Hay circunstancias que no deben cambiar nunca.

Por: Víctor Manuel Reyes Ferriz.

En esta época donde la recuperación de los valores es tema de conversación en cualquier mesa donde nos encontremos, me parece fundamental hacer un recuento de todas aquellas actitudes que hemos perdido al pasar de los años.

Mucho se habla de la evolución, y las ventajas de hacerlo; sin embargo, para este tema no estaría tan seguro que se ha “evolucionado” por el contrario, probablemente como sociedad, nos hemos convertido en retrógradas. Solamente es cuestión de echar un vistazo unos años atrás y podremos darnos cuenta de que es a lo que me refiero.

Empezando nuestro “flash back”, podemos casi asegurar que esta desmoralización generalizada que se presenta alrededor del mundo, proviene principalmente de la década de los 60´s cuando la lucha por los derechos de igualdad, la manifestación “hippie” pretendía la terminación de las guerras, las independencias de algunos países africanos, el reconocimiento de los derechos de los homosexuales, la aplicación de derechos igualitarios entre hombres y mujeres, en resumen, un sinfín de actividades que se generaron donde la participación social, sobre todo en jóvenes, fue trascendental y por ende, la revolución intelectual que se presentaba era de tamaño tal, que en cualquier rincón del planeta existieron movimientos estudiantiles.

Por aquellos años existieron personajes que le dieron sentido a la vocación social como Martin Luther King, Ernesto Guevara, Harvey Bernard Milk, Herb Caen, Fernando Balaúnde Terry, Malcom X; en la música, grupos como The Beatles, Rollings Stones, Pink Floyd, The Doors, Santana, Jim Morrison, Jimi Hendrix, Bob Dylan etc; el cine no se podría quedar atrás y también nos presenta algunos personajes que tiñeron las pantallas de ideas revolucionarias como Luis Buñuel, Federico Fellini, Martín Luis Guzmán, Marcello Mastroianni, y en la literatura encontramos a escritores que se les denominaba “Generación del 72”, “Los Novísimos” o de la “Generación Emergente” donde destacamos por mucho a Mario Benedetti, Jean Paul Sartre, Vargas Llosa, entre otros que, a lo largo de su vida dedicaron hasta el último aliento para reivindicar a las distintas sociedades con respecto al deber ser, al deber actuar y parece que hasta el día de hoy, no les hemos hecho mucho caso.

Existen conductas humanas que deberíamos mantener toda nuestra  vida como podrían ser, el darle la acera a las mujeres, el levantarse para cederle el asiento a las personas mayores y damas en el autobús o metro, el abrirle la puerta del auto a nuestras parejas, madres, abuelas, hermanas, amigas, hablarles con respeto a las personas mayores; que no necesariamente significa dirigirnos a ellos de usted, simplemente hacerlo con respeto; y muchas otras costumbres que se utilizaban en la década de los 40’s o 50’s, que probablemente algunos podrían decir que son anticuadas o pasadas de moda, empero, la verdad es que son actitudes que lo único que denotan es educación, respeto hacia los demás y a uno mismo, formalidad y sobre todo valores.

Qué difícil es poder hablar de valores porque siempre serán subjetivos, lo que para unos es respeto, para otros podría ser temor, lo que para alguien es felicidad para alguien más sería confort, y así sucesivamente con todos y cada uno de los valores, honestidad, ética, integridad, pulcritud, puntualidad, sensibilidad y patriotismo, solo por enumerar algunos. Porque además de que cada individuo le puede dar la connotación que a su parecer sea la correcta, nos enfrentamos a una desvalorización generalizada, donde el individualismo ocupa el primer lugar en cada acción que realicemos en nuestras vidas, olvidándonos de conceptos tan básicos para el desarrollo humano como el que nos presentaba Jean Jacques Rousseau en un apartado de su contrato social que nos indica que para ser “libres” debemos ajustarnos a ciertas reglas sociales por las que estaremos regidos todos los individuos que pertenezcamos a la misma sociedad y dentro de éstas, debemos considerar las buenas costumbres y conductas.

Sin embargo en la sociedad actual, encontramos que para algunos sectores el delito del robo, es concebido de una forma y para otra parte de la población es un poco mas laxo, lo que le permite a determinadas personas relajar sus límites y comenzar por permitir ciertas conductas que a lo largo del tiempo serán vistas como admisibles; la fuerza de la costumbre, empero, no significa que esté bien hecho, simplemente al ser “permisible” por algunas personas, se comienza a suponer que entonces esas costumbres han cambiado y que ya se puede recorrer el mencionado límite, y así como este ejemplo podemos encontrar muchos que en algún momento se han considerado que suceden porque la sociedad avanza, evoluciona o progresa; pues sería  necesario realmente considerar si esto es efectivamente lo que queremos, o simplemente estamos aceptando la idea poco a poco de que estamos degradándonos como seres humanos.

Me es inconcebible aceptar el hecho que se estén justificando en algunos círculos sociales actos como la pederastia, la explotación de menores, el narcomenudeo y otros mas con excusas como “pobres niños tienen que trabajar por las circunstancias económicas” (pues claro que estamos mal económicamente, sin embargo no da derecho a que se les emplee por 100 pesos a la semana y trabajen más de 48 horas); “es que como no tienen acceso a la educación y la situación está difícil, pues tienen que recurrir a este tipo de prácticas ilegales” (no considero esta como una justificación válida; de que existen empleos, existen, sin embargo todos queremos generar cantidades exorbitantes), empero, lo que nos debería consternar mas, es el hecho de que día a día nos volvemos mas individualistas por ese egocentrismo que tenemos cada uno de nosotros, y por ende, el consumismo nos atrapa y nos convertimos en personas que únicamente valoramos a los demás por lo que tienen y no por lo que son, creamos amistades donde no las hay, mejor dicho, engañamos a nuestra mente para que crea que una compañía por compartir determinados gustos, es una amistad; y donde queda el verdadero VALOR de las personas, por lo que en realidad la gente que nos rodea puede decir que eres un buen ser humano. Queda en el olvido.

Un ejemplo del individualismo que presentamos como sociedad, por lo menos en nuestra nación, podrían ser los resultados obtenidos en cualquier contienda deportiva que sea en equipo; muchas veces hemos escuchado que el deporte es un reflejo del país, y es completamente cierto, ya que si miramos a nuestro fútbol obtenemos datos que definitivamente nos pueden reflejar la falta de colaboración entre sus integrantes, que cada uno tiene metas que desea cumplir, empero la meta no es la que debería ser, que el EQUIPO gane, en el baloncesto por ejemplo, ni siquiera podemos dar un diagnóstico, porque nunca hemos hecho gran cosa, sin embargo en disciplinas como el Tae Kwon Do, Box, Clavados y Atletismo, tenemos hasta campeones mundiales y olímpicos, porque solo deben prepararse para ellos, preocuparse por ellos, esforzarse por ellos y nunca habrá riesgo de que alguien pueda echar a perder ese triunfo si no son ellos mismos, en cambio en las disciplinas de equipo, se pueden “aventar la bolita” unos a otros para justificar el fracaso. Cuando se gana en estos deportes, sobran cabezas que les interesa adjudicarse los méritos, sin embargo, cuando se pierde, todos buscan un pretexto para justificar a sus compañeros pero no significa ser un equipo, eso es lavarse las manos.

Este mismo efecto lo encontramos hasta en las oficinas, en nuestros trabajos, se escuchan en los pasillos comentarios que expresan un individualismo puro, porque es muy común escuchar gente que diga que no va a hacer de tal manera el trabajo porque entonces el jefe es el que se pone la “palomita” y que entonces cuando le reconocerán su labor; pues lo que yo considero es que precisamente todas aquellas personas que dedican el tiempo para hacer la “talacha” es porque conocen mejor que el jefe cómo funcionan las cosas, empero, el jefe lo que conoce es el encontrar como hacerlo mas eficiente. Todos tenemos diferentes roles en nuestra sociedad y es algo que debemos empezar a aceptar, y no solo renegar por el hecho “natural” de querer ser el que ocupe el lugar de jefe, mejor esforcémonos cada día para que las cosas salgan bien y si es así, muy pronto lo veremos recompensado, pero siempre consientes que el primero en ser reconocido será el jefe y en lo subsecuente llegará a los demás.

Existe una característica que siempre me ha gustado resaltar del mexicano, somos muy unidos en las desgracias, bueno pues empecemos a utilizar ese mismo entusiasmo para todas las situaciones en nuestra vida, seamos compañeros, equipo, trabajemos de la mano, busquemos soluciones para las mayorías, respetemos a los demás en su pensar, actuar, en su tiempo, no perdamos los valores que en algún momento nos caracterizaron, porque tener que ostentar el poder siempre, seamos compartidos y todo será más fácil. Pensémoslo seriamente.

Dato Cultural:

Un día como hoy en 1791, se proclama en Francia la ley Le Chapelier que permite la libertad de profesión; en 1919, se presenta el primer vuelo transatlántico; en 1928, nace en Rosario, Argentina el revolucionario Ernesto “Che” Guevara; en 1942, la alemana Ana Frank comienza a escribir su mundialmente conocido Diario; en 1986, muere el escritor argentino Jorge Luis Borges; se conmemora gracias a la OMS, el Día Mundial del Donante de Sangre.

Espero comentarios y sugerencias al correo lic_reyesferriz@yahoo.com

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