Matrimonio igualitario

Por: Luis Roberto Peralta Hernández

Como ya ha sido descrito en colaboraciones anteriores, el hombre comenzó a formar grupos sociales que le permitieran garantizar por un lado, la subsistencia y por el otro la perpetuación de la especie.

La unión de familias y la evolución de las mismas fueron piezas fundamentales para conformar la sociedad que hoy conocemos, sin embargo, esas uniones se realizaron en primer término de manera tácita para posteriormente establecer ciertos requisitos y formalidades ya fuere desde el punto de vista religioso o desde la perspectiva legal que diera certidumbre al acto.

Con el paso del tiempo, el matrimonio fue el medio que sirvió para concretar determinadas alianzas, conformar reinos con mayor poderío, limitar el acceso a ciertos círculos a personas que no “tenían” características comunes con la sociedad de ese entonces, por lo que intervenía más la voluntad de los padres que de los consortes, moviéndose otros intereses, siendo más cercano a una transacción mercantil con tintes económicos y políticos.

Del mismo modo, en algunas culturas y que al día de hoy pareciera increíble se siguen presentando, son los arreglos matrimoniales en los que los consortes se conocían el día de boda e incluso eran “obligados” a contraer matrimonio con una persona con quien no querían o bien, conocemos historias que cada familia cuenta en la que el bisabuelo o abuelo se “robo” a la abuela, ¿En dónde quedaba el poder de decisión de la mujer al ser arrancada, quizás en contra de su voluntad, del domicilio familiar para iniciar una vida con alguien que no tuvo la oportunidad de conocer y coincidir ?, cierto que no todas las historias fueron negativas, sin embargo no podemos dejar de reconocer ha sido una práctica común en nuestro país.

Pensaríamos que en la actualidad, el matrimonio y las limitaciones para elegir con quien contraerlo ya es cosa del pasado pero: ¿Será esto cierto?, ¿Seguimos teniendo ciertos prejuicios o restricciones para realizarlo?

En nuestro país, cada vez son más las parejas que deciden vivir con una persona sin que se establezcan las formalidades que marca la ley para considerarlo como un matrimonio; la evolución de la norma jurídica ha llegado al punto de reconocer con figuras jurídicas afines como el concubinato o las sociedades de convivencia. estableciendo los derechos, obligaciones y responsabilidades similares al matrimonio.

Atrás, queda la discusión bizantina acerca de si es jurídicamente correcto o no considerar al matrimonio como un contrato, situación que al pensamiento de su servidor no es y no debe ser considerado como tal por no contar con uno de los elementos esenciales de éste.

A nivel mundial, Dinamarca fue el primer país en 1989 en reconocer la unión civil entre personas del mismo sexo y para 2012 el matrimonio como tal, y fue Holanda (Países Bajos) el primer país en reconocer el matrimonio en 1998 y permitir la adopción en el año 2000 para personas del mismo sexo.

En nuestro país, fue el entonces Distrito Federal de los primeros integrantes de la Federación en reconocer a través de la llamada Ley de Convivencia de 2006 derechos, obligaciones y responsabilidades para vínculos entre personas del mismo sexo bajo la siguiente tesitura: “Articulo 2.- La Sociedad de Convivencia es un acto jurídico bilateral que se constituye, cuando dos personas físicas de diferente o del mismo sexo, mayores de edad y con capacidad jurídica plena, establecen un hogar común, con voluntad de permanencia y de ayuda mutua”.

El 29 de diciembre de 2009 se publicó el “Decreto por el que se reforman diversas disposiciones del Código Civil para el Distrito Federal y del Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal”, el cual entró en vigor el 4 de marzo de 2010, en éste instrumento jurídico se dieron a conocer una serie de modificaciones como por ejemplo, la conceptualización de matrimonio al reconocerla como la unión entre dos personas, anteriormente sostenía, ser la unión entre hombre y mujer, con ésta, al parecer simple modificación, se permite que las personas del mismo sexo puedan contraer matrimonio y permite una relación con mayores derechos que las que se establecían en las Sociedades de Convivencia descritas en el párrafo que antecede.

Por cuanto hace al matrimonio el Estado de México, en su Código Civil vigente en su artículo 4.1 bis, define al matrimonio como: “una institución de carácter público e interés social, por medio de la cual un hombre y una mujer voluntariamente deciden compartir un estado de vida para la búsqueda de su realización personal y la fundación de una familia”. Como podemos apreciar nuestra entidad si establece como requisito que sea entre un hombre y una mujer.

Al día de hoy 21 Estados de la nación mexicana permiten el matrimonio entre personas independientemente de su sexo biológico, ya sea por que así lo determinan sus legislaciones locales o bien por vacíos legales que bajo criterio emitido por la Suprema Corte Justicia de la Nación así lo establece, no siendo el caso del Estado de México.

Si bien es cierto, el reconocimiento a los Derechos Humanos de la comunidad LGBTI+ en nuestro país ha avanzado y sobre todo con respecto países que en pleno siglo XXI siguen siendo mancillados, el camino al reconocimiento jurídico de éstas prerrogativas todavía dista mucho de concluir y todos debemos ser partícipes de ésta evolución.

Como siempre comparto en la colaboración semana estimado lector, usted tiene la última palabra.

“Yo estaba en contra del matrimonio gay, hasta que me di cuenta que no tenía que conseguir uno”

James Carville

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