Un consejo cliché pero de corazón, para la muchedumbre

Por: Rodolfo Munguía Álvarez

¿A usted no le ha pasado, fantástico lector, admirar tanto a algún personaje de ficción que ha llegado a considerar su vida como genial? Para mí hubo dos personajes de ficción que lograron eso en mi cabeza cuando era niño: el primero fue Han Solo, de la película Star Wars, (ya sé, no se burle: tenga apertura intelectual) y el segundo fue el conde de Montecristo, de Alejandro Dumas. Justificar el por qué se me hace genial Han Solo, es justificar una obviedad, valga decir que tenía una nave clásica por él modificada y recorría todo el universo con un dejo de valegorrismo. Pero, sobre El conde de Montecristo” de Alejandro Dumas, padre ―el hijo fue el autor de la novela La dama de las camelias― yo no sabía mucho hasta que tuve la oportunidad de leer completo ese libro publicado por primera vez en 1844, en una horrible pero memorable edición de la colección Sepan Cuantos de editorial Porrúa y, ¡me encantó! (la obra, no la edición y de hecho, fue el primer libro de esa colección que yo compré voluntariamente sin ser obligado por la escuela). Y lo que me atrajo de ese título, fue la anécdota de que alguien había logrado escapar de prisión después de haberse intercambiado por el cuerpo de un compañero de celda, cuando ese “cuerpo” fue arrojado al mar. Y si ese episodio fue lo que me atrajo, lo que siguió en la historia me atrapó aún más, porque involucraba un tesoro escondido en una isla (la isla de Montecristo), complejos personajes, romance y la construcción de una nueva vida aristocrática en el París del siglo XIX. Pero ¿quién de nosotros no ha soñado con encontrar algún día la manera de hacer mucho dinero, tener el poder de cambiarse a vivir a un palacio y desde esa posición, atacar a quienes le traicionaron? ¿En serio? ¡¿Solo él?! Bueno, sean cuales sean nuestros sueños, tenemos que seguir luchando para alcanzarlos, respetando las leyes y sin pisar a nadie, porque seguramente si hacemos todo lo posible para llegar a ellos, en el camino encontraremos nuevas oportunidades y gratas sorpresas: ya que del esfuerzo y el trabajo solo pueden salir buenos resultados. Y aunque ya me desvié del tema principal, fue solo para decirle que su esfuerzo no pasa desapercibido y seguramente usted encontrará los frutos de su trabajo honesto a la vuelta de la esquina y, para entretenerse mientras lucha por ellos, El conde de Montecristo es una obra que si usted no ha tenido la oportunidad de leer, lo invito a hacerlo, ya que ninguna adaptación cinematográfica ha logrado ofrecer la experiencia del libro, el cual podrá encontrar en formato digital en alguna nueva plataforma de libros electrónicos, aunque también podrá hallar este título en alguna biblioteca pública, en el librero de los abuelos, o en alguna librería de libros usados o nuevos, porque créame: este libro está aún vigente. Y bien, si ya lo leyó, le invito a platicarme con Apertura Intelectual que piensa de él en lector.frecuente@gmail.com así como seguirme en Twitter como @GloopDr y más, si le gusta leer o escribir.

¡A votre santé, monsieur!

*La imagen de la columna es “El Castillo de If” y representa la cárcel donde fue recluido Edmond Dantès, obtenida de https://sobrefrancia.com/2009/12/28/el-castillo-de-if/amp/

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