal, por su parte, se encuentra en el actual estado del Norte, igualmente cercano a Karima, ese macizo rocoso fue considerado sagrado tanto por egipcios como por kushitas, pues simbolizaba la morada del dios Amón, el cual, no era simplemente un accidente geográfico: era un centro religioso y político que legitimaba a los reyes.

La rivalidad entre Kush y Egipto no fue anecdótica, de hecho, durante el siglo VIII a.C., los reyes kushitas avanzaron hacia el norte y conquistaron Egipto, instaurando la llamada Dinastía XXV. Piye, Shabaka y Taharqa gobernaron desde el delta del Nilo hasta Nubia, restaurando templos y tradiciones religiosas; empero, aquella expansión no quedaría sin respuesta ya que, en el siglo VII a.C., el Imperio Asirio intervino en Egipto, expulsó a los kushitas y forzó su repliegue hacia el sur; más adelante, ya en época ptolemaica, también se registraron enfrentamientos fronterizos por el control de rutas comerciales del Nilo, con lo que la historia nos refriega en la cara que esta relación no fue de subordinación simple, sino de alternancia y tensión geopolítica.

Después de Sudán, Egipto ocupa el segundo lugar en número de pirámides antiguas, con más de un centenar documentadas, donde las más emblemáticas siguen siendo las de Guiza, en la demarcación actual de Guiza, a pocos kilómetros de El Cairo. La Gran Pirámide de Keops fue durante casi cuatro milenios la estructura más alta construida por el ser humano. En Saqqara, dentro de la gobernación de Guiza, se erige la pirámide escalonada de Zoser, diseñada por Imhotep en el siglo XXVII a.C., considerada el primer gran monumento en piedra de la humanidad; y en Dahshur, también en la misma región administrativa, la Pirámide Roja y la Pirámide Acodada muestran la transición técnica hacia la perfección geométrica.

Egipto impresiona por dimensiones; Sudán, por número; empero, cuando cruzamos el Atlántico y dirigimos la mirada hacia Mesoamérica, la conversación cambia de escala y de significado. México ocupa el tercer lugar en número de pirámides precolombinas y basamentos ceremoniales documentados, distribuidos en las 194 zonas arqueológicas abiertas al público, según datos del propio Instituto Nacional de Antropología e Historia; sin embargo, a diferencia de las pirámides funerarias egipcias o kushitas, muchas de las mesoamericanas fueron plataformas rituales sobre las cuales se erigían templos dedicados a deidades específicas, vinculadas al calendario solar, agrícola y astronómico.

Teotihuacán, en el Estado de México, dentro del municipio de San Juan Teotihuacán, alberga la Pirámide del Sol y la Pirámide de la Luna, dos de las estructuras más monumentales del continente americano, donde cada equinoccio de primavera, desde finales del siglo XX, miles de personas —en ocasiones más de cien mil en un solo día— acuden vestidas de blanco para “recargarse de energía”. El ritual contemporáneo no tiene raíces directas prehispánicas; empero, se ha consolidado como una práctica simbólica que mezcla turismo, espiritualidad y reinterpretación cultural.

Chichén Itzá, ubicada en el municipio de Tinum, estado de Yucatán, ofrece quizá el fenómeno equinoccial más documentado: el descenso aparente de la serpiente luminosa sobre la escalinata norte de la pirámide de Kukulkán; por su parte, Palenque, en el municipio de Palenque, Chiapas, resguarda la pirámide funeraria del gobernante Pakal, cuya tumba fue hallada en 1952, y qe decir tanto de El Tajín, localizada en el municipio de Papantla, Veracruz, así como de Cholula, en el estado de Puebla, que en conjunto completan una red monumental donde el calendario y el poder se fundían en piedra.

Guatemala aparece en cuarto lugar, con Tikal, en el departamento de Petén, como uno de los complejos mayas más imponentes, recordando que sus templos piramidales emergen por encima de la selva como si la arquitectura disputara altura con los árboles milenarios. Perú, finalmente, con la Ciudad Sagrada de Caral en la provincia de Barranca, región Lima, demuestra que la tradición piramidal en América del Sur es milenaria, anterior incluso a muchas culturas mesoamericanas.

Regresemos un instante a México, y considerando las 194 zonas arqueológicas abiertas al público según el INAH, existen sitios menos concurridos que, durante el equinoccio, ofrecen una experiencia más íntima y auténtica, como lo son los sitios de Cacaxtla-Xochitécatl, en el estado de Tlaxcala; Dzibilchaltún, en el municipio de Mérida, Yucatán; y Cantona, en el estado de Puebla, que representan opciones donde la arquitectura dialoga con el paisaje sin la multitud abrumadora de los grandes centros.

Quizá la reflexión final no deba girar únicamente en torno a cifras, porque si algo revela este recorrido es que, la pirámide no pertenece a una sola civilización ni a un único imaginario nacional, es una respuesta arquitectónica recurrente al deseo humano de elevarse, de conectar cielo y tierra, de perpetuar memoria y poder, hoy las visitamos con cámaras digitales y teléfonos inteligentes; empero, fueron concebidas para dialogar con el cosmos, con la muerte y con la eternidad.

Donde el mundo se llena de pirámides no es únicamente un territorio geográfico; es un mapa mental que desmonta simplificaciones. Egipto deslumbra, Sudán sorprende, México multiplica significados, Guatemala eleva templos en la selva y Perú nos recuerda que América también escribió capítulos tempranos de monumentalidad, y quizás, solo quizás, ahí radique la lección más pertinente para nuestro tiempo: la historia rara vez cabe en una sola imagen icónica, basta mirar con atención para descubrir que el mundo —literalmente— está lleno de pirámides.

Ahora bien, más allá de cifras, dimensiones y listados comparativos, surge una inquietud que difícilmente podremos responder con absoluta certeza: ¿te has preguntado alguna vez qué importancia real le daban los pobladores de la época a estas estructuras majestuosas? Para nosotros son patrimonio, destino turístico, escenario fotográfico o punto de encuentro espiritual; para ellos, probablemente fueron eje político, calendario vivo, tumba sagrada o manifestación tangible del orden del universo; tal vez representaban la estabilidad del mundo conocido, tal vez eran la frontera simbólica entre lo humano y lo divino, tal vez eran, simplemente, la prueba visible de que el poder podía esculpirse en piedra.

Finalmente, nunca sabremos con total exactitud qué sentía un habitante de Meroe al contemplar las agujas funerarias de sus reyes, qué pensaba un egipcio al ver elevarse la mole perfecta de Guiza, o qué significado íntimo otorgaba un maya al ascender los peldaños durante un ritual astronómico; empero, la verdadera pregunta no está enterrada en la arena ni oculta bajo la selva: pero lo importante aquí es… ¿tú qué piensas?

DATO CULTURAL.

Un día como hoy en en 1535 en el océano Pacífico, gracias a corrientes marinas que desviaron a la nave marítima que trasladaba a Lima al entonces obispo de Panamá, Fray Tomás de Berlanga, es descubierto el “Archipiélago de Colón” que pronto será renombrado como las Islas Galápagos, en referencia a las especies insólitas de reptiles que la habitan; en 1876 en Boston, Estados Unidos, el catedrático, empresario, físico, ingeniero e inventor británico Alexander Graham Bell, realiza la primera llamada telefónica de la historia a su asistente Thomas Augustus Watson que se encontraba situado en una habitación contigua de la misma casa, emitiendo el mensaje «Mr. Watson – Come here – I want to see you» («Sr. Watson – Venga – Quiero verlo»); en 1976 fallecía en la CDMX, México, el académico, catedrático, diplomático, economista, escritor, historiador, sociólogo Daniel Cosío Villegas, quien fue fundador del Fondo de Cultura Económica y del Colegio de México.

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