Ya chole con los que se quejan del encierro pandémico

Por: Rodolfo Munguía Álvarez

¿No le ha pasado usted, ansioso lector, despertarse de vez en vez y pensar que la pandemia ya acabó, para después sentirse desengañado por una aplastante realidad? Si alguna vez leyéramos estas líneas en el futuro, tal vez dentro de tres o cuatro años, nos sería difícil recordar que fueron escritas en una tercera alza de contagios por coronavirus en México. Sin embargo y, pese a todos los problemas que hemos vivido, no hemos sufrido una pérdida de nuestras libertades comparable con la que vivió Nelson Mandela. Aproximadamente en 2007 leí la autobiografía de Nelson Mandela titulada “El largo camino hacia la libertad”, publicada en nuestro país por editorial Aguilar. En aquella ocasión quedé profundamente impactado por la vida de un hombre quien, por mostrar su desacuerdo contra la pérdida de las libertades de la raza negra en Sudáfrica, fue apresado, juzgado y condenado a cadena perpetua en una de las cárceles más crueles que existían el siglo pasado. Mandela nos narra cómo aquel niño que fue, adquirió conciencia de la cruda realidad de la instalación del apartheid, lo cual le retumbó hasta lo más profundo de su ser, con consecuencias que marcaron su destino. Actualmente nos quejamos por las recomendaciones sanitarias de quedarnos en casa y nos olvidamos de gente como él, que injustamente pasó 27 años en la cárcel en condiciones muy difíciles, con una represión y los ojos de las autoridades sudafricanas permanentemente sobre sus hombros. Mandela, en vez de quejarse por su injusto encierro, luchó desde su encarcelamiento y de muchas formas encabezó el movimiento que provocó su propia liberación, lo que significó a la postre, el fin del apartheid y su llegada a la presidencia de su país. Esta conmovedora historia me hizo madurar en más de un sentido y comprender que hay pocos valores reales como la libertad, la dignidad y el tiempo. Sé que todos tenemos ganas de ver a la familia ampliada, y que confiamos en ellos y en su buen estado de salud a la hora de saludarles y decirles: “¿y ahora qué hacemos? Pues yo creo que nos damos un beso y un abrazo, no mi’jito, que ―hasta donde veo― te ves sanito, ¿verda?”; sin embargo, es tiempo de seguirnos cuidando y con ello, cuidando a quienes más queremos. Los libros nos permiten viajar al pasado, ir al futuro o hasta lugares fantásticos, y este libro nos permite dar un baño de realidad y esperanza, que tanta falta nos hace. Nos permite sensibilizar nuestros sentidos y replantearnos lo verdaderamente importante. Si usted ya leyó este libro, por favor coménteme qué le pareció al correo lector.frecuente@gmail.com y, si como yo, usted fue inspirado tanto a cambiar este mundo por uno mejor, uno en el que mis propios hijos puedan vivir. Si aún no lo ha leído, seguramente podrá encargar una copia en su librería de preferencia o comprar un ejemplar digital y leerlo mientras hace fila en un sinfín de establecimientos. Mandela es uno de esos símbolos de la humanidad y un líder moral sin tiempo, por ello fue acreedor al Premio Nobel de la Paz en 1993 y tiene asegurado un lugar muy especial en la historia no solo de Sudáfrica, sino del mundo entero. Gracias al espacio que me conceden en Apertura Intelectual para platicar un poco con usted y le invito a seguirme en Twitter como @GloopDr principalmente, si le gusta escribir o leer.

¡À la vous santé, monsieur!

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