Eterno resplandor de una mente sin recuerdos

De Michel Gondry

Por: Daniel Sánchez Castro.

Esta semana tenemos una película que podríamos llamar un clásico del cine de inicios del siglo XXI; un filme que a primera vista la mayoría que la hemos visto nos dejó con un enorme signo de interrogación en la cabeza, con un guion increíblemente escrito y una fotografía y banda sonora que nos deja mareados entre tanto suspiro, con saltos de temporalidad que solamente tiene pequeños guiños para los mas despiertos que permiten saber en que parte de la historia estamos. Eterno resplandor de una mente sin recuerdos es un filme estético que se debe de ver mas de tres veces para poder revisar todos los detalles.

Más allá de tratar de describir el argumento de los personajes vayamos al objetivo o tema principal de la película, se trata de un drama romántico que bien podría ser cuestionado por tener esa categoría, utilizando el argumento utópico de que exista una realidad en la que la ciencia nos ha alcanzado o rebasado y a través de un proceso experimental podemos elegir cuales son aquellos recuerdos que deseamos borrar de nuestra memoria, hago énfasis en que no estoy utilizando palabras como reprimir recuerdos o suprimirlos, sino mas bien borrarlos como si de un disco duro se tratara. Muy al puro estilo estadounidense y su obsesión por el desarrollo tecnológico pareciera que nos muestra la forma mas fácil de “superar” una ruptura amorosa, anulando cualquier recuerdo que estuviese relacionado con la persona que se busca olvidar, equiparando las experiencias con archivos en una gran big data que pueden ser mandados a la papelera para poder ser vaciada. En lo personal me encanta la manera en que se muestra la cultura de estadounidense en el filme tan vertida a la prontitud y a lo exprés, sin embargo, el guion, que como lo mencionamos al principio, raya en cierta genialidad, nuestro protagonista logra burlar la tecnología para mostrarnos que el amor va mas lejos que simples conexiones neuronales o secreción de neurotransmisores. Joe, nuestro protagonista hará lo imposible para no olvidar a Clementine escondiendo su recuerdo en lo mas profundo de su psiquismo, en terrenos donde la consciencia no tendría alcances. Como lo menciona el gran maestro Alejandro Madrid, lo siniestro de la memoria está en las repeticiones de experiencias en la vida diaria.

Pondría también el énfasis en lo siguiente: los recuerdos y experiencias no son simples unos y ceros registrados en un gran banco de datos como se imagina al cerebro, estos van mas lejos y quedan impregnados en el cuerpo; los besos, las caricias, el aroma del cabello de nuestro primer amor, están desplegados en rincones de nuestra piel donde podrán ser desplazados pero por fortuna o desdicha no podrán ser olvidados.

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