5 de febrero de 2022. Aniversario 105 de la promulgación de nuestra Constitución Federal. (Segunda parte)

Por: Luis Roberto Peralta Hernández

En la colaboración anterior, compartía con usted estimado lector, la importancia que la constitución reviste para el sistema jurídico de cualquier país al ser la fuente natural de la que nace toda norma jurídica, que a su vez, dotará de poder a cada acción que realice la autoridad en el ejercicio de sus funciones sirviendo en consecuencia, del límite para ellos y por ende el cúmulo de derechos, obligaciones y responsabilidades para los gobernados.

Dentro de la colaboración anterior consideré oportuno realizar algunas reflexiones para compartir con usted, sin embargo, por el espacio y la necesidad que vislumbré la necesidad de dividir el tema, dada la trascendencia de éste interesantísimo tema en dos partes.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (nombre formal de nuestra ley suprema) nació como culmen del conflicto armado relacionado con la Revolución Mexicana, como es bien sabido, en la parte final del siglo XIX y principios del XX, la sociedad de nuestro país vivía en situación de extremo a extremo, donde las condiciones laborales eran sumamente precarias, injusticias sociales y políticas amalgamadas por una dictadura de cerca de 30 años que sumía en el ahogo a gran parte de la población, que vio la toma de las armas como un remedio para la opresión de distintos frentes.

En 1917 vio la luz una Constitución mexicana moderna, donde bien se recogían postulados y forma de gobierno similar a lo consagrado por sus antecesoras, contaba con políticas sociales justas, vanguardistas recibiendo grandes loas por parte de distintos juristas de otros países por ser la primera a nivel mundial en consagrar a los derechos sociales en sus textos, a través de la implementación de planes y políticas públicas en favor de los grupos sociales históricamente en desventaja que fueron estandarte de los principios revolucionarios.

La Constitución debe ser vista como un organismo vivo que cambia, que se nutre, que crece y que quizás en algún momento tendrá que morir. El texto original de nuestra carta magna contaba (al igual que el actual) de 136 artículos agrupados en 9 Títulos y anexada por 16 transitorios. Desde su entrada en vigor, el 1° de mayo de 1917, a la fecha ha sufrido poco más de 600 reformas de distinta índole, algunas simples y algunas otras de fondo como la de 2011; sin embargo, solamente 22 de sus artículos no han sufrido modificaciones con respecto al texto original.

Desde el punto de vista de la ciencia jurídica existen diferentes clases de constituciones, algunas de ellas como la norteamericana, no requieren en si de reformas, sino que más bien se les denominan enmiendas, en las cuales al texto original cada vez que se considera necesario se agrega lo pertinente; existen otras cuyo texto prevé su revisión cada determinado tiempo.

La mayoría de los países cuentan con constituciones de reciente creación en las que, dentro de sus textos contemplan conceptos tales como energía nuclear, genética humana, procedimientos para el manejo de células y clonación, entre muchos otros que son importantes para las sociedades actuales, así como la interacción de los países en los distintos bloques económicos y su interacción en mercados globales que quizás nuestro texto supremo podría adoptar o bien ¿Deberíamos de considerar una nueva constitución?

Dentro de la ciencia jurídica se considera necesaria la participación activa de 2 personajes trascedentes para el establecimiento de una constitución, la primera a quienes se le denomina el poder constituye o constituyente original y los segundos que son los poderes constituidos. Los primero de ellos son, en primer término, representantes del pueblo (no quienes ya gozan de un determinado poder dotado por las legislaciones actuales, pudiendo ser estudiosos, académicos reconocidos en distintas áreas, miembros de sociedades o asociaciones civiles, entre muchos otros) que tienen la difícil tarea de plasmar los principios jurídicos, éticos y organizacionales sobre los que se sustentará la vida del país.

La principal función del poder constituyentes es discutir y crear la constitución, una vez cumplida su función desaparecerá para dar entrada a los poderes constituidos que serán los que nazcan del ejercicio práctico del texto aprobado y que, deberán o deberían no haber formado parte del constituyente para garantizar el no auto otorgarse un poder superior o desmedido, establecer límites congruentes al ejercicio de su poder.

La tarea de crear una nueva constitución no es fácil, implica entre muchos factores, el considerar la modificación de todas y cada una de las legislaciones que de ella nacerán o bien, a decir de Kelsen, adquirirán (tanto las leyes como las atribuciones y actuaciones de las autoridades) de validez jurídica otorgada por la norma suprema. Esta idea, de una constitución nueva que termine con muchos de los vicios y problemáticas de vida actual, no es algo que esta surgiendo en éste momento, es una idea que ha venido dando vueltas en muchos de los actores políticos de la actualidad, sobre todo a partir del ejercicio realizado precisamente en la CDMX con la discusión y aprobación de su primera constitución local en 2017.

En el actual sexenio, de manera recurrente se ha buscado, y en algunos casos logrado, modificar la Constitución yendo en contra de los principios fundamentales bajo los cuales fue concebida, la lucha quizás mediática entre liberales y conservadores (siendo el titular del Ejecutivo Federal contrario a lo que se autoproclama, el ejemplo claro del conservadurismo, tema que será abordado si se me permite en otra colaboración) me hace pensar que éste sería el momento más inoportuno para pensar en nueva ley suprema.

En nuestro país, a decir de muchos compañeros estudiosos de la ciencia jurídica tanto nacionales como extranjeros, se ha abusado de la legislación, pretender que todo lo que ocurre o pueda ocurrir se encuentre detallado de manera explícita en la ley es imposible, pensar que la Constitución y las leyes de nuestro país no sirven es quizás por el abuso que las propias autoridades han hecho de ella, dejando a un lado los principios y valores como la justicia, la legalidad, la libertad y el respeto por los derechos de los demás que toda norma jurídica deben llevar insertos en su esencia, por nacer de la racionalidad del hombre.

La Constitución de un país es precisamente eso, el cúmulo de aspiraciones, ideales, objetivos, metas a lo que se pretende aspirar y conseguir con base en el respeto estricto a los derechos los hombre y el compromiso de quienes tiene el deseo válido por ser participes y guías del desarrollo colectivo, atrás deberían dejar quienes ocupan cargos públicos el ego, embelesarse por el poder y comprender de manera humilde que son quienes sirven a los demás por el orgullo de ser participe de una verdadera trasformación no de dicho sino de hecho. Nuestra ley suprema debe ser algo de que debamos sentirnos orgullosos, que nos da la identidad de mexicanos, encontrar el sentido de hacia donde quiere ir nuestra nación y comprendiendo que somos partícipes de ese proceso.

Contaba un docente de la maestría que había un famoso constitucionalista mexicano, autor de muchos libros de derecho constitucional del cual me reservo el nombre porque no me consta el dicho pero se me hizo muy interesante y me gustaría compartir, refería el jurista: “Quiero más a la Constitución que a mi mujer, por que me ha dado de comer más veces la primera que la segunda”.

Entendamos a la Constitución, valoremos que es el fruto de un largo peregrinar del camino de nuestro país en la historia (reflexionando como lo realizamos en la colaboración anterior, como cuando nuestros abuelos nos contaban como fue su infancia y como era su población, a que se dedicaban su papá y su transitar por la adolescencia), entendamos su contenido y ejerzamos los derechos que nos otorga con responsabilidad y cumplamos con lo que nos ordena por el bien de todos.

“La Constitución es la piedra angular de todas nuestras libertades; guárdala; cuídala; mantén el honor y el orden de tu propia casa, y la República perdurará”

Gerald Ford

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Un comentario en “5 de febrero de 2022. Aniversario 105 de la promulgación de nuestra Constitución Federal. (Segunda parte)

  1. Muy interesante saber de nuestra constitución pero me hago una pregunta, realmente la han entendido los que tienen el poder? Que han hecho de ella? Creo que la han utilizado y modificado a su conveniencia y el pueblo, que pasa con él. Gracias Luis Roberto. Me encantó tu exposición

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