POR: LIGIA PÉREZ GARCÍA
Cuando un ser querido muere, no solo perdemos a alguien: se rompe un vínculo de apego. El dolor del duelo no surge únicamente por la ausencia física, sino por la separación de una figura que representaba seguridad, refugio emocional y sentido. Comprender el apego nos permite mirar el duelo con mayor compasión y profundidad, tanto en quienes lo viven como en quienes los acompañan.
El apego es un vínculo emocional profundo y duradero que se establece entre los seres humanos, en cualquier etapa de la vida, especialmente en momentos de vulnerabilidad. No es dependencia ni debilidad; es una necesidad básica de conexión. Desde el nacimiento, buscamos figuras que nos brinden protección, seguridad, consuelo y estabilidad emocional.
El psiquiatra y psicoanalista John Bowlby, creador de la Teoría del Apego, planteó que los seres humanos estamos biológicamente programados para vincularnos. Estos vínculos nos ayudan a sobrevivir y a regular nuestras emociones. A lo largo de la vida, seguimos estableciendo lazos de apego con parejas, familiares, amigos e incluso con figuras simbólicas.
Bowlby observó que los niños reaccionaban con intensa angustia ante la separación de sus figuras cuidadoras. A partir de ello, describió el apego como un sistema innato que se activa ante la amenaza, el miedo o la pérdida.
Según su teoría, las experiencias tempranas con nuestras figuras de apego dan forma a modelos internos de funcionamiento, es decir, creencias profundas sobre:
- Si los demás estarán disponibles cuando los necesitemos.
- Si somos dignos de amor y cuidado.
- Cómo manejar la cercanía, la separación y la pérdida.
Estos modelos no desaparecen en la adultez; se reactivan especialmente en situaciones de duelo.
Desde la mirada de Bowlby, el duelo es una respuesta natural a la ruptura de un vínculo de apego. Cuando la persona amada muere, el sistema de apego entra en crisis: seguimos buscándola, esperándola, necesitándola, aunque ya no esté físicamente.
Por eso en el duelo pueden aparecer reacciones como:
- Ansiedad intensa o sensación de vacío.
- Búsqueda constante de la persona fallecida (en recuerdos, sueños, lugares).
- Dificultad para aceptar y entender la pérdida.
- Miedo a nuevas separaciones.
La intensidad del dolor suele estar relacionada con:
- La cercanía emocional del vínculo.
- El tipo de apego desarrollado.
- Las pérdidas previas no elaboradas.
- La percepción de seguridad o abandono.
En realidad no es que “duela demasiado”, sino que se amó profundamente.
Aunque todas las personas sufren ante una pérdida, la forma en que se vive el duelo puede variar según el estilo de apego:
- Apego seguro: la persona puede sentir un dolor profundo, pero logra expresar emociones, pedir apoyo y, con el tiempo, integrar la pérdida.
- Apego ansioso: el duelo puede vivirse con miedo intenso al abandono, culpa, desesperación o dificultad para separarse emocionalmente del fallecido.
- Apego evitativo: puede aparecer aparente fortaleza, negación del dolor o desconexión emocional, aunque el duelo siga activo internamente.
- Apego desorganizado: se manifiesta con emociones contradictorias, confusión, bloqueo emocional o reacciones intensas e impredecibles.
Ningún estilo es “incorrecto”; todos hablan de como aprendió a vincularse cada persona.
¿Cómo se puede trabajar el apego en el duelo?
Acompañar el duelo desde el enfoque del apego implica validar el vínculo, no minimizarlo ni forzar el desapego. Algunas claves terapéuticas son:
- Nombrar el vínculo
Reconocer qué representaba la persona fallecida: seguridad, amor, identidad, apoyo. El duelo no es solo por quien murió, sino por lo que ese vínculo sostenía. - Normalizar las reacciones
La tristeza intensa, la añoranza y la necesidad de la persona perdida son respuestas normales del sistema de apego. - Explorar la historia vincular
Comprender cómo se ha vivido el apego a lo largo de la vida ayuda a entender el dolor actual. - Favorecer un apego interno seguro
El objetivo no es olvidar, sino transformar el vínculo: pasar de una presencia física a una presencia interna, basada en recuerdos, valores y significados. - Fortalecer nuevas redes de apoyo
El apego no desaparece con la pérdida, pero puede reorganizarse a través de relaciones seguras y significativas.
Mirar el duelo desde la teoría del apego nos recuerda algo fundamental: el dolor es proporcional al amor vivido. Acompañar a alguien en duelo no implica apresurar su proceso, sino ofrecer una presencia segura, disponible y empática, tal como una figura de apego lo haría.
Cuando entendemos el apego, dejamos de juzgar la duración o la intensidad del duelo y comenzamos a acompañar desde el respeto, la paciencia y la compasión.
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