La libertad de expresión.

Por: Luis Roberto Peralta Hernández

Como ya hemos comentado en aportaciones anteriores, los derechos humanos son algo que forma parte de la esencia del ser humano, son todas aquellas prerrogativas, derechos privilegios de los que todo miembro de la raza humana goza para el pleno ejercicio de su personalidad e inherente a su dignidad.

Esos derechos y prerrogativas son, desde luego, oponibles a los otros seres humanos, es decir, que todos y cada uno de los derechos con los que contamos, pueden y deben ser respetados por los demás, pero también, y lo más importante, por parte de las autoridades.

A lo largo de la historia de la humanidad, “el reconocimiento” de esos derechos ha dado lugar a infinidad de batallas, tanto físicas como legales. Los poderes estatales, de acuerdo con la ideología del gobierno en turno, han tenido que reconocer en sus textos legales o bien de manera tácita, esos derechos que se configuran como un triunfo de las sociedades.

Uno de los derechos que al día de hoy, en todos de los países, y que actualmente hemos sido testigos de su vulnerabilidad, es el derecho a ejercer la libertad de expresión.

Esta trascendental libertad alcanzó gran relevancia a partir de la revolución Francesa, ya que si bien, se consideraba que cualquier ciudadano podía ejercerla, manifestando lo que su voluntad le indicará, también cierto es que, en la realidad, esto ocurría mientras no se atacará al poder público, en cuyo caso procedía a la represión, siendo encarcelados en la famosa prisión de la Bastilla, lugar icónico para el movimiento armado.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación en nuestro país, ha señalado que éste consiste en: “el derecho de todo individuo de exteriorizar sus ideas por cualquier medio, no sólo verbal o escrito, sino por todo aquel que la ciencia y la tecnología proporcionan, con la única limitante de que quien emita su opinión no provoque situaciones antijurídicas como el ataque a la moral, a los derechos de terceros, cometa un delito o perturbe el orden público”.

Como lo hemos descrito la libertad de expresión, es un derecho fundamental inalienable, que por un lado permite, la participación activa de todos los ciudadanos en la vida pública y la enorme responsabilidad de las autoridades por respetar ese derecho y garantizar su pleno ejercicio como parte fundamental dentro de estado democrático.

Este importante derecho está consagrado dentro de nuestra Constitución Federal en el artículo 6.

En la actualidad de nuestro país, evidenciando una vez más el Presidente de la República su constante, su deseo por polarizar al país y enfrentar a la sociedad entre nosotros, utiliza todo el poder del Estado para crear dentro de su conferencia matutina diaria, una sección semanal denominada: “Quien es quien en las mentiras”, con lo que vulnera flagrantemente el derecho de expresarse por parte de aquellos que, en primer término no coinciden con su forma de pensar o bien, con las decisiones políticas y cursos de acción del gobierno.

Dentro de una sociedad democrática, un Estado que debería preponderar el libre ejercicio de los derechos de las personas, lo más oportuno, es que cada uno de nosotros obtenga información de distintos medios y que, a partir de ello nos podamos crear un criterio propio. Es claro que cada uno de nosotros tiene el derecho a expresar sus ideas, así como el mismo ejercicio de réplica tendrá de quien se habla, sea quien sea, sin embargo, considero que, al igual que las elecciones, el que menos debe tener injerencia en ello, es el gobierno para inclinar la balanza hacia un lado o hacia otro.

Lo que el gobierno debe mostrar son datos contundentes que desestimen los dichos, que a decir, de ellos mismos, carecen de veracidad o incluso como refirió la encargada de ésta “importantísima” labor digna de ser mencionada cada semana, acerca de una nota publicada por el diario Reforma, “la noticia no es falsa pero se exagera” en relación a un incremento en los costos del servicio de energía eléctrica.

Estamos todos, parece ser, ante una simulación en el ejercicio de la libertad de expresión, ya que quienes se dedican a informar tienen que hacerlo siempre  y cuando sea de lo que el gobierno quiere o como él quiere, bajo pena de censurarlos, ridiculizarlos, etiquetarlos, denostarlos y pretender crear otro frente de encono social. Organismos internacionales ya hablan acerca de la censura en prensa mexicana.

Considero además, necesario reiterar lo detallado en párrafos anteriores, la libertad de expresión no consiste únicamente en permitir que cada uno de nosotros tenga la oportunidad de manifestarnos, sino que también, existe la obligación del Estado para respetar ese derecho y crear las condiciones propicias para su desarrollo, como parte del ejercicio de los derechos fundamentales dentro de un estado democrático regido por  normas y leyes.

Desafortunadamente, al día de hoy nuestro país, es uno de los que cuenta con un mayor número de periodistas asesinados en el último año por reportajes relacionados con la delincuencia organizada. Acabar con ello, garantizar el ejercicio de la profesión periodística también forma parte del derecho a la libertad de expresión y ES OBLIGACIÓN del Estado.

“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”

François-Marie Arouet Voltarie

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