Diego el rojo

POR: THELMA MORALES GARCÍA

Es una novela a manera de biografía sobre la vida del famoso muralista hasta los años veinte, fue escrita por Guadalupe, su hija. En ella se entreteje la historia que la autora pudo armar por medio de cartas y anécdotas familiares, por ello resulta muy cercana a lo que en realidad sucedió con Diego María Rivera Barrientos desde su nacimiento el 8 de diciembre de 1886 en Guanajuato y cómo fue su despertar artístico –comenzó a pintar a los tres años– e ideológico, pues la influencia de su padre fue decisiva, hombre liberal, culto, ingeniero minero e inspector de educación primaria. Su carácter se fue forjando a pesar de la religiosidad de su madre y sus tías, quienes querían que Diego fuera sacerdote cuando creciera.

“Diego el Rojo”, narra también, la difícil vida que tuvieron que pasar por las ideas liberales de don Diego Rivera Acosta, quien era un abierto opositor de Porfirio Díaz y su familia junto con él tuvieron que salir de Guanajuato, porque se le acusaba de provocar la subversión de los mineros y campesinos con sus discursos socialistas y ser enemigo del clero. Así es como llegaron a la ciudad de México a vivir en una vecindad; ahí don Diego decide inscribir a su hijo en una escuela formal, pero liberal y laica, el Liceo Francés cumplía a la perfección con su ideología y era dirigida por Ernesto Ledoyen, quien dejaría una profunda huella en la educación de Diego Rivera.

Una vez instalada la familia en la casa de Puente de Alvarado, don Diego se irá en busca de fortuna a Pachuca en el mineral de Real del Monte, pero tardará años en regresar y sin dinero, encontrándose con la mirada recriminatoria de su esposa. En ausencia del padre, doña María Barrientos inscribe a su hijo en el Liceo Católico Hispano Mexicano, tratando de evitar que su hijo se volviera comunista con las enseñanzas del profesor Ledoyen, pero era demasiado tarde, para entonces Diego Rivera tiene mucho más claro lo que quiere ser: pintor.

Serán muchas experiencias en su infancia las que forjarán al pintor, mostrándonos cómo a los seis años se enfrenta a las contradicciones de la vida, en una visita que hace a la iglesia con una de sus tías, escucha a una mujer del pueblo pedirle a la Virgen algo de ropa y suficiente dinero para comprar masa para tortillas. Diego, conmovido por la pobreza de los indígenas, les señala lo absurdo de dirigir sus ruegos a una estatua de madera, causando el espanto de todos los presentes.

Sin duda la conciencia social de su padre –sus viajes con él a las minas y fábricas de todo el país– y su solidaridad con las causas del pueblo marcaron a Diego. Para Guadalupe Rivera la naturaleza y la crianza que tuvo su padre fueron fundamentales para su formación ideológica. El innegable talento artístico del joven Diego aunado a la conciencia política y social de su padre y a la insistencia de éste último en que su hijo recibiera una «verdadera» educación nutrida de experiencias vividas y no relatadas por libros displicentes y oficialistas, contribuyeron a la formación de un artista comprometido, un artista de su pueblo y del mundo.

Durante las vacaciones, el joven pintor de doce años paseaba por las calles aledañas a su casa, así descubre la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, donde nuevamente se relaciona con personas que están contra el gobierno, los anarcosindicalistas y socialistas.

En este libro también la autora, hace referencia a la ya famosa anécdota que se suscitó al momento en que Diego Rivera es nombrado junto con Roberto Montenegro merecedores del primer premio por ser los mejores alumnos de la Academia de Bellas Artes, a una beca anual que el gobierno daba a un solo alumno para estudiar en el extranjero pintura; como sólo había una beca, se determinó por parte de los ganadores que se jugara en un volado, mismo que perdió Rivera y que lamentó profundamente.

Su padre enterado de tal situación le pide que lo acompañe a Veracruz, pues lo envían del Consejo de Salud a entrevistarse con el gobernador Teodoro Dehesa, quien era un hombre culto y amante de las artes, al observar los dibujos de Diego, le concede una beca para que continúe sus estudios en Europa; viaja por España, Suiza, Italia, Francia, Bélgica, Holanda e Inglaterra.

Durante sus viajes Diego Rivera asiste a los museos, pero también no olvida nunca su ideología y en una conferencia realizada en la Universidad de Zurich conoce a Lenin, Rosa Luxenburgo y Kautsky, el encuentro con estos personajes será inolvidable durante toda su vida. Lo mismo le sucederá a su regreso a México cuando en plena revolución conoce a Emiliano Zapata.

Después de vivir momentos difíciles en Europa con la muerte de su hijo, decide abandonar a su esposa, la pintora Angelina Beloff y a su amante Marievna con quien procreará una hija –Marika–, Diego Rivera consigue dinero para regresar a México, con la promesa de que le mandará dinero a Angelina para que lo alcance –lo cual nunca hará–, el libro concluye en el año de 1921, cuando empieza a convertirse en el gran muralista de México.

 “Diego el Rojo”, es un libro ameno, fácil de leer y sobre todo es un testimonio que nos permite revivir a este extraordinario pintor en el México y la Europa de principios de siglo XX, lugares de triunfos y tropiezos del niño, del adolescente, del hombre, del amante y fundamentalmente del pintor revolucionario.

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