Cuando crecer también duele: el duelo en la adolescencia

Por: Ligia Pérez García

La adolescencia es probablemente una de las etapas más intensas en términos de pérdidas simbólicas, donde el adolescente gana autonomía, pero también experimenta ambivalencia, irritabilidad y confusión. El adolescente experimenta una reorganización interna profunda.

La adolescencia es, en sí misma, un proceso de duelo. Vive el duelo por quien era y la incertidumbre por quien se será. El adolescente pierde:

a) La pérdida del cuerpo infantil. Uno de los primeros duelos en la adolescencia ocurre cuando el cuerpo infantil desaparece para dar paso a una nueva imagen física que a veces se vive con extrañeza. El adolescente observa como su apariencia cambia y ese nuevo cuerpo puede sentirse ajeno durante un tiempo y esa transformación puede vivirse como una pérdida de seguridad.

b) La pérdida de la identidad construida por la familia. Durante la infancia gran parte de la identidad se forma a partir de lo que la familia nombra, espera o proyecta. El adolescente comienza a cuestionar esas definiciones para descubrir quien es más allá de lo que otros han dicho que debería ser, surge la necesidad de construir una identidad propia, aunque eso implique conflicto dentro del entorno familiar.

c) La pérdida de la dependencia emocional. En la adolescencia comienza la separación emocional de los padres, lo que antes representaba refugio absoluto empieza a ser cuestionado. El adolescente busca autonomía, privacidad y espacios propios, mientras intenta sostener la contradicción entre necesitar aún a sus figuras de apego y querer alejarse de ellas.

d) La pérdida de la idealización de los padres. Uno de los duelos más profundos de esta etapa es descubrir que los padres no son perfectos. El adolescente comienza a verlos como personas reales, con limitaciones, errores y contradicciones.

Muchas crisis adolescentes están relacionadas con esta pérdida de identidad estable. Cuando los adultos invalidan estas emociones con frases como “es solo una etapa”, se invisibiliza el proceso de duelo que atraviesan.

Erikson describe esta etapa como la búsqueda de identidad versus confusión de roles. Esta reorganización implica despedirse de certezas previas.

La adolescencia no solo consiste en adquirir nuevas capacidades, también requiere aprender a soltar. Cada cambio implica una pequeña despedida y, cada despedida deja una huella emocional.

Reconocer estos duelos permite comprender que muchas de las crisis adolescentes no son unicamente conductas difíciles o rebledía, sino expresiones de un proceso interno profundo: el dolor de dejar de ser para comenzar a convertirse.

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