Por: Thelma Morales García

En antaño, nuestros abuelos se reunían en la casa de algún conocido a disfrutar las tradicionales peñas literarias o tertulias, pues era la única manera de pasar un rato agradable con los amigos y los familiares, lo que me hace recordar la canción de Chava Flores titulada “La tertulia”, donde este extraordinario compositor nos narra en una canción cómo eran esas tertulias, llenas de música y pláticas en torno a temas de interés para los ahí reunidos, en esas épocas los televisores eran muy escasos al igual que los radios.
Así es que estas tertulias eran la forma de divertirse sanamente en las casas de antes. Recuerdo que la canción iniciaba así: Vámonos de tertulia en case Julia “La otra noche fui de fiesta en case Julia, se encontraba ya reunida la familia, Maripepa, Felícitas, Luz y Otilia…”, éstas eran las reuniones que se hacían en casas de la clase media de la década de los treinta del siglo pasado.
Para Antonio Requeni, en la peña, reunión o tertulias se reunían personas unidas por afinidad de intereses, actividades o de simple simpatía amistosa, se dice que las peñas tuvieron una larga tradición que se vincula con la necesidad del hombre de comunicarse. La peña no es una institución privativa de una clase sino un hábito que ha abarcado siempre todos los niveles sociales y culturales, desde los areópagos literarios de la Grecia clásica a las ruedas de parroquianos que discuten en una mesa de café las alternativas del último partido de fútbol o la mejor manera de enderezar el mundo.
Esto me hace recordar que hace años visité a una amiga en Taxco, Guerrero, donde sus padres y abuelos, son por tradición plateros y me hablaba mucho de William Spratling, joyero y promotor de la platería en la zona, avecindado en el lugar apenas un año antes un hombre que llegó a vivir a Taxco por ahí de los años treinta, de hecho existe un museo que lleva su nombre y donde se exhiben sus hallazgos realizados en zonas prehispánicas y recuperó para el pueblo de México vasijas y objetos arqueológicos. Pues este hombre es más recordado por la enseñanza que dio a varios artesanos para que elaboraran objetos de plata y gracias a ello hoy en día es uno de los principales centros del país en el trabajo de la joyería con este metal.
También es recordado por sus famosas tertulias pues se cuenta que David Alfaro Siqueiros al entrar en contacto con el arquitecto Spratling, pues este norteamericano instauró en su casa, el taller Las delicias, las tertulias para artistas de diferentes disciplinas (poetas, pintores, cineastas, fotógrafos, etc.). Y Taxco se hizo entonces fuente mágica de los espíritus creadores.
Roberto López Moreno, poeta chiapaneco contaba “Qué hubieran dado muchos artistas de la época por alcanzar a compartir aquellas tardes en las que en el taller de Spratling se reunían almas inquietas como la de él, con propuestas estéticas, con novedades artísticas removiendo conceptos tradicionales, invitando a transitar nuevas experiencias. En esas tertulias que duraron hasta 1932, llegaron a convivir inquietudes como las de los poetas Carlos Pellicer, José Juan Tablada y Salvador Novo junto con el fotógrafo Manuel Álvarez Bravo y el pintor Roberto Montenegro.”
El cineasta ruso Serguei Einsenstein en busca de las tertulias de Las delicias, él, tan ávido de encontrarse con los misterios y las maravillas de un México que finalmente se llevaría capturado en las entrañas de su cámara cinematográfica. Hacia Las delicias se encaminaron también en diferentes ocasiones Lola Álvarez Bravo, Arthur Miller, Aurora Reyes (“la cachorra”, jovencita de apenas 24 años a quien faltaban todavía cuatro años más para que pintara su primer mural, el primero creado en México por una mexicana), Gloria Calero, Hart Crane, entre otros.
La tertulia entre artistas se combinaba con arduo trabajo que realizaban Einsenstein, filmando; Spratling creando prodigios de joyería; Siqueiros, grabando sus testimonios de artista comprometido, como otra forma de alcanzar su libertad plena y de vivir plenamente dentro de su mundo. El ámbito aquel fue espacio para planes creativos y para creaciones innovadoras, para la visualización de nuevos lenguajes y para que convivieran las imaginerías que la época y el paisaje mexicano daban al mundo.
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