5 de febrero de 2022. Aniversario 105 de la promulgación de nuestra Constitución Federal. (Primera parte)

Por: Luis Roberto Peralta Hernández

Estimados lectores, como ya ha sido comentado dentro de este espacio en anteriores colaboraciones, la constitución de un país, para el caso del nuestro llamada Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, es el máximo texto dentro del sistema normativo, ¿por qué?, puesto que es nada más y nada menos, el documento jurídico que dará vida al estado mismo y que a su vez dotará de legalidad a todo y a todos.

Si pudiéramos a muy grandes rasgos, realizar un símil que fuese fácil de comprender, la constitución de un país sería como el acta de nacimiento de un individuo, en ella nos refiere, como se va a llamar, cuando nació, cuanto mide y cuanto pesa (quienes la integran o elementos que le conforman, así como las características que le identifican). Las constituciones tienen un origen y un antecedente (como el dato de los abuelos del recién nacido) y la firma de quienes dan testimonio del nacimiento y del registro de este nuevo ser.

Dejando a un lado el romanticismo, si se me permite la expresión, la constitución de una nación, además de los datos que fueron detallados en el párrafo anterior, cuenta con las decisiones políticas fundamentales y aspiraciones de un pueblo, establece los derroteros, misiones, previsiones y posibles soluciones a problemáticas que se espera sean resueltas por éste máximo ordenamiento legal por sí o a través de las demás leyes e instituciones que de la misma emanen, que en ella y partir de ella se logren responder a los acontecimientos presentes y futuros que, dentro de la sociedad que la nutre y le da vida se presenten, siendo el faro que los guíe hacia una nueva realidad.

Dentro de la teoría del constitucionalismo y en la historia misma de la humanidad, se reconocen distintas formas en las cuales una constitución puede nacer, entre las que encontramos las que resultan de pactos entre gobernantes y gobernados; otras que nacen de un conflicto armado como fue la nuestra en 1917 con la promulgación de la que actualmente nos rige y que dio fin a la Revolución Mexicana; sin embargo considero oportuno estimado lector, que a partir de éste momento realicemos un breve recorrido por aquellas normas supremas que ahora sólo son parte del derecho histórico de nuestro país.

Como ya sabemos, situación que ha sido comentada del mismo modo dentro del presente espacio, con el llamado descubrimiento de América por parte Cristóbal Colón, comenzaron una serie de expediciones al nuevo continente de algunas de las monarquías europeas reinantes en las que decretó bajo la intervención de la iglesia católica, los territorios que cada quien habría de colonizar así que, el que actualmente forma parte de nuestro país, correspondió a la Corona Española, quien a través de personajes como Hernán Cortés de manera bélica, terminó con los reinados y la organización social de los pueblos originarios, imponiendo por supuesto la legislación y las instituciones jurídicas de la península ibérica en estos territorios, éste periodo de la historia del país conocido como la época de la Colonia se extendió hasta 1821 con la consumación de la independencia, en ella, no podemos considerar la existencia de un Constitución per se de nuestra nación derivado de la organización política que en aquel entonces se tenía.

Se considera que el periodo jurídico del México independiente, comienza de manera formal con la firma del Acta de independencia del 28 de Septiembre de 1821, una vez consumada la independencia de nuestro país, se requería de dotar de un ordenamiento máximo que rigiera al incipiente estado mexicano quien aún tenía pugnas internas sobre la forma de gobierno que se habría de adoptar, pasaron pocos años cuando el 4 de octubre de 1824 entró en vigor la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos que en su texto recopilaba los principios de la Constitución de Cádiz y de Apatzingán, los Tratados de Córdoba y el Plan de Iguala pero con hondas similitudes con las ideas proclamadas en la Constitución de nuestro vecino del norte promulgada en 1787.

Para el 30 de Diciembre de 1836 se publicaron las denominadas Leyes Constitucionales, llamadas comúnmente las Siete Leyes de 1836 conteniendo 217 artículos entre los que destacaba la instauración de una República Central, representativa y popular.

Más adelante, ya el 14 de junio de 1843, se publicaron las llamadas Bases de la Organización Política de la República Mexicana, cuyo texto se dividió en 11 títulos que contenían 202 artículos cuya principal característica fue precisamente la modificación de la organización estatal, centralizando aún más el poder llevando a algunas entidades a oponerse buscando la autonomía e independencia del pacto federal.

El 5 de Febrero de 1857 se publicó la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, la cual constaba de 128 artículos que, basándose en gran medida en la Constitución de 1824 enfrentó a liberales y conservadores quienes buscaban imponer su ideología dentro de la nación teniendo entre otras consecuencias la Guerra de Reforma entre 1856 y 1861).

Ya para el 5 de febrero de 1917 como consecuencia y buscando poner fin a la lucha de la Revolución Mexicana, el entonces Presidente de la República Venustiano Carranza Garza en el «Teatro de la República» de la Ciudad de Querétaro, promulgó la llamada Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, texto que se compone de 136 artículos en los que, como ya ha sido mencionado anteriormente se busca establecer el orden jurídico del país, establecer los derechos, obligaciones y deberes de los gobernados así como limitar el ejercicio de los poderes constituidos.

Como podemos apreciar por este breve, pero muy breve recorrido por las Constituciones y leyes fundamentales que han regido nuestro país, cada una de ellas forma parte de la historia viva de la nación, ha tenido un cómo y un porqué de su vida, de su fin, lo innegable es que cada una de ellas ha buscado redimensionar al estado mexicano, tratar que en sus principios e ideales se solucionen dinámicas sociales necesitadas de sentirse atendidas, el problema quizás no sea sólo la ley, ni las autoridades y gobernantes encargados de ejecutarla, ni nosotros como ciudadanos que la infringimos de manera recurrente abusando de lo que nos ofrece pero no comprometiéndonos a respetarla, el problema somos todos.

Estimado lector, éste tema da para mucho, mucha más, quedándose en el tintero las constantes reformas que ha sufrido nuestra ley suprema en sus ya casi 105 años de vida, será momento de reformarla estructuralmente para que responda a las dinámicas del México moderno o quizás tendríamos la peligrosísima necesidad de crear una nueva, ¿Existirán actualmente las condiciones políticas para ésta última hipótesis?; espero me acompañen con su lectura dentro del presente espacio en la próxima colaboración de su servidor en donde compartiré mi opinión con respecto a ello, dejándoles una breve tarea que ojalá me pudieran compartir. A priori ¿usted qué opina?

“Para ser libre no basta quererlo, sino que es necesario también saberlo ser”

Venustiano Carranza

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