El Derecho y la vida del hombre

Por: Luis Roberto Peralta Hernández

A lo largo de la historia, desde los antecedentes más remotos registrados en los albores de la humanidad, el hombre ha tenido la urgencia de unirse con sus semejantes; en primer término en función de la búsqueda de la satisfacción de sus necesidades básicas, como son: la alimentación que le permitiera subsistir (cacería de presas mayores o recolección de gran cantidad de insumos requiere de un esfuerzo colectivo), así como lo relacionado con  la reproducción para la perpetuación de la especie, y, en segundo término, la seguridad y aquellas proporcionadas por su raciocinio como lo son las necesidades de supervivencia, ya fuere para hacer frente a los fenómenos naturales, o  bien en contra de depredadores, considerando en éstos incluso, otros grupos de hombres.

Es por ello, que los seres humanos en la vida cotidiana se encuentran sujetos a dos tipos de leyes, las primeras denominadas naturales, por ser entes biológicos y que expresan el mundo del ser del hombre dentro de la naturaleza; las segundas denominadas sociales, por cuanto hace a la necesidad que tenemos nosotros de convivir con nuestros semejantes, constituyéndose así, el deber ser del hombre.

Fue precisamente en ese momento en que, al comenzar la vida en sociedad se requirió, de manera inevitable, el establecimiento de ciertos parámetros, ciertas reglas y la prescripción de ciertos comportamientos como ideales al interior de los incipientes grupos, que se consideraran además, como necesarios para poder lograr los objetivos tanto individuales como colectivos dentro de ese naciente núcleo social.

Esos parámetros o reglas necesarias, se constituyeron como el antecedente más remoto de lo que sería una norma que regulara la convivencia entre los miembros de ese grupo, sometiendo cualquier controversia que se suscitase entre ellos, a dirimirla bajo determinados criterios, por ejemplo a través de la ley del más fuerte, el más hábil, el de mayor experiencia, entre otros aceptados y adoptados por ellos, identificando, con el paso del tiempo, la necesidad de regular las conductas de los diversos actores de la sociedad para evitar caer en un caos, en una “anarquía” que trajera como natural consecuencia la  desaparición del hombre.

Con el paso de los años se logró la consolidación de la civilización, se fueron estructurando procesos racionales en todos los ámbitos de la vida de la humanidad, entre ellas, la creación de normas jurídicas y codificación de las mismas. La naturaleza del hombre lo ha llevado a expandirse y fue así como los grandes imperios imponían, además de su autoridad, sus leyes a los pueblos conquistados, es así como por ejemplo al día de hoy, muchas de las instituciones jurídicas del derecho romano se siguen aplicando dentro del sistema jurídico de nuestro país.

Todos nosotros, aunque no lo notemos, realizamos actos regulados por el derecho desde temprana edad; desde el mismo momento en que fuimos registrados al nacer y tenemos un acta de nacimiento, cuando al crecer acudimos a la tienda de la esquina a comprar un dulce, al inscribirnos para cursar cualquier nivel educativo, la visita al doctor, tramitar una identificación oficial, entre muchas otras actividades cotidianas que realizamos, nos permite analizar y distinguir que cada uno de esos actos (quizás simples), conllevan la existencia del derecho, de las normas jurídicas, vinculando además de la actividad, nuestra voluntad a determinadas consecuencias dentro del campo del derecho que influenciará y afectará la vida de los que en ellos participan así como la actividad del estado.

Todo ello, nos remite a una idea simple; ¿Qué sería de la vida de las sociedades si no existiera un ápice de derecho?, en mi opinión, sería un caos, caeríamos en la fatalidad, en la autodestrucción de la vida, no existiría un fin o un principio que permitiera que las relaciones de los humanos gozaran de seguridad, de certeza, etc.

En consecuencia, a la par de la evolución de la humanidad y de las sociedades, el derecho tendrá que ir evolucionando para afrontar las situaciones que se presenten, verbigracia, ¿Quién se hubiera imaginado hace 50 años, que a través de una “televisión (por citar un símil de la época, en realidad me referiría a una computadora)” la gente podría tener acceso a información de su cuenta bancaria?, qué con sólo apretar un botón podría comprar artículos; la tecnología nos alcanzó y se popularizó por ejemplo la internet, con ello, surgieron personas que vieron la forma de cometer delitos vía electrónica, reitero, era algo impensable; que nos depara el futuro, es algo incierto, sin embargo al presentarse en la realidad, el derecho y el Estado mismo tendrá que regularlo y nosotros ajustar nuestro comportamiento al respeto a la norma; así podremos imaginar la cosa más extraordinaria, pero en caso de presentarse, el derecho tendrá que, innegablemente regularla tal, quizás ocurrirá en cuanto a la clonación humana, viajes  espaciales, pandemias, la colonización de otros planetas, entre otros que, hasta ayer, sólo formaban parte de las historias de ciencia ficción.

“El Derecho consiste en tres reglas o principios básicos:

 vivir honestamente, no dañar a los demás y dar a cada uno lo suyo. 

Es el arte de lo bueno y lo equitativo”.

Ulpiano

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