Derechos de la propiedad intelectual

Por: Luis Roberto Peralta Hernández

Una de las características que, a decir de la teoría evolucionista, posee el ser humano y que lo distingue de los demás seres vivos es el raciocinio.

El ser humano ha sido el único ser vivo que a lo largo de su presencia por los senderos de nuestro planeta, ha tenido la posibilidad de dejar huellas voluntarias que traspasen el tiempo y el espacio de su andar cotidiano; la evolución de nuestra especie, ha traído consigo la posibilidad y la capacidad de generar cultura y que también, pueda lograr la aplicación de pensamientos concretos a su realidad para la creación de nuevos conocimientos que a su vez, se traduzcan en la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida.

La imaginación y la inventiva le ha permitido al hombre, sortear grandes dificultades como herramienta para la creación pero también como arma para la destrucción, dejado testimonio inequívoco de su evolución; significando un antes y un después, abriendo y cerrando ciclos de una era, como lo fueron: el descubrimiento de la agricultura, la invención de la rueda, los procesos de creación de ciudades y templos, la ilustración, la revolución industrial, la bomba atómica, la era digital, entre muchos otros momentos en la historia de la humanidad.

El conocimiento y la aplicación del mismo ha trascendido como parte de la cultura de generación en generación por distintos medios como procesos cotidianos, los oficios propios de una familia que pasan a sus descendientes quienes idean modificaciones o mejoras, el arte, las canciones, narraciones, descubrimientos científicos, ya sea por la aplicación de alguna etapa nueva dentro de un proceso, un acontecimiento fortuito o bien, por la creación de herramientas, maquinaria e instrumentos que surgen de una necesidad y que constituyen la respuesta de la inteligencia humana para su satisfacción.

Nosotros de manera cotidiana, escuchamos una canción, vemos una película o serie de televisión, utilizamos herramientas digitales, tan necesarias en la vida contemporánea como son los smartphones, las computadoras, utilizamos vehículos cada vez más inteligentes, llenos de tecnología que permiten por ejemplo, el estacionarse o conducirse solos a través de la llamada IA (Inteligencia Artificial). Todos ellos son, el resultado de la actividad intelectual del ser humano.

Pues bien, como lo hemos compartido en este espacio dentro de anteriores colaboraciones, el ser humano y las actividades que realiza, no pueden ni deben estar alejadas de un marco jurídico que permita su conducción, visto de otro modo, ante cualquier actividad que realiza el ser humano, ésta tendrá que estar necesariamente regulada por la ciencia jurídica.

Dentro de las ramas del derecho encontramos una sumamente importante que estudia lo anteriormente descrito y que se denomina Derecho de la Propiedad intelectual.

La propiedad intelectual la podemos entender como: Toda creación que es producida por la mente humana en los campos científicos, literarios, artísticos o industriales.

El objetivo de la tutela de la propiedad intelectual es proteger las invenciones mediante el establecimiento de los derechos que por la vía legal, son entregados por parte de un Estado por un periodo de tiempo determinado, buscando valorar y recompensar el esfuerzo innovador que dé la oportunidad de promover y difundir el conocimiento, pero también otorgue la posibilidad a sus creadores de que se apropien, gestionen y obtengan beneficios económicos de sus invenciones.

Desde el punto de vista legal, la propiedad intelectual se divide en dos grandes apartados que son los derechos de la propiedad industrial y los derechos de autor.

En la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial, reglamentaria del artículo 28 Constitucional y en concordancia con los tratados internacionales de la materia, se protege lo relacionado con: patentes de invención, registros de modelos de utilidad, diseños industriales, secretos industriales, esquemas de trazado de circuitos integrados, certificados complementarios, marcas, marcas colectivas o marcas de certificación; publicar nombres comerciales.

En dicha ley faculta al Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) para conducir el trámite y en su caso, ser la autoridad encargada de otorgar los derechos correspondientes a ese rubro.

Toda solicitud o promoción dirigida al Instituto, deberá presentarse por escrito y redactada en idioma español. Los documentos que se presenten en idioma diferente deberán acompañarse de la traducción respectiva.

Las solicitudes o promociones deberán ser firmadas por el interesado o su representante legal y en su caso, estar acompañadas del comprobante de pago de la tarifa correspondiente.

Al finalizar el proceso correspondiente, la autoridad emitirá el Título respectivo que ampare el derecho solicitado, siendo como ya fue descrito anteriormente de manera temporal y dependerá del registro, por ejemplo: la patente podrá ser hasta por 20 años, los modelos de utilidad 15 años, diseños industriales 5 años renovables hasta 25, el nombre comercial por 10 años renovables por periodos de la misma duración, etc.

Por otra parte tenemos, como ya lo habíamos mencionado a los Derechos de Autor, que a decir de la ley Federal de la materia, igualmente reglamentaria del artículo 28 Constitucional, tiene por objeto la salvaguarda y promoción del acervo cultural de la Nación; la protección de los derechos de los autores, de los artistas intérpretes o ejecutantes, así como de los editores, productores y de los organismos de radiodifusión, en relación con sus obras literarias o artísticas en todas sus manifestaciones, sus interpretaciones o ejecuciones, ediciones, fonogramas o videogramas, emisiones, así como de los otros derechos de propiedad intelectual.

La propia ley define al Derecho de Autor como el reconocimiento que hace el Estado en favor de todo creador de obras literarias y artísticas previstas en la Ley, en virtud del cual otorga su protección para que éste goce de prerrogativas y privilegios exclusivos de carácter moral (reconocimiento de la autoría) y patrimonial (la posibilidad de obtener ganancias) de su resultado intelectual.

La ley, reconoce con respecto a los derechos de autor, a las obras agrupándolas dentro de las siguientes ramas: Literarias; Musicales, con o sin letra; Dramáticas; Danza; Pictóricas o de dibujo; Escultóricas y de carácter plástico; Caricaturas e historietas; Arquitectónicas; Cinematográficas y demás obras audiovisuales; Programas de radio y televisión; Programas de cómputo; Fotográfica; Obras de arte aplicado que incluyen el diseño gráfico o textil, y de compilación que se integra por las colecciones de obras, tales como las enciclopedias, las antologías, y de obras u otros elementos como las bases de datos, siempre que dichas colecciones, por su selección o la disposición de su contenido o materias, constituyan una creación intelectual.

Es importante mencionar que la ley de la materia, considera que los derechos de Autor son susceptibles de formar parte de una herencia.

La protección de los derechos de autor por parte de la ley de la materia, se conceden desde el momento en que hayan sido fijadas en un soporte material, sin que exija la necesidad de registro de ninguna especie, sin embargo, dentro de nuestro sistema jurídico se contempla al Instituto Nacional de Derechos de Autor (INDAUTOR), quien tiene dentro de sus atribuciones, la conducción del trámite de registro de la Obras así como el de extender el certificado de autoría una vez realizado el trámite correspondiente.

Para poder realizar el trámite antes mencionado, se requieren presentar dos ejemplares de la obra, la solicitud de registro que se descarga de la página del propio instituto y el pago de derechos correspondientes ante el instituto.

Como podemos apreciar, el esfuerzo intelectual del ser humano por crear, debe estar respaldado por el Estado para qué en primer término, se incentive la creación de nuevos conocimientos que permitan la inversión privada, generación de empleos, el desarrollo económico, pero también propiciar y reconocer al arte como expresión de la cultura de un pueblo y que además favorezca el desarrollo integral del hombre y permitirle, a decir de Maslow, alcanzar la autorealización.

“El desarrollo del hombre depende fundamentalmente de su invención. Es el producto más importante de su cerebro creativo. Su objetivo final es el dominio completo de la mente sobre el mundo material y el aprovechamiento de las fuerzas de la naturaleza en favor de las necesidades humanas”.

Nicolás Tesla

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.