Realidad Virtual y Aumentada ¿qué impacto tiene en los espacios culturales?

25 DE FEBRERO DE 2025 Realidad Virtual y Aumentada ¿qué impacto tiene en los espacios culturales?

POR: VÍCTOR MANUEL REYES FERRIZ

El uso de la tecnología en todos los aspectos de nuestra vida no es un futuro lejano, ni mucho menos cercano, es una realidad actual que, en la gran mayoría de los casos, es beneficioso porque nos permite conocer no solo nuestra historia, sino vislumbrar un futuro gracias a ésta misma; empero, al comenzar a desmenuzar las diferentes variantes, nos presenta una realidad en cierto modo alarmante.

Todos los días disfrutamos de los avances que nos han presentado las tecnologías de la comunicación, desde cosas que, actualmente vemos ya muy sencillas o simples como un correo electrónico, una transferencia bancaria entre distintos países, una llamada de larga distancia o incluso una videollamada, hasta vigilancia territorial con drones, autos que se manejan solos, viajes espaciales, robots personalizables o vuelos “comerciales” a la luna, entre muchas otras cosas, y entre estos dos polos, contamos con una diversidad enorme de aplicaciones tecnológicas que, en algún momento de nuestra vida, solo era posible verlo en caricaturas como los Supersónicos o bien en las películas de ficción, que dicho sea de paso, con el tiempo que nos ha alcanzado, ahora este género cinematográfico tiene que evolucionar y presentarnos escenarios futuristas mucho más complejos para hacernos creer en situaciones inimaginables.

Recuerdo hace algunos años cuando los museos, al menos los de nuestro México, no contaban con grandes avances tecnológicos, tenías que acudir forzosamente a la taquilla para adquirir tus entradas, lo que ocasionaba largas filas sobre todo en fines de semana, para que después de unos 20 minutos finalmente pudieras comprar tus boletos y comenzar a disfrutar el recorrido. Una vez dentro de los recintos, cada quien hacía el recorrido como mejor le parecía sin respetar el diseño que había realizado con tanto esfuerzo el museógrafo en turno por lo que en realidad en aquellos años la experiencia de visitar un museo se convertía en la oportunidad de salir de casa, medio conocer algo y aprovechar para comer en familia; algunos años más tarde, estos espacios culturales fueron adoptando diferentes medidas que hacían que los visitantes tuvieran una mejor y mayor experiencia, dando como resultado inmediato que la información que se obtenía de estos recintos culturales fuera más clara y se quedara registrada en nuestras mentes; incluso, comenzaban a aparecer aquellos reproductores que traducían la información para los viajeros extranjeros por lo tanto se podían generar nuevos públicos, toda una hazaña en verdad.

Aunque la aplicación de la tecnología en el ámbito cultural ha ido permeando lentamente, pero de manera continua, debemos recordar que fue aproximadamente en el año de 1963 cuando comenzó la automatización de los museos, específicamente con el National Museum of Natural History Smithsonian, ubicado en Washington D.C., el cual, inició esta revolución tecnológica para beneficio de sus visitantes donde generó un software de consulta del acervo con el que contaba en aquel momento el espacio museístico y aunque no quedó listo sino hasta 1969 y para aquellos años ya muchos otros espacios habían hecho lo propio, el Smithsonian es catalogado como el primer recinto que contó con tecnología avanzada. Los años siguieron pasando y los museos han ido transformándose tanto hacia el interior, es decir, en la forma en que son controlados o administrados, como hacia el exterior, entendiéndose esto como su acervo y es que en realidad la gran mayoría de los museos son de control estatal o público y para ejemplos tenemos varios, solo por mencionar algunos destacamos casos como el del Hermitage (San Petersburgo), el Gran Museo Egipcio (El Cairo), The British Museum (Londres), la Galleria degli Uffizi (Florencia) o la National Gallery of Art (Washington D.C); algunos otros que son financiados exclusivamente con recursos privados como el Louvre (París) o el Museum of Modern Art (MoMa – New York), para finalmente llegar a aquellos como el Museo Del Prado (Madrid) o el propio National Museum of Natural History Smithsonian que cuentan con una figura híbrida que los convierte en receptores de financiamiento público y privado; empero, la constante que comparten todos éstos es que desafortunadamente el dinero jamás es suficiente, ya sea para adquirir acervo, actualizar la tecnología implementada, mantener las instalaciones o cualquier otra mejora que sea necesaria, por lo que en casi todos los museos se crean patronatos para sostener los gastos que se generan, una especie de mecanismo, solo que a diferencia del siglo XIV o XV no es directamente al artista sino a la institución.

De manera obligada, este tema del recurso, nos hace voltear a nuestro México, donde desafortunadamente el dinero es aún más escaso y tanto la renovación de acervo como la implementación de tecnologías es algo que no se ve habitualmente y en parte tiene que ver con que la mayoría de los espacios museísticos son controlados por el estado y de algún modo, hace varias décadas, se comenzaron a abrir estos recintos sin ton ni son, donde rellenaban con lo que tenían a la mano con tal de anunciar la creación de estos lugares públicos para proporcionarle a la población un espacio de convivencia, siendo que, en muchas ocasiones ni siquiera vale la pena su acervo; ahora bien, contamos con museos de talla mundial como el Museo Nacional de Antropología e Historia (CDMX), el Museo de Arte Moderno (CDMX), el Museo Nacional del Virreinato (Tepotzotlán) y una infinidad de museos de sitio (realizados para proteger el patrimonio cultural o natural), lo cuales, han sido reconocidos tanto por viajeros como por instituciones internacionales de renombre; sin embargo, al recaer en el rubro “histórico”, su acervo se ve muy limitado para ser cambiado, modificado o incluso extendido por lo que mientras las tecnologías siguen avanzando, el museo seguirá quedándose atrás.

Pero ¿qué tecnologías se han implementado en los museos en el mundo?, bueno pues son muchas y muy diversas, por ejemplo, la digitalización de los contenidos, es decir, no solo de la documentación bibliográfica, cartográfica o hemerográfica, sino las propias esculturas o pinturas que se exhiben, sus fichas técnicas, la implementación de códigos QR para proporcionar una mayor cantidad de información, videomapping, exposiciones en 3D y ahora la aplicación de Realidad Aumentada y Virtual, con las cuales, la experiencia se vuelve fascinante, entretenida, interactiva pero también un poco preocupante.

De estas últimas dos tecnologías, debemos reconocer primeramente qué es cada una de ellas.

  • Realidad Aumentada.- Se refiere a la tecnología en la que se permite que dentro del mundo real que vivimos, puedan adherirse algunos elementos digitales, es decir, a manera de ejemplo, podemos aplicarlo para amueblar un cuarto existente con muebles de catálogo, de esta manera estaremos en un momento híbrido entre lo real y lo virtual.
  • Realidad Virtual.Se refiere a la tecnología que no se basa en nuestro entorno real y mundano, sino que nos lleva a un mundo totalmente digital o virtual en donde lo que sucede a nuestro alrededor no es tangible ni palpable; un ejemplo típico son los videojuegos.

Partiendo de esa premisa, podemos distinguir que ambas tecnologías han sido muy bien aplicadas en los museos, por ejemplo en los recorridos virtuales por las salas de exposiciones y que al acercarnos a cada obra expuesta podemos, con un clic, obtener información adicional, podemos recorrerla 360ª y en ocasiones se presenta algún video o representación del entorno que existía en aquel momento, entonces, ambas tecnologías nos juntas, nos llevan a una experiencia súper enriquecedora que nos permite fijar mayor conocimiento sobre lo que estamos observando. De esta manera podemos asegurar sin lugar a dudas que, los espacios culturales mediante la implementación de estas tecnologías promueven la tan ansiada y mencionada democratización de la cultura, se convierten en espacios inclusivos, generan nuevos públicos, fomentan la participación de los visitantes, se multiplican los recursos con los que se cuenta al permitir divulgar su acervo a un mayor número de personas, en fin, los beneficios surgen a borbollones; empero, lo único que se expande en la misma proporción es la brecha digital.

Con base en lo anterior me surgen algunas interrogantes; sin embargo, son dos las que principalmente ocupan más mi atención, y es que, pensando en que cada vez son más los espacios en donde realizamos actividades donde el internet y lo virtual nos rigen, no queda más que pensar en ¿qué sucederá con los espacios físicos donde actualmente hay pequeños museos? y ¿estamos acercando tanto la cultura a la gente que no dejará de asistir a los espacios culturales?, para ambas preguntas, me parece que las respuestas no son del todo agradables. En cuanto a la primera de ellas, resulta que cada año se ha visto el cierre de museos específicamente, donde los acervos son donados a otros museos un poco más grandes y aquel acervo que ya dejó de ser interesante o bien, que nunca lo fue pero se decidió “llenar” algún lugar, termina por resguardarse eternamente para no volver a ver la luz, lo que a mi parecer tiene tanto su lado bueno como malo porque si desde un inicio no era digno de ser exhibido, no hay necesidad de mantenerlo, pero por el otro lado, se pierden espacios culturales que, aunque sean “pobres”, nos ayudan a contrarrestar el pésimo bagaje cultural de la población.

La respuesta a la segunda interrogante me parece un poco más compleja, porque si bien es cierto que cada día el acceso a internet en la población mundial es un hecho, también es cierto que desafortunadamente todavía existen países en los cuales, es poco probable que se cuente con cobertura porque de entrada, un problema fuerte es el acceso si quiera a la energía eléctrica, de tal modo que mantenemos esa brecha digital presente; y por el lado del público alejándose de los museos, me parece algo natural (no lo comparto pero así es) mientras que para quienes deseamos conocer el Louvre nos representa un costo elevado porque tenemos que desplazarnos a otro país, pagar transporte aéreo, hospedaje, alimentos y cualquier otro tipo de gasto, el acudir a su sitio web nos permitirá por el simple costo de pagar nuestro recibo de luz y el servicio de internet que tengamos contratado de manera habitual, realizar una visita virtual, recorridos por las diferentes salas, disfrutar de videos en directo o podcast y hasta contenido hecho para públicos infantiles, entonces, aunque no pueda ver absolutamente todo lo que alberga este maravilloso museo, ya puedo tener una idea del cómo es y qué me ofrece. Por cierto, aquí dejo el link para estos recorridos.

Finalmente, la tecnología nos muestra sus mayores ventajas y siempre será creada con la mejor de las intenciones para hacer la vida de quienes la ocupamos, lo más asequible posible, ya queda en nosotros el tipo de uso que le demos; sin embargo, recordemos que nunca será igual engañar a nuestra mente con lo virtual que estar presente en los lugares y un ingrediente adicional es que mientras los museos sigan abiertos y existiendo físicamente, serán generadores de empleos.

DATO CULTURAL.

Un día como hoy en 1841 nacía en Limoges, Francia, el pintor Pierre-Auguste Renoir, quien destacó en su obra los efectos lumínicos la sensualidad del trazo, así como representar atmósferas vaporosas, lo que lo llevó a ser considerado uno de los máximos representantes del movimiento impresionista francés. Entre sus mayores obras se encuentran “Bal du moulin de la Galette” (Baile en el moulin de la Galette – 1876), “La Grenouillère” (1869) y por supuesto su obra magna “Le Déjeuner des canotiers” (El almuerzo de los remeros – 1881); en 1848 en París, Francia, el aristócrata y militar Carlos Luis Napoleón Bonaparte, mejor conocido como Napoleón III, instaura la segunda República francesa tras la abdicación del rey Luis Felipe I; a partir de aquel momento sería presidente hasta 1852 cuando se convirtió en emperador y culminó el breve periodo republicano, en 1993 en Washington D.C., Estados Unidos en la sede de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), perteneciente al Banco Mundial, las Repúblicas de Bosnia y Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia del Norte y Serbia son aceptadas como Estados Miembros.

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