Jaime Sabines “Llorando la hermosa vida”

Por: Thelma Morales García

Aquél primero de marzo de 1996, recorté un pequeño anuncio de un periódico nacional, que en la página cultural refería “Al poeta más querido” y continuaba: “Desde hoy, homenaje nacional a Jaime Sabines” pues ese mes, el 25 para ser exactos cumplía 70 años de edad. En esos días Sabines recibiría la Medalla Conmemorativa de Bellas Artes, donde se recuerda al poeta chiapaneco en una de las lecturas de poesía más concurridas que se habían visto hasta ese momento. Carlos Monsiváis escribiría en torno a este recital un artículo que tituló “¡Sabines al poder!”.

Sorprendido por la respuesta del público, Monsiváis se enteró que los que ya no entraron a Bellas Artes, se encontraban en la explanada donde seguían el evento a través de una pantalla; ocuparon las más de seiscientas sillas y había poco más de mil personas de pie. Entonces escribió sobre lo que sucedió en el interior: “Los tres mil asistentes a Bellas Artes ven levantarse el telón de cristal del Palacio, y al alzarse el segundo telón el misterio de lo previsible acontece: allí está Jaime, en su silla de ruedas, antecedido por un escritorio y rodeado por dos columnas de mármol rematadas por tributos florales. El aplauso es largo, conmovedor. No sin dificultades el poeta se reincorpora, y al cabo de los minutos, con voz entrecortada, asegura: <<estos son aplausos que lo lastiman a uno…>>”

Considerado un poeta popular sin disminuir sus méritos, es uno de los poetas más leídos y reconocidos en nuestro país, pues ya en ese momento el propio Carlos Monsiváis reconocía que si la poesía convocaba multitudes no todo estaba perdido, aunque en realidad el que convocaba esas multitudes era Jaime Sabines el poeta más querido de finales del siglo XX.

Para Sabines la escritura era más un testimonio de lo que pasaba, nunca un acto premeditado, acontecimientos humanos que se encuentran en todos los lados como: la calle, la escuela, el parque, el burdel, el hospital, el cine, la habitación, donde la vida ocurre al igual que la poesía, impúdicamente, sorpresivamente, a todas horas; el poeta cubano Fernández Retamar lo bautizó como el “Francotirador de las letras”, porque todo el mundo entiende su poesía, pues la hace parecer tan fácil y dice cosas tan ciertas, pero que nosotros no podemos decirlas tan exactas como él.

Uno de sus poemas más conocidos es “Los amorosos” que aquél 30 de marzo de 1996, provocó ante los asistentes ovaciones al ser recitado por su propio autor. “Algo sobre la muerte del mayor Sabines”, en una entrevista realizada por Cristina Pacheco, diría que la muerte era un tema que le conmovía ya que amaba mucho a su padre. En su poesía también nos habla  sobre la vida en general, es por eso que ha sido considerado el poeta de lo cotidiano, y por lo tanto la gente común se identifica con él, ya que lo entendemos y su poesía es tan digerible para todos.

En el libro “Llorando la hermosa vida Jaime Sabines Homenaje” de Natalia Gil, publicado por Sanborns Hermanos en 2006, que incluye dos DVD, encontramos textos de varios de sus amigos que escriben sobre anécdotas y recuerdo de Sabines como: Homero Aridjis, Carlos Monsiváis, Ángeles Mastreta, Germán Dehesa, entre otros. También algunos de sus poemas más conocidos como: Los amorosos, Yo no lo sé de cierto, Horal, Te quiero a las diez de la mañana, No es que muera de amor, Espero curarme de ti, Cuando tengas ganas de morirte, Tía Chofi, Me encanta Dios. La idea original de este libro de Javier Moreno Valle y Ciro Gómez Leyva.

Las palabras de Germán Dehesa son más presentes para quienes seguimos extrañando la voz y la poesía de Jaime Sabines: “Te extrañamos tanto, Jaime, haces falta. Desde que te fuiste, las mujeres de por aquí están francamente disminuidas sin la luz que tú arrojabas sobre ellas… Y si tu ausencia ha disminuido a las mujeres, ya te imaginarás que los hombres somos ahora casi polvo y casi nada.”

Para definir a un buen poeta, Sabines opinaba que la última palabra la tenía el tiempo y tuvo razón porque sigue su poesía siendo un referente para las nuevas generaciones. “Su poesía es un mantra de alivio que ha de regresarnos a los que hemos perdido en el camino a la modernidad: el alma”. Jaime Sabines fallecería de cáncer el 19 de marzo de 1999 en la ciudad de México, a los 72 años.

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