México, la nación que avanza a contraluz de la energía limpia

28 DE OCTUBRE DE 2025 México, la nación que avanza a contraluz de la energía limpia

POR: VÍCTOR MANUEL REYES FERRIZ

Desde el Gobierno de la República, los ciudadanos, todos los días recibimos señales del actuar de las diferentes dependencias, órganos y organismos que conforman la administración pública; empero, en el año que lleva de encabezar al Poder Ejecutivo nuestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, ha enviado mensajes, a mi parecer un tanto contradictorios, en cuanto al rumbo que tomará nuestro México, donde por un lado nos refuerza esa ancla que tiene respecto a su antecesor, y por otro, da muestras de querer hacer cosas un tanto diferentes.

Esta ambivalencia en el actuar, para muy pocos ámbitos, me parece bastante “justificable”; es decir, comenzando porque los perfiles entre el ex mandatario y ella son, en esencia, diametralmente opuestos ya que el primero de ellos pertenece a esa vieja guardia política donde el control no puede permearse a otras manos y, por cuanto corresponde a nuestra actual mandataria, cuenta con una visión más ligera pero sobre todo, apegada a un método comprobable, es decir, un poco más científica por no decir completamente, y es por ello, que la encrucijada en la que se encuentra es complicada, entre mantener lo que AMLO bosquejó como el país de Neverland en su cabeza y por buscar imponer lo que ella misma tiene como planteamientos para llevar a buen puerto a nuestro país.

En este sentido y encaminándome precisamente a su lado más científico, resulta que el pasado 15 de octubre nos aventó una señal, que a mi parecer es muy buena aunque no suficiente, al dar a conocer el Programa Sectorial de Energía 2025-2030 (PROSENER), el cual, es un documento que fija la postura, la hoja de ruta y políticas públicas que guiarán el comportamiento y actuar de nuestras autoridades en lo referente al Sector Energético de México, en el cual, se abre una puerta inmensa a la inversión tanto nacional como extranjera para el rubro de la generación de energías verdes; situación que, comparándola con la administración anterior era imposible por dos marcadas circunstancias. La primera es que debemos recordar que, durante la administración de Peña Nieto se implementó una reforma energética que modificó los artículos 25, 27 y 28 constitucionales para permitirle a empresas privadas, tanto nacionales como extranjeras, la participación en la comercialización, exploración, explotación, generación y refinación de hidrocarburos y energía, situación que cambió a la llegada de López Obrador que, si bien no eliminó por completo la reforma energética del abanderado PRIista, también es cierto que le regresó el monopolio de este Sector al Estado mexicano, específicamente para CFE y PEMEX, por lo que en este momento el haber nuevamente aperturado el Sector Energético por conducto de quien está construyendo el segundo piso de la llamada cuarta transformación, es un acto de gran valentía.

Ahora bien, adentrándonos en esas señales confusas, encontramos incluso, documentos contradictorios y es que, de acuerdo con el Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional (PRODESEN 2024-2038), México necesita incorporar casi 94 GW de nueva capacidad eléctrica en los próximos quince años; empero, bajo el esquema contemplado en el recién publicado Programa Sectorial de Energía (PROSENER 2025-2030) apenas proyecta instalar 28 GW en el corto plazo, ritmo claramente insuficiente para sostener el crecimiento de la demanda eléctrica y mucho menos para cumplir con los compromisos de la Agenda 2030 de la ONU; es decir, bajo el parámetro del primer documento se contempló que anualmente se consiguiera sumar una capacidad instalada de 6,2 GW y tan solo un año después, esa expectativa bajó a 5,6 GW, por lo tanto, si vamos en esa vía, de entrada ya tendremos un gap negativo de 9 GW que no se van a producir en eso 15 años. Adicionalmente, debemos tener muy claro que para acercarnos a un posible punto neutral, más no de equilibrio en cuanto a la generación de energía para cubrir la demanda, el país requiere agregar entre 6 y 8 GW anuales de generación renovable, hoy solo se están construyendo uno o dos gigavatios por año. La brecha se amplía, y con ella, la dependencia de gas natural, diésel y combustóleo.

Si queremos llevar esto al plano internacional, las cuentas nos salen extremadamente caras, pues mientras Europa lleva más de una década diversificando su matriz energética, nosotros en ese mismo periodo, perdimos la oportunidad de inversión extranjera y por si fuera poco, construimos la refinería de Dos Bocas y adquirimos la de Deer Park en Houston; por su parte España, generó en 2024 más del 55 % de su electricidad con fuentes renovables, asumiendo un liderazgo notable en energía eólica y solar fotovoltaica, pero no es el único ibérico, porque Portugal, su vecino, alcanzó picos de hasta 80 % de generación limpia, impulsado por una estrategia que combina almacenamiento hidráulico y parques solares flotantes, y ni que decir de los amos y señores del petróleo, sí, los países árabes como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, están emprendiendo una metamorfosis energética, han destinado cientos de miles de millones de dólares a megaproyectos solares y de hidrógeno verde, lo que nos muestra que en lugar de temer al fin de la era del crudo, buscan transformarse en exportadores de energía limpia y el resultado global es una carrera hacia la descarbonización. La Agencia Internacional de Energía estima que para 2030 el 90 % de la nueva capacidad eléctrica mundial provendrá de fuentes renovables; sin embargo, México parece avanzar en sentido antihorario, con políticas que privilegian el rescate de refinerías y termoeléctricas antes que la inversión en innovación tecnológica.

Partiendo del punto en que actualmente en México se cuenta 91 GW de capacidad eléctrica instalada, apenas 34 GW provienen de fuentes limpias y para cubrir de manera sustentable la demanda nacional proyectada hacia 2040 (entre 540 y 600 TWh anuales), el país necesitaría instalar al menos 250 GW de capacidad renovable, es decir, más de 200 GW adicionales a lo que hoy existe. Cubrir esa brecha implicaría una inversión estimada de 250 a 300 mil millones de dólares en los próximos 15 años, considerando no solo plantas solares y eólicas, sino también redes inteligentes, almacenamiento, electromovilidad y modernización de infraestructura eléctrica. El monto es alto, pero no inalcanzable: representa menos del 2 % del PIB anual si se distribuye a lo largo del mencionado periodo, y, a diferencia de los subsidios fósiles, estas inversiones generarían empleos de alta especialización y retornos sostenibles a largo plazo.

Nuestro país cuenta con condiciones geográficas que podríamos tildar superlativas; es decir, dentro del 1´964,375 km² que conforman nuestro territorio nacional, tenemos sol constante, vientos intensos, recursos geotérmicos únicos que generarían un potencial renovable extraordinario y en comparativa con las cuatro naciones antes mencionadas, salvo Arabia Saudita, la superficie terrestre con la que contamos va de 3,9, 21 y 23,5 veces mayor que lo que ocupan los países de España, Portugal y Emiratos Árabes respectivamente, entonces si los lusos generan picos del 80% de su energía proveniente de fuentes renovables, pues nosotros tenemos 21 veces más de espacio que ellos para instalar y aprovechar las condiciones para generar esa energía; ojo, manteniendo la comparativa con dicha nación, en el tema de población a la cual se deba proporcionar dicha energía, no alcanza ni siquiera las 13 veces mayor de México, así que tampoco eso podría ser un gran pretexto.

La realidad operativa es tosca y contundente: independientemente de marcos o discursos, la generación eléctrica en México sigue apoyándose en centrales térmicas —principalmente a gas natural y en menor medida combustóleo— que son la columna vertebral del despacho. Eso ocurre por tres razones interconectadas: contratos de suministro y obligaciones financieras existentes, ausencia suficiente de almacenamiento firme en la red, y reglas regulatorias que han privilegiado el papel operativo de empresas estatales frente a una apertura competitiva de mercado.

El resultado concreto es que aunque México tiene decenas de gigavatios instalados en renovables y potencial para mucho más, la contribución efectiva de renovables a la generación desplazable de fósiles es limitada cuando las plantas térmicas siguen recibiendo prioridad para garantizar seguridad de suministro y cuando la infraestructura de red y almacenamiento no es suficiente. En otras palabras: se instalan paneles y aerogeneradores, pero la economía sigue dependiendo de combustibles fósiles para cuando el viento no sopla o el sol no brilla.

En resumen, este paso de conformar un documento base cuya finalidad u objetivo sea corregir y reorientar los esfuerzos hacia un México más verde, me parece que se deberá combinar medidas técnicas con decisiones políticas valientes, entre las cuales podría visualizar:

  1. Seguridad jurídica y confianza: contratos claros, subastas regulares, reglas estables para acceso a redes. Sin eso, el capital no llega o llega con prima de riesgo alta.
  2. Plan de inversión pública-privada: blended finance, garantías estatales limitadas, green bonds y participación multilateral (BID, Banco Mundial, fondos de clima).
  3. Programa de almacenamiento nacional: metas de GWh instalados por año; incentivos fiscales para baterías y bombeo hidro.
  4. Estrategia de hidrógeno: hubs en regiones con exceso de renovables (Baja California, Sonora, Istmo), incentivos a la demanda industrial y ventanas piloto con exportación.
  5. Modernización de la red y digitalización: para integrar, operar y remunerar los servicios que las renovables y el almacenamiento aportan.
  6. Transición justa: planes para trabajadores y regiones dependientes de combustibles fósiles.

Sin embargo, pareciera que el primero de los puntos, y probablemente el más importante, lo acabamos de perder hace unos cuantos meses cuando el Poder Judicial, terminó en la bolsa del Poder Ejecutivo, y ese “pequeñísimo” detalle provoca que los inversionistas tengan sus reservas, asimismo, debemos considerar que para tener éxito en este rubro, es necesaria la voluntad política sostenida y la apertura en la generación de programas públicos de inversión en redes y almacenamiento porque sin esto, PROSENER corre el riesgo de quedarse en buenas intenciones, pero considero que el punto clave en este momento es que debemos, todos,  que tener muy claro que la gran transición energética no es sólo macroeconómica, es microsocial, cualquier país que logre mayor participación en energías renovables por supuesto reduce emisiones de la matriz, pero la huella de carbono se compone también por movilidad, alimentación, residuos y consumo energético doméstico, y es ahí donde nadie podemos hacernos de la vista gorda, cada uno de nosotros está obligado a contribuir con decisiones que, acumuladas millones de veces, reducen presión sobre la inversión que el país debe realizar y para muestra aquí van algunos botones, el transporte compartido, eficiencia energética en casa, consumo responsable, reducción de desperdicio alimentario, y entonces tendremos derecho a ejercer presión ciudadana por políticas limpias.

Finalmente, la transición energética no es una moda ni una imposición internacional, es una necesidad económica y técnica ya que, los países que hoy invierten en energías renovables no solo reducen sus emisiones, sino que garantizan su independencia energética y su capacidad de competir en la economía global del futuro; México aún puede corregir el rumbo, pero el tiempo —como la energía— no se detiene y si seguimos apostando por el petróleo mientras el resto del mundo genera su electricidad con el sol y el viento, pronto seremos una nación que, en lugar de producir energía, produzca atraso.

DATO CULTURAL.

Un día como hoy en 312 en Roma, Imperio Romano de Oriente (actual Italia), se presenta la “Batalla del Puente Milvio” que fue el último combate que confrontó a los emperadores Constantino I y Majencio del Imperio Romano de Oriente y Occidente respectivamente, y resultó victorioso el primero de éstos, convirtiéndose en el único emperador. La leyenda cuenta que Constantino vio una señal de la cruz en el cielo antes de la batalla por lo que al terminar la confronta, decidió convertirse al cristianismo y termina el asedio a los feligreses cristianos, en 1467 nacía en Rotterdam, Países Bajos, el catedrático, escritor, filólogo, filósofo, reformador, sacerdote y teólogo Desiderius Erasmus van Rotterdam, quien es considerado como el precursor de la “Reforma” ya que su ideal era transformar el pensamiento no solo de la sociedad en su conjunto sino incluir el actuar de la iglesia. Entre sus obras más reconocidas encontramos su traducción del Nuevo Testamento al griego en 1516, “Enchiridion militis Christiani” (Manual del caballero cristiano – 1503) y por supuesto su obra célebre “Moriae Encomium” (Elogio de la locura – 1511), en 1704 fallecía en Oates, Inglaterra, el científico, epistemólogo, escritor, filósofo, médico y político británico John Locke, quien es considerado el “padre del empirismo y liberalismo”. Entre sus obras más importantes destacan “Two Treatises of Government” (Dos tratados sobre el gobierno civil – 1690), “Epistola de Tolerantia» (Carta sobre la tolerancia – 1689) y por supuesto su obra magna “An Essay Concerning Human Understanding” (Ensayo sobre el entendimiento humano – 1690).

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