Dolores Castro

Por: Thelma Morales García

Dolores Castro vivió toda su vida dedicada a literatura, admirada escritora y maestra entrañable, destacaban su sencillez y dulzura, además de ser una extraordinaria poeta mexicana.

La conocí gracias a los encuentros de poetas que se organizan en el Estado de México en el mes de abril de cada año. Nuestras reuniones con ella y otros grandes poetas, eran únicas, recuerdo varias comidas en el restaurante El Cañón del Yukón (que ya no existe y se encontraba camino a Valle de Bravo) con Alí Chumacero, Guillermo Fernández, Otto-Raúl González y en el Alfredo’s en la colonia Roma en ciudad de México también acompañadas por Haydeé Maldonado, Thelma Nava y varios escritores del Estado de México.

De su trayectoria de más de 70 años, destacan sus poemarios: El corazón transfigurado (1949); La tierra está sonando (1959); Soles (1977); Las palabras (1990); Tornasol (1997); Oleajes (2003), así como sus novelas La ciudad y el viento; Qué es lo vivido; y No es el amor el vuelo. Recibió reconocimientos como: el Premio Nacional de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz; Premio Nacional de Poesía, Mazatlán, 1980; Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde 2013 y en el 2014 el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Lingüística y Literatura.

El pasado 30 de marzo, se cumplieron cuatro años de su fallecimiento y por ello quiero compartir uno de sus libros con el que obtuvo la “Presea Nacional José Emilio Pacheco 2016 por Trayectoria Literaria”, convocada por el Ayuntamiento de Tlalnepantla, a través de su Instituto de la Cultura y las Artes, reconocimiento que recibió a fines del mes de noviembre de 2016 en una ceremonia realizada en la ex Hacienda de Santa Mónica, espacio perfecto para premiar a una de las joyas literarias con que cuenta nuestro país.

“El huésped” es resultado de aquél premio y es su hijo Gustavo Peñalosa Castro quien prologa este libro, escribiendo una excelente disertación sobre la poesía de Dolores Castro al cumplir sus noventa años, y donde nos revela que el poema escrito en 1949 “El corazón transfigurado”, donde su mamá le comentó y cita sus propias palabras: “Quizá en ese poema está cuanto he querido decir en mi obra posterior”; a mí me parece importante mencionar que el reflejo de su infancia permanece en muchos de sus versos, como este ejemplo: “El tiempo niño de la voz de vuelo/ tomó mi cuerpo, trompo de ceniza,/ sobre sus muslos, ríos escapándose/ junto a mí fe burlada./ Más allá de la duda,/ quedó mi corazón en voz de queda/ afianzado en el aíre, sordo y mudo,/ con sordera de mar que apenas grita,/ con sordera/ de fugaz condición perecedera,/ sonidos deslenguados/ que le han dado a mi cuerpo/ el visionario amor y la ternura ciega/ del tiempo niño del afán que rueda.”

Dolores Castro junto con su gran amiga Rosario Castellanos, lograron abrir el camino de la poesía femenina en nuestro país a través de su vocación por la poesía, además de disciplina y constancia, pues sólo con revisar su trayectoria uno queda sorprendido por la cantidad de cosas que realizó a lo largo de su vida.

En alguna entrevista que le hicieron hace algunos años, comentó que su maternidad (tuvo cinco varones y tres hijas) no le impidió desarrollar su pasión por las letras, al contrario, esto le ayudó a tomar con más detalle cada una de las situaciones que acompañaban sus poemas; también recordaba permanentemente con gran cariño a su esposo Javier Peñalosa (1921-1977) y a quien dedica una Elegía, la cual encontramos en este libro: “Yo lo creía de luz/ era de cera/ ¡Ah pero ardía!/ Ningún golpe de viento lo apagaba:/ para apagarlo sólo el mar/ sólo el mar.”

La selección que integra ésta antología fue realizada por la propia Dolores Castro. El título del libro “El huésped”, está conformado por 23 poemas con los que se concluye el libro, ese huésped es la creatividad, la inspiración, también los sueños, a veces la atrapa la desesperanza y aparece en sus versos: “Toqué en todas las puertas/ nadie abría/ en tierra ajena/ desperté/ sin esperanza/ aquí allá/ en éste/ en el país aquel/ ya no tengo cabida/ la perdí en mi país./ En cualquier parte/ puertas cerradas.”

Cada experiencia de vida nuestra poeta lo traduce en versos, ese lugar semidesértico aparece en Sequía: “En espera, tendida como yerba/ que apresura su flor en la sequía,/ oigo el viento quebrado,/ el espiral, la seña./ Quiero decir ahora,/ que yo amo la vida:/ que si me voy sin flor,/ que si no he dado fruto en la sequía,/ no es por falta de amor./ Quiero decir que he amado/ los días de sol, las noches,/ los árboles, el viento, la llovizna.”

“El huésped” fue coeditado por el Ayuntamiento de Tlalnepantla y el Gobierno del Estado de México en el año de 2018. Siempre admirada y muy querida maestra Dolores Castro, sigue presente a través de sus letras.

*aquí puedes leer «El Huésped»

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