Un país unido por el deporte

Por: Luis Felipe Aguilar Palafox

El año de 1995 será recordado por todo el mundo y en especial por los sudafricanos no sólo por la organización de un gran mundial de rugby, sino por los efectos políticos que tuvo.

Sudáfrica vivió bajo el “Apartheid”, que era un sistema de segregación racial y estuvo en vigor hasta 1992. 

Nelson Mandela fue líder pacifista y contrario al sistema, hecho que lo llevó a estar en prisión durante 28 años.

Al erradicarse el sistema, Mandela fue elegido presidente de Sudáfrica en 1994, pero el país seguía muy dividido en ideas y aún con manifestaciones grandes de racismo; por lo que el gran reto era como derribar esas barreras y lograr una unión entre los habitantes.

La solución.

La sede para el mundial de rugby de 1995 fue otorgada a Sudáfrica, hecho que Mandela aprovechó para buscar esa unión tan anhelada.

La selección sudafricana era conformada sólo por blancos a excepción del mulato Chester Williams, en parte esto hacía que el equipo fuera considerado como un símbolo de la denominación blanca del país.

Fue así como Mandela convenció al capitán del equipo, Francois Pienaar, a ganarse el respeto de la afición negra.

Uno de varios cambios que hicieron los Springboks (así se le conoce al equipo nacional de rugby de Sudáfrica), fue cambiar su propio himno para entonar el que desde décadas atrás utilizaban los negros en las manifestaciones contra los blancos.

El resultado.

El impacto fue inmenso, y se logró que todo el país pusiera sus ojos en el mundial de rugby apoyando a los Springboks.

En el partido semifinal contra Francia, Sudáfrica obtuvo una apretada victoria y todo el estadio se puso de pie sin importar la raza ni estatus.

La final.

De esta forma Sudáfrica llegó a la final enfrentando al gran favorito Nueva Zelanda, siendo desfavorecido por los conocedores, pero con toda la esperanza de un país en los hombros.

Mandela asistió al Ellis Park a presenciar la final vistiendo la camiseta de los Springboks con el número 6 del capitán Pienaar, bajó al campo para saludar uno a uno a cada jugador del equipo, emocionando así al entrenador y ganándose el afecto de la afición blanca en ese histórico momento.

Aquí el resultado del partido realmente ya no importaba, el rugby ahora de todos y todos apoyarían al equipo hasta el final unidos por la misma causa.

Sin embargo, los Springboks lograron imponerse a los favoritos All Blacks, que confesaron sentirse apabullados con las vibraciones de los gritos del público.

La imagen de Pienaar levantando el trofeo significó no sólo el fin del torneo, sino el fin del “Apartheid”, hecho que logró unir a un país bajo la democracia y la libertad.

Twitter @aguilarpalafox

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