Abrazando el cambio

Por: Susana Dumit Garciarreal

Dentro de mi maternidad, una de las cosas más complejas ha sido reconocerme en cada etapa que voy viviendo, porque es un hecho: no soy la misma de hace cuatro meses ni la de hace un año.

En mayo me reuní con el pediatra de mis hijos. Tuvimos una conversación que nunca hubiera querido tener, una de esas en las que, por momentos, sentí que el tiempo se detenía… al igual que mi corazón. A pesar de haber sido una plática llena de cariño, ética y contención, marcó un antes y un después. Fue un parteaguas que me obligó a mirar desde otra perspectiva y a encontrar —en medio del dolor— el regalo de la vida misma.

Dentro de todo este reacomodo emocional, he tenido que aprender a ser más paciente y amorosa conmigo. A confiar en cada proceso, mientras le doy lugar a cada pensamiento y sentimiento que surge.

Si alguna de ustedes está atravesando una situación difícil, quiero decirles que está bien ir más despacio, o incluso detenerse por momentos. No sientas culpa por hacerlo. Está bien no estar bien siempre. Pero también está bien pedir ayuda, dejarte apapachar por los tuyos, buscar espacios que te den calma y te permitan volver a tu centro.

“Recuerda que algunas veces los milagros, son personas”

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