El divorcio

Por: Luis Roberto Peralta Hernández

Dentro de la anterior colaboración, en el pensamiento de su servidor corrió la idea de hablar acerca del divorcio, al comenzar la redacción del mismo vinieron a mi memoria las sabias palabras de un docente que me impartió clases en la universidad que decía que la primera causal de divorcio era el matrimonio pues sin el uno no podía ser el otro, que razón tenía, el tema tan amplio del matrimonio y todas sus aristas fueron abarcando más y más espacio por lo que deje para la siguiente colaboración, la presente, el tema en específico del divorcio.

El divorcio es definido por la ley como la disolución del vínculo matrimonial que deja en aptitud de las partes para contraer otro. Como podemos apreciar, ésta figura jurídica tiene por objeto realizar los trámites pertinentes, por medio de los cuales se logre dar por concluido éste con las consecuencias jurídicas y responsabilidades adquiridas por medio del matrimonio.

En su momento dentro de la legislación civil a decir de la teoría, buscando preservar la familia, se establecían ciertos candados que impidieran, o por lo menos frenaran, el proceso de divorcio, entre ellos las llamadas causales que eran ciertos requisitos o condiciones cuya existencia debían quedar demostradas por parte de quien quisiera disolver el vínculo matrimonial ante el Juez, que a su vez determinaba si se actualizaba (existía o no) y por ende si procedía o tenían que seguir casados.

Dentro de las causales contempladas por la ley de la materia encontrábamos por ejemplo: el adulterio debidamente probado, la propuesta de prostituir a la mujer, separación del hogar conyugal por más de seis meses sin causa justificada, amenazas o injurias graves, entre muchas otras, que dadas las características determinadas por la ley, de no ser comprobadas, las partes debían seguir unidas en matrimonio por más tiempo aun en contra la voluntad de quien la promovía.

Posteriormente, diversas entidades del país comenzaron a reformar sus legislaciones a efecto de preponderar la voluntad de las partes, que por motivos de seguridad personal, falta de entendimiento o simplemente por falta de interés siguieran unidos matrimonialmente a otra persona que no estaba dispuesta a disolver el vinculo matrimonial o pedir algún beneficio a cambio de ello, en ocasiones, la práctica llevaba a realizar trámites cuya existencia no era del todo fidedigna o bien, la redacción de demandas de divorcio bien podían ser consideradas como parte de la trama para los melodramas característicos de la televisión mexicana con cierta (o gran) dosis de exageración y que, a larga confrontaba mayormente a la partes haciendo los juicios más extensos y desgastantes para las familias que se terminaban enfrentando de peor manera, siendo los hijos quienes sufrían las consecuencias.

La legislación vigente en el Estado de México clasifica las formas de divorcio en incausado (mal llamado divorcio exprés), voluntario, administrativo y notarial.

La diferencia entre el divorcio incausado y el voluntario radica en que el primero es solicitado por cualquiera de los cónyuges por voluntad propia sin que exista realmente alguna causa que lo motive o justifique, mientras que en el segundo es por común acuerdo de las partes.

El divorcio seguido ante Notaria Pública se presenta cuando de común acuerdo acuden ante el Notario, para que a través de convenio de divorcio asentado en escritura pública disuelvan el vínculo matrimonial, siempre y cuando no tengan hijas o hijos menores de edad o mayores sujetos a tutela y hubieren liquidado la sociedad conyugal, si la hubiere.

El divorcio administrativo se presenta cuando ambos cónyuges convengan en divorciarse, no tengan hijos menores de edad o mayores sujetos a tutela y hubieren liquidado la sociedad conyugal, si la había, deberán ocurrir personalmente ante el Oficial del Registro Civil del lugar de su domicilio o donde fue celebrado el matrimonio, siempre y cuando se encuentre inscrito en el territorio estatal.

Para el caso del divorcio voluntario o por mutuo consentimiento, la legislación establece la necesidad de presentar una solicitud por escrito ante el Juez competente acompañando a tal petición copia certificada del acta de matrimonio, copia certificada de acta de nacimiento de los menores si los hubiere y un convenio que en términos de lo que establece el Código Civil.

El convenio en comento, podrá contener todos y cada uno los puntos de acuerdo que consideren las partes, ya que además dentro del procedimiento el Juez determinará cuales de ellas se ajustan a derecho, sin embargo, si es requisito que contengan el domicilio que servirá de vivienda para cada uno de los cónyuges durante la tramitación del procedimiento, la cantidad que por concepto de alimentos habría de darse entre cónyuges, la forma de hacer y garantía de los mismos; guardia y custodia así como el régimen de convivencia con los hijos durante y posterior a la conclusión del procedimiento, los alimentos que se habrán de considerar para los hijos (durante y posterior a la disolución, monto, forma de pago, etc.) y la manera en como se administrarán los bienes de la sociedad conyugal durante la tramitación del juicio y en su caso la propuesta de reparto para la disolución de la misma.

El Juez ante quien se promueva el divorcio emitirá una resolución que lo decrete y remitirá copia certificada al Oficial del Registro Civil ante quien se celebró el matrimonio, para que a costa de los interesados se realicen los asientos correspondientes. Posteriormente el propio Oficial del Registro Civil, extenderá el acta de divorcio en la que se anotarán los datos generales de los divorciados, los datos relativos del acta de matrimonio, así como la parte resolutiva de la sentencia que haya decretado el divorcio.

Todos aquellos que por nuestras mentes ha pasado la idea de contraer matrimonio, lo hacemos con la firme ilusión de que será, sino para siempre, pero si duradero, poniendo el empeño, en mayor o menor medida que nuestra pareja, para fijar objetivos comunes, fundar una familia, convivir plenamente, sin embargo, a lo largo del camino nos damos cuenta que, en ocasiones, desafortunadamente las condiciones de pareja no dan para ello, siendo totalmente válido tomar cada quien su camino, ya que quizás el único y verdadero propósito que cada uno de nosotros debería tener en la vida es ser feliz de la manera que mejor lo consideremos, sin caer en egoísmo, asumiendo las responsabilidades que de nuestros actos se hayan generado no solo moralmente sino acorde a lo que ciencia jurídica determina. Se dice que una persona realmente conoce a su pareja hasta el juicio de divorcio.

Así como comenté al inicio de la presente colaboración, estimado lector al desarrollar y planear éste amplísimo tema, consideré necesario hablar acerca de la pensión alimentaria así como de la guarda y custodia de los hijos para el caso del divorcio, sin embargo el espacio ha quedado corto, por lo que queda la tarea personal para su servidor de que, esperando contar con su lectura en la siguiente colaboración, se aborden éstas figuras jurídicas sumamente vinculadas con el presente tema.

“El divorcio probablemente se remonta a la misma época del matrimonio. Yo creo, sin embargo, que el matrimonio es algunas semanas más antiguo”

François-Marie Arouet (Voltaire)

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