Papá cuervo

Por: Rodolfo Munguía Álvarez.

¿A usted no le ha pasado, orgulloso lector, desear algo con toda el alma y que la vida se los conceda, así nomás porque sí? A mí me concedió a dos hermosos hijos. Como se han de imaginar, una de las experiencias más emocionantes que he vivido, es haberme vuelto padre. Sé, que ha sido un privilegio vivir todas estas experiencias, aunque sé también que muchos deciden no tener hijos de forma consciente y racional y, algunos otros, aún y cuando lo desean y lo intentan, el destino les concede otras experiencias diferentes. Sin embargo, al haber deseado hijos y sido afortunado en tenerlos, he sido sumamente feliz. Anécdotas especiales, puedo contar decenas, cientos, pero no quiero volverme uno de esos odiosos escritores que idealiza su relación familiar o, un papá cuervo, que solamente ve las virtudes de sus pequeños vástagos. Por ello, quiero remitirles a una generación anterior: cuando mi padre se enteró que yo iba a ser por primera vez papá, me hizo favor de regalar un libro que atesoro en el alma —y en mi librero—, por todas las enseñanzas y sonrisas que me sacó, se titula: No basta ser padre, de Germán Dehesa, publicado por Editorial Planeta. En él, se compilan muchos de los artículos que se publicaron en periódico, que tenían como común denominador distintas experiencias sobre sus hijos. Me gustó tanto este libro, que regalé algunos ejemplares a amigos cuando me daban la noticia que serían padres y, por si fuera poco, me animó a escribirle su autor. Con esta acción comenzamos a intercambiar algunos correos electrónicos, en donde él me platicó un poco más sobre su familia, hijos y sus esposas. Era muy enriquecedor ver como otra persona había reaccionado con relación a la paternidad con tanta naturalidad y goce. Yo, si ustedes me lo permiten, en algún momento les platicaré algunos detalles sobre mis hijos, Andrea y Rodi: tanto lo bueno, como lo mejor que hemos vivido juntos. A manera de cierre de esta columna, con respeto les comparto el último correo que recibí de este autor, cinco días antes de su partida:

Estimado Rodolfo:

Gracias por tu generoso apoyo que me motiva a seguir adelante con esperanza y con nuevos bríos. Aprecio mucho el que me hayas acompañado en mi paso por esta vida. Siempre he expresado que, sin la presencia de ustedes, mis lectoras y lectores queridos, mi quehacer diario no tendría sentido.

Te felicito por el éxito que sabía que tendrías con tu libro. Ya habrá oportunidad, como bien lo expresas, de que me hagas el favor de entregármelo, en propia mano. Ya nos pondremos de acuerdo.

Recibe un afectuoso abrazo.

Germán Dehesa

Por ello, espero que falten aún muchos años para entregarle algo en propia mano. Si quiere leer este recomendable libro, podrán encontrarlo en alguna biblioteca actualizada, o en alguna librería por internet. Quedo atento a sus comentarios de éste o algún otro tema, en mi correo electrónico lector.frecuente@gmail.com: me dará mucho gusto saber de usted, si tiene hijos y conocer algunas de sus memorables anécdotas.

¡À la vous santé, monsieur!

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