Salvador Novo

POR: THELMA MORALES GARCÍA

Hace poco más de dos décadas, vivía en nuestra ciudad de Toluca, un pintor chiapaneco; su nombre era Gonzalo Utrilla, tenía su taller en la colonia Independencia, en la calle de Dolores Hidalgo casi esquina con Ruta de la Independencia, ahí reconocí una fotografía donde aparecía un hombre muy alto con el cabello color zanahoria, era el gran escritor Salvador Novo, le pregunté al maestro Utrilla y me habló de él con mucha admiración, en la fotografía aparecía un joven Gonzalo junto al maestro.

A Salvador Novo se le considera como uno de los mejores cronistas del siglo XX, perteneciente al grupo conocido como los Contemporáneos y quien en sus últimos años de vida, a partir de 1965, año en el que fue designado como cronista de la ciudad de México, se dedicó a escribir aspectos históricos de su ciudad, cabe destacar que desde 1937, Novo publicó un registro semanal de su vida pero el interés de estas obras recae en que este registro cotidiano se encuentran hechos públicos y privados de México y de estas crónicas se encuentran recopiladas por José Emilio Pacheco en La vida en México, donde Novo habla de los periodos presidenciales de Lázaro Cárdenas, Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán.

De los Contemporáneos (Carlos Pellicer, Bernardo Ortiz de Montellano, Enrique González Rojo, José Gorostiza, Jaime Torres Bodet, Xavier Villaurrutia, Jorge Cuesta, Salvador Novo y Gilberto Owen), nos dice José Luis Martínez: “Todos pertenecían a familias de clase media. Con la excepción de Pellicer que era poco libresco, los demás Contemporáneos… leían el francés y el inglés e hicieron traducciones de escritores de esas lenguas. Villaurrutia, Novo y Lazo añadían autores italianos (Pirandello, Botempelli) entre sus aficiones. Hicieron Contemporáneos (1928-1931), una de las más notables revistas literarias de México.”

“Les interesó el teatro. Novo, Villaurrutia y Owen, en 1928, formaron una especie de compañía que llamaron Teatro de Ulises, para difundir la vanguardia teatral del mundo. Los patrocinó Antonieta Rivas Mercado con un local en la calle de Mesones en el que cabían cincuenta personas de público.”

Mi fascinación por la obra de Salvador Novo, inició por la poesía y después la crónica, en especial un libro que es uno de mis favoritos “Cocina Mexicana. Historia Gastronómica de la Ciudad de México” de editorial Porrúa, cuya primera edición se publicó en 1967; donde magistralmente nos narra la historia de los alimentos que se consumían desde la época prehispánica y como si se tratara de los tiempos de un menú; en el primer tiempo lo titula “Primer servicio. El México prehispánico”; después “Segundo servicio. El virreinato”; “Tercer servicio. El siglo de las luces”; “Los postres. Nuestra época”; “Carta de textos gastronómicos aludidos o considerados en la minuta” y finalmente “Sobremesa”.

Salvador Novo, consideraba que los recetarios ofrecían a los historiadores un material valiosísimo para su estudio. En este libro refiere que nosotros aportamos al mundo los siguientes alimentos: maíz, frijol, amaranto, chía, cacao y cacahuate; frutas y legumbres como: jitomates, chiles, calabazas, piña, papaya, chirimoya, guayaba, mamey, zapote (negro, blanco y amarillo), chicozapote, nuez, tejocotes, capulines, tunas, pitayas, aguacates, chayotes; raíces como: guacamote, yuca, camote, jícama y raíz de chayote; flores como: la principal y la vainilla.

Del mestizaje surgieron platillos considerados hoy en día, típicamente mexicanos: “No tendríamos quesadillas sin el queso de las vacas, el chocolate no se tomaría con leche y no tendríamos el arroz a la mexicana. Nuestra cocina mexicana, conserva sus bases prehispánicas sobre las cuales se seguirá reinventando la comida que nos da identidad.”

Sobre las tortas, Salvador Novo recupera una crónica de Artemio de Valle Arizpe (1888-1961), que me hizo recordar mi propia infancia, cuando saboreaba las deliciosas tortas de mole verde del Capri, que estaban ubicadas en el actual andador Constitución, frente a los Portales de Toluca y que ya no volveré a probar, pues el mole verde que preparaban ahí era sublime.

Salvador Novo fallece el 13 de enero de 1974, su legado son los libros que escribió y todas las aportaciones que hizo a la crónica actual.

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