Rulfo y el mundo indígena

POR: THELMA MORALES GARCÍA

El 21 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Lengua Materna, gracias a la UNESCO, quien proclamó esta fecha en el año de 1999 y en México se celebra desde el año 2000, realizado diversos esfuerzos para lograr que prevalezcan las lenguas indígenas de los pueblos originarios, a través de organizaciones no gubernamentales y gobiernos de todo el país.

De acuerdo a los datos del INEGI; en México cerca de 7 millones de personas hablan alguna de las 68 lenguas indígenas. Cabe señalar que en Oaxaca y Chiapas se concentra el mayor número de hablantes de lenguas maternas como: náhuatl, maya, mixteco, zapoteco, tzeltal, tzozil, otomí, totonaca, mazateco y chol.

Juan Rulfo (1917-1986) se inspiró en las comunidades indígenas para escribir sus obras más importantes. Su novela “Pedro Páramo”, publicada en 1955, está considerada como una de las novelas más importantes de la literatura universal. Rulfo también eligió como vocación de vida relacionarse con el mundo indígena de su tiempo, trabajó durante tres décadas en el Instituto Nacional Indigenista al que le dedicó gran parte de su vida, y con ello a los indígenas de nuestro país y sus padecimientos. En alguna entrevista que le realizaron, alguien le preguntó si él era pobre, a lo que contestó “No, pero sí sé lo que siente los pobres.”

Para quienes no han leído aún esta novela, es sin duda una lectura muy recomendable, no sólo por todo el simbolismo que nos transmite y que relacionamos en algunos casos con nuestras propias tradiciones y costumbres; muchos se identifican con alguno de los personajes y lo que viven y tal vez por esa identificación ha llegado a ser universal, siendo traducida a muchos idiomas.

Pero ¿qué experiencia nos deja al leer sus páginas? una enorme desolación, eso es en lo que muchos coincidimos, una soledad absoluta, pero también una relación afectiva con lo que en algún momento de nuestras vidas hemos escuchado de nuestros abuelos. Muchos estudiosos han analizado no sólo esta novela, sino el libro de cuentos “El llano en llamas”, y donde en algunas de las narraciones nos hablan de la pobreza que padecen los personajes de las historias.

Uno se pregunta ¿cuánto influyó en sus obras el haber conocido la pobreza de las etnias que habitan aún hoy en día en la frontera entre Jalisco y Colima? Porque si recordamos el caso de Manuel Gamio, quien en su infancia descubrirá a los indígenas nahuas de Puebla que trabajaban en el rancho propiedad de sus padres, y ello determinará su interés por conocer más de cerca a los indígenas de nuestro país y tomar como vocación de vida el ayudarlos en sus grandes necesidades y legítimas aspiraciones.

 “El Llano en llamas”, fue publicado por el Fondo de Cultura Económica en 1953 y aparece un cuento titulado “Luvina”. La antropóloga Patricia Cabrera del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, vivió un año en la localidad de San Juan Luvina, que está situado en el Municipio de San Pablo Macuiltianguis en el Estado de Oaxaca, y fue el lugar que sirvió para que Juan Rulfo escribiera su cuento; cuando la antropóloga preguntó a los lugareños cuál era el significado de Luvina, le dijeron que era “lugar de la miseria” y para Rulfo en su cuento nos dice que significa el lugar de la tristeza.

Hay que destacar que este lugar representa a muchos que existen en todo el país, pueblos donde la miseria y la desesperanza están siempre presentes y también pudo ser un antecedente para describir a Comala, lugar al que llega Juan Preciado buscando a su padre Pedro Páramo. El propio Rulfo dirá que la atmósfera de olvido y desilusión de su cuento “Luvina”, le dio la clave para escribir “Pedro Páramo”.

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