Por: Susana Dumit Garciarreal
No me lo tomen a mal pero el primer paso es dejar de romantizar la discapacidad, la discapacidad nos puede tocar a cualquiera, no soy la mejor guerrera de Dios; sin embargo, he tenido que aprender a ser fuerte como nunca lo imaginé, a valorar las cosas más simples de la vida, a ver los milagros cotidianos y entender la importancia de cuidarme a mi, ser una mejor persona y mamá para mis hijos.
Como sociedad ejercitar el músculo de la empatía y generosidad es esencial; las personas que prefieren no mirar para no incomodar a una mamá con un pequeño con discapacidad, no se imaginan lo mucho que ayudarían si tuvieran pequeñas acciones inmediatas, como abrir la puerta mientras pasa la silla de ruedas, si te ceden el paso en el supermercado o te dan un espacio para poder tomar asiento… si no sabes cómo acercarte, pregunta si requiere de algún tipo de asistencia, tengan paciencia si se tiene que bajar la silla de ruedas del auto y por falta de espacio se obstruye el paso.
Este tema se puede extender hacia muchas ramas, normalmente como padres podemos pensar en que hasta cierta edad de nuestros hijos comenzarán a abrirse camino, pero qué pasa con las mamás que tenemos un hijo con discapacidad, porque mi hijo siempre requerirá a mamá, y es un miedo compartido con muchas mamás que viven una situación parecida a la mía, ¿qué será de mi hijo cuando yo no esté?, ¿quién lo va a cuidar y ver por él?, es una sensación de temor permanentemente que hoy por hoy puedo compartirlo con la finalidad de acompañar a las personas que estén pasando por el mismo camino y lograr hacer una comunidad de apoyo.
Por eso es muy importante hacer conciencia y seguir en la lucha de nuestros derechos de inclusión, es necesario que las cuidadoras primarias seamos visibles, donde exista un apoyo económico, porque el dinero que se genera normalmente es para que no les falte nada a nuestros hijos, pero requerimos cuidarnos nosotras, tener salud emocional, física y mental (como cualquier mamá), la mayor parte de la población vive sin recursos suficientes que demanda una persona con discapacidad.
Ponernos al servicio de los demás, abrir los ojos a tu alrededor y mirar más allá, nos ayudará a tener más claridad sobre la empatía, pero sobretodo, a tener un corazón generoso.
“Recuerda que algunas veces los milagros, son personas”
Si deseas compartirme tus experiencias o tienes alguna pregunta escríbeme al correo susanadg@aperturaintelectual.com y con gusto te responderé.
Sígueme en mis redes:
Sigue Apertura Intelectual en todas nuestras redes:
Te invitamos a que califiques esta información.
ENTRADAS RELACIONADAS
