¡Cómo son buenos los gringos para hacer memoriales!

Por: Rodolfo Munguía Álvarez

¿A usted no le ha pasado, patriótico lector, sorprenderse por querer visitar algún memorial en Estados Unidos o en alguna otra parte del mundo? Porque, hay que aceptarlo ¡Cómo son buenos los gringos para hacer memoriales! Y ¡Cómo somos malos nosotros para abonar hechos históricos en nuestra memoria colectiva! En estos últimos días se acaba de conmemorar el atentado contra las Torres Gemelas de New York, ocurrido el 11 de septiembre de 2001. Éste si fue un hecho sin precedentes en la historia estadounidense, comparable ―solo en lo sorpresivo― con el ataque que recibieron en Pearl Harbor, con el cual inició la participación oficial de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Año tras año, he seguido en las noticias los eventos especiales que hacen para conmemorar esta fecha, e incluso, en la ahora denominada “Zona cero” crearon unas estructuras que ocupan la misma superficie que tuvieron las torres, pero ahora con unas cascadas de agua. Ya sé: en gustos se rompen géneros, habrá a quienes les gustan y a quienes no, pero desde la primera vez que las vi me dieron ganas de visitarlas. Imagínese, alrededor de cada cascada pusieron el nombre, en bajorrelieve, de cada una de las personas que ahí perdió la vida o se declaró como desaparecida tras los atentados, incluidos bomberos, rescatistas y miembros del departamento de policía de la ciudad de New York, bueno ¡hasta la tipografía me gustó! Desafortunadamente, me es inevitable comparar esta tradición que tienen para levantar monumentos y crear una narrativa de consuelo a las víctimas para atenuar el duelo que sufren sus familiares y amigos, con nosotros. Acá no tenemos esa tradición, hacemos uno que otro monumento, ponemos algún busto de bronce por aquí y por allá, esperando que no se lo roben. Seguramente recuerda uno de los más emblemáticos fracasos: la Torre Bicentenario de la Ciudad de México, edificada después de un concurso en Paseo de la Reforma y que ahora es conocida popularmente como la Suavicrema ¡ah jijo! Ese lugar no tiene ni una narrativa, ni una estética que nos permita asociarla con la gesta de Independencia de esta gran nación. Pero regresando al 11S, muy recomendable es el minidocumental que, a 20 años de la tragedia de las Torres Gemelas, ha lanzado Netflix: Punto de inflexión: el 11S y la guerra contra el terrorismo, en el cual, en pocos capítulos podemos ver distintas ópticas de un mismo hecho. Yo les invito a observar desde este ángulo cómo crean en ese país una narrativa que podría ser o no buena, pero al menos les es útil, ya que les permite sentirse orgullosos de lo que son, al visitar el memorial de la zona cero convirtiendo una tragedia, incluso en un centro turístico para tomarse la foto pal Face o el Instagram. Ojalá y en México tengamos algún día la capacidad de buscar narrativas ganadoras, que aún en la tragedia nos permitan levantar el ánimo de tantas víctimas, de tantos acontecimientos que han sucedido y seguirán sucediendo en nuestro país. Si ya vio este documental, platíqueme con Apertura Intelectual que le pareció, y si aún no lo ha visto, aproveche este fin de semana de fiestas patrias para ver, con una óptica más juiciosa, lo que han hecho en el país del norte, en busca de sanar cicatrices dolorosas; para ello le recuerdo mi dirección: lector.frecuente@gmail.com, en donde también podrá recomendarme algún libro. Ah, y no olvide seguirme en Twitter como @GloopDr.

¡À la vous santé, monsieur!

P.D. Dicha sea la palabra “gringo” con todo respeto, no se me vaya usted a ofender.

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