¿Sabías qué?

La medicina ha ido dando pasos agigantados para proporcionarnos mejor calidad de vida; sin embargo, en este trayecto no solamente ha intervenido la ciencia y tecnología, pues hasta la naturaleza ha hecho sus enormes aportaciones.

Hasta el año de 1969 era utilizado el fármaco de nombre «azatriopina» para realizar transplantes de órganos, pero no tenía la efectividad deseada ya que las tasas de éxito eran muy bajas por existir una gran cantidad de rechazos por el cuerpo de quien recibía el nuevo órgano; asimismo, no se había podido encontrar un fármaco inmunosupresor que fuera totalmente fiable, pero todo cambió cuando el biólogo Hans Peter Frey sin saberlo, pudiera cambiar el rumbo de la medicina y especialmente a los transplantes de corazón, al encontrar un elemento en la naturaleza que permitiría desarrollar la «cyclosporine».

Resulta muy interesante que durante un viaje a Noruega, este biólogo que trabajaba en la farmacéutica suiza SANDOZ, llevara al laboratorio una muestra de tierra que sería mezclada con otra proveniente de Wisconsin que permitiría encontrar un hongo denominado Tolupocladium inftatum, el cual, no contenía propiedades antibióticas útiles, pero demostró ser un excelente supresor de la respuesta inmune, justamente lo que se necesitaba para posibilitar los trasplantes.

En Apertura Intelectual te invitamos a conocer más sobre este tipo de historias detrás de los grandes descubrimientos en todos los rubros, ya que desde pequeñas acciones queda demostrado que se logran grandes éxitos. 

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