El Principito no es de Maquiavelito

Por: Rodolfo Munguía Álvarez

¿No le ha pasado, lectorcito querido, referirse a mucho de lo que le rodea con diminutivos? Y es que, como buenos mexicanos, utilizamos el diminutivo en exceso y culturalmente creemos que somos más cordiales cuando hablamos con palabras que terminan en -ito o -ita. Por ejemplo, a la comida la llamamos taquitos, arrocito, molito, frijolitos y tortillitas, para hacerla más apetitosa. También, cuando queremos evitar ofender a alguien utilizamos diminutivos en los adjetivos “pa’ que no se ofendan tanto” y decimos frases como: “tú eres un poquito comeloncita”; “un poquito distraidito”; “eres medio llenita”; “ponchadito” o “un poco flaquito y peloncito”, y con ello creemos que amortiguamos nuestra observación. Otro de los raros usos que le damos al diminutivo, es con relación al tiempo y, no obstante pocas cosas son tan exactas como el tiempo (sin meterme en teorías físicas de relatividad o multiversos), una hora son 60 minutos y no 61 ó 59; un minuto son 60 segundos y no 46 ó 64 y así sucesivamente… los mexicanos nos referimos al tiempo y decimos: “me tardo una horita”; “sólo estaré unos minutitos”; y el más criticado por otros hispanohablantes: la manía de responder a alguna solicitud que nos hagan diciendo: “ahorita” ―como si “el ahora” pudiera ser pequeñito― y, si nuestro interlocutor no conoce a lo que nos referimos, seguramente se extrañará cuando ese “ahorita” se lleve mucho más tiempo del necesario o simplemente la actividad se postergue indefinidamente.  Pero, si hay algo que podría llegar a molestarme, es la condescendencia con la que algunos maestros tratan a los niños ¡y a los papás de los niños! abusando de los diminutivos: “miren papitos, tomen las tijeretas y hagan un cortecito en las hojitas de sus chiquitos y como ellos están pequeñitos, que ellos las iluminen con sus crayolitas…” simplemente: no puedo. Sin embargo, ese no es uno de los usos que más me preocupan, sino que los maestros sigan pensando que el libro: “El Principito” escrito e ilustrado con acuarela por Antoine de Saint-Exupéry, es un libro infantil. Por supuesto que sé que muchos niños lo han entendido, lo entienden y lo entenderán mucho mejor que cualquier adulto, incluyéndome, pero, es un libro exquisito, prácticamente de filosofía, en donde cada una de las frases está dicha con las palabras precisas y muchas de estas, podrían hacernos pensar por mucho tiempo sobre el significado y trascendencia que tienen para la vida, es decir, su riqueza radica en que, lo que entendemos entre líneas, puede ser muy distinto de una persona a otra. Esta obra fue publicada en 1943 en plena Segunda Guerra Mundial y a mí, lo que más me gusta de ella, fue que con sus distintos personajes el autor pudiera metafóricamente reflejar la visión de distintos tipos de adulto y con estas visiones, recordarnos lo sencillo que es el mundo cuando lo vemos con los ojos de los niños y cómo, a lo largo del paso del hombre por la vida, nos vamos complicando la existencia con ambición de poder, propiedad, pertenencia, de acumulación de la riqueza y con ello, complicando las relaciones humanas. Por todo lo anterior, pese al diminutivo, El Principito es una obra que requiere de un lector reflexivo y, por tanto, no necesariamente es infantil y si algún docente pide su lectura, debería primero entenderlo de tal forma, que lo pueda analizar poco a poco y guiar la lectura de sus estudiantes. Parece ya cliché, cuando le piden a una celebridad que recomiende algún libro y éste lo recomienda, pero, si estas personalidades lo han leído, mis respetos: es el tipo de libro que deberíamos leer y reflexionar varias veces a lo largo de nuestra vida, para después recomendarlo. Coincidentemente yo lo pude releer a los veinte años, a los treinta y también alrededor de los cuarenta, y cada vez encontré nuevos significantes a tan bellas metáforas de acuerdo a la madurez y circunstancias que tenía cuando lo he leído. Este libro lo podrán encontrar en su librero, en el de sus padres o, si gustan que siempre esté con ustedes en su celular o tableta digital, pueden adquirirlo en DrGloop.com para escapar con él de la realidad del banco o de las salas de espera. Los invito cordialmente a escribirme para saber qué les pareció El Principito la primera o la última vez que lo leyeron, así como dejarme algún comentario en mi correo electrónico: lector.frecuente@gmail.com. No olviden seguirme en Twitter como @GloopDr.

¡À la vous santé, monsieur!

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