En recuerdo del poeta Arturo González Cosío

POR: THELMA MORALES GARCÍA

Arturo González Cosío, fue un hombre culto, sensible, amigo y gran maestro, recibió en 1984 el Premio Xavier Villaurrutia por El pequeño bestiario ilustrado. Lo conocí gracias a su alumno Francisco Javier Estrada, quien había cursado varias materias sobre política en el Centro de Capacitación Política. Me revisó mi tesis de licenciatura y sólo me hizo dos correcciones. Desde que lo conocí, nos habló del grupo que fundó a principios de la década de los cincuenta del siglo XX, con sus amigos de la adolescencia: Enrique González Rojo Arthur, Eduardo Lizalde, David Orozco Romo y Marco Antonio Montes de Oca.

Durante su vida publicó varios poemarios, en especial de haikú, al que consideraba poesía del instante que recoge las sensaciones inmediatas, subraya lo efímero y enaltece lo espontáneo, siempre vinculado a la naturaleza y amante de la misma; admirador de la cultura oriental, precisamente su esposa Berenice Montes Ángeles, realizaba hermosas composiciones de flores conocida como Ikebana, que es el arte japonés de crear esculturas con flores, era en ese entonces Presidenta de Ikebana Internacional e impartía clases de este arte. Al maestro Arturo, le fascinaban las flores, así es que nunca faltaron en su entorno.

Recuerdo las comidas en su casa, misma que se encontraba cerca del parque México en la colonia Condesa de la ciudad de México, cuando llegaba el postre, me consentía con unas galletas de nuez que vendían casi enfrente de su casa en una pastelería francesa. Nuestras pláticas fundamentalmente eran sobre política, filosofía, poesía y el ajedrez, una de sus grandes pasiones. Anécdotas con él, son muchas, pues conoció a personajes de nuestra historia mexiquense como Adolfo López Mateos –fue miembro de su equipo más cercano cuando era Presidente de México– y de don Isidro Fabela al que visitaba frecuentemente en sus últimos años de vida.

Entrar a su biblioteca era un gozo, sus libros perfectamente ordenados y en las paredes se encontraban algunas fotografías, en una de las cuales se le veía hasta adelante de un contingente, cuando acompañó a Fernando Solana en la marcha para desagraviar la presencia de fuerzas policiacas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1968, en esa época era alumno de la Facultad de Derecho. También había algunas pinturas de artistas conocidos, como José Luis Cuevas.

Nació en la Ciudad de México el 3 de marzo de 1930; por ello en 2010 el día de su cumpleaños y en conmemoración de sus ochenta años, se le realizó un homenaje en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, donde los escritores Armando González, Verónica Volkow, Enrique González Rojo Arthur, Alicia Zendejas y Arturo Guzmán Romano hablaron sobre su obra. Ese día se dijo que su poesía está dentro de un rigor literario en un lenguaje en permanente rebeldía. Uno de sus haikus de extraordinaria belleza: “El caracol, minotauro liberado, conserva su laberinto”. Se le consideró como el “dueño del encanto de la brevedad”.

El 18 de septiembre de 2012, nos acompañó al Segundo Encuentro de Poetas en el Ocotal, Estado de México; durante tres días realizó lecturas de su poesía en el Teatro Juárez de El Oro, en el Centro Regional de Cultura de Atlacomulco, en el Teatro de San Felipe del Progreso y en el Centro Regional de Cultura de Acambay; recuerdos que quedarán en la memoria y en la de aquellos que tuvimos la fortuna de conocerlo y convivir con él. Murió en la ciudad de México el 17 de noviembre de 2016.

Espero sus comentarios en el correo lamyfriend@aperturaintelectual.com

Sigue Apertura Intelectual en todas nuestras redes:

Te invitamos a que califiques esta información.

ENTRADAS RELACIONADAS

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.