Por: Ligia Pérez García
Si en la adolescencia se despide la infancia, en la adultez se comienza a despedir ciertas ilusiones, no se trata necesariamente de pérdidas visibles, ni de ausencias que otros puedan notar, muchas veces son duelos íntimos, discretos, que ocurren mientras la vida sigue avanzando y se espera que la persona continúe funcionando como si nada hubiera cambiado.
La adultez temprana y media suele asociarse con estabilidad, madurez y crecimiento personal, sin embargo también es una etapa donde surgen pérdidas sutiles pero profundamente significativas. En esta etapa, muchas personas descubren que crecer no solo implica construir una vida, sino también aprender a soltar las versiones idealizadas de aquello que alguna vez imaginaste.
Algunas pérdidas que se pueden experimentar en esta etapa son:
- El ideal romántico del amor. Uno de los primeros duelos de la adultez aparece cuando el amor deja de parecerse a la fantasía construida durante años. La idea del vínculo perfecto, de la comprensión absoluta o del “para siempre”, comienza a confrontarse con la realidad de las relaciones humanas, imperfectas, complejas y cambiantes. Aveces lo que se pierde es la idea romántica del amor, lo cual implica aceptar que amar también requiere mirar al otro desde su humanidad y no desde la idealización.
- La expectativa profesional soñada. El ser humano construye una imagen de quien llegará a ser, se imagina ejerciendo una profesión, alcanzando cierta meta o en el trabajo elegido. Sin embargo, la adultez a menudo confronta esas expectativas con una realidad diferente, más compleja, a veces el trabajo no brinda ese sentido esperado y en ese proceso puede aparecer el duelo por la profesión soñada, por el éxito que creíamos merecer y que no siempre llega, frustración por no obtener la remuneración que cree merecer.
- La energía física inagotable. El cuerpo comienza a enviar mensajes distintos, la recuperación ya no es inmediata, el cansancio aparece con mayor facilidad y la sensación de invulnerabilidad empieza a desvanecerse. No siempre se trata de enfermedad, en ocasiones es simplemente la toma de conciencia de que el cuerpo también cambia. Pierde la sensación de energía ilimitada puede ser un duelo silencioso por que confronta a la persona con la realidad de su propia finitud.
- La idea de que “hay tiempo para todo”. Durante nuestra juventud la vida suele sentirse amplia, abierta, llena de posibilidades, pero con el paso de los años surge una verdad difícil de aceptar, no siempre hay tiempo para todo y esto implica renunciar a la fantasía de la vida ilimitada y comenzar a elegir con mayor conciencia que y quien merece permanecer.
Es una etapa donde se confronta la realidad y empieza el duelo por los ideales, comenzamos a entender que algunas metas no se cumplirán, algunas relaciones terminarán, el cuerpo comienza a cambiar. Aparece un duelo silencioso por el “yo idealizado”.
La famosa “crisis de los 40” no siempre es una crisis; muchas veces es un proceso de duelo no reconocido. Estas llamadas “crisis de la mediana edad” pueden entenderse como procesos de duelo ante la discrepancia entre el yo ideal y el yo real.
Es común que se experimente:
- Sensación de estancamiento.
- Crisis de sentido.
- Replanteamiento de prioridades.
- Nostalgia por etapas anteriores.
Quizá una de las verdades más profundas de la adultez sea comprender que no solo envejecen los años, también maduran las expectativas. Y aunque despedirse de ciertos ideales puede doler, no siempre significa perder, muchas veces significa transformarse.
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