Les voy a hacer una propuesta que no podrán rechazar…

Por: Rodolfo Munguía Álvarez

¿A usted no le ha pasado, maquiavélico lector, desilusionarse porque vio una película pero, el libro estaba mucho mejor?  Al parecer esta es una regla muy común entre la lectura y el cine. La primera vez que me pasó, fue con la película Love Story, protagonizada por Ali MacGraw y Ryan O’Neal. Como les había platicado ya en febrero, el libro para mí fue toda una revelación de romance contemporáneo (es decir, del siglo XX, no soy tan joven claro), pero la película, no obstante la belleza de la señorita MacGraw, distaba kilómetros de lo que yo había leído en el libro. Sin embargo, una de las excepciones que rompió la regla fue la película de El Padrino. Estoy por acabar este libro de Mario Puzo y créanme, la película está complementada por un espléndido trabajo de Francis Ford Coppola y, a mi humilde parecer, en este caso dos cabezas son mejor que una. Ya mucha gente me había dicho “¡tienes que leerlo!”, entre ellos mi hijo a sus catorce años y, me ha fascinado. En el libro he encontrado las verdaderas intenciones de cada personaje y he comprendido más a profundidad el contexto de cada situación. No podría decir que es mejor el libro que la película o viceversa, simplemente les digo que libro es toda una cátedra de negociación y pensamiento estratégico. Por su parte, en la película el director supo extraer lo mejor del libro, y complementarlo con un toque muy especial y grandes actores que la vuelven más dramática, más precisa, más adictiva: simplemente perfecta. Existen muchos cursos de cómo ser un buen negociador, cómo ser un buen empresario, o cómo ser un buen emprendedor, con base en El Padrino, pero para aquellos fanáticos de la película, deben de leer el libro si realmente quieren sacarle todo el jugo a tantas enseñanzas. La obra me ha divertido como pocos, la vida de don Vito Corleone, lejos de ser apología del crimen, muestra el lado obscuro y las consecuencias de construir un imperio sobre fango: nunca sabrás en qué momento lo construido se puede venir abajo y, cuando crees tenerlo todo, te das cuenta de lo mucho que has perdido en el camino. Ahora, por otro lado, tiene grandes frases que sirven para la vida diaria y, lejos de pensar que ustedes las deban adoptar, tal vez sí les convendría identificarlas y entenderlas para que, cuando las escuchen por ahí, sepan de qué les están hablando y qué les están queriendo decir. Son metáforas tan simples como profundas. Simples de decir, pero que encierran un contexto y una doble interpretación —y a veces hasta triple o cuádruple— como: “Sus intereses no están en conflicto con los míos”; “Nunca odies a tus enemigos, afecta tu juicio”; “Crea un imperio tan grande, que hasta los que te odien te busquen para pedir empleo”; “Es un insulto a mi inteligencia y eso no me divierte”; “Nunca digas lo que piensas a alguien fuera de la familia” y, tal vez la más conocida: Le voy a hacer una oferta que no podrá rechazar, esta última usada con una gran variedad de tiempos verbales, artículos y situaciones diferentes. Éste libro seguramente lo podrán encontrar en la casa de ese tío que le gustaba la política y ha hecho algo importante en la vida, en alguna biblioteca pública cercana a su hogar, en librerías de piso o de internet e, incluso podrían adquirir su versión digital para leerla plácidamente desde su dispositivo electrónico. Quedo atento a sus comentarios de éste o algún otro tema, en mi correo electrónico lector.frecuente@gmail.com; o sígame en Twitter como @GloopDr y, “recuerde mantener la cabeza fría, aun cuando el corazón esté ardiendo”.

¡À la vous santé, monsieur!

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