¡Fuerza Ucrania!

Por: Rodolfo Munguía Álvarez

¿A usted no le ha pasado, apocalíptico lector, preguntarse sobre el fin del mundo? Yo traté durante mucho tiempo de encontrar esta respuesta entre muchos libros que había en mi habitación, como: “1989: el fin del mundo” de Don Pendleton; “Nostradamus, las profecías del futuro”, de A. Gallotti; y hasta un libro que tuve en mi librería titulado: “Los Secretos del Apocalipsis” de Gerard Bodson. Cada uno de ellos me metía el susto de mi vida y también me sugestionaban un poco. Con decirle que en este último decía que el demonio diría una frase para anunciar el apocalipsis que más o menos iba así: “Aserejé-ja-dejé” y yo juraba que se trataba de una canción de la época, que a la letra decía: “…aserejé-ja-dejé, de jebe yu de jebere seibiu yunouva majavi, an de bugui an de güididipí…” motivo por el cual llegué a considerar a esa canción de Las Ketchup como “apocalíptica”. Por otro lado, también cuando niño me gustó jugar a la guerra: formábamos con mis amigos dos pelotones y nos enfrentábamos en una ciudad imaginaria, en donde se escuchaban frases como: “¡muérete! ya te di” y respuestas como: “Nocierto, me quité a tiempo y yo te di primero”, con armas imaginarias, obviamente. Tal vez —y solo tal vez— con estos juegos afirmábamos nuestra masculinidad o exponíamos la herencia bélica de nuestros genes, producto de un antepasado que se la ha pasado de guerra en guerra. No sé por qué razón real, pero los tambores de guerra suenan nuevamente en este planeta, habitado por seres humanos de paz, gobernados por simios bélicos con amplia tecnología de destrucción. Algunos hombres con poder aspiran a acrecentarlo aún más y con ello, tientan a hacer realidad las profecías del apocalipsis. Yo personalmente estoy seguro que no va a ser para tanto y la diplomacia internacional va a rendir frutos, pero ruego a Dios por todos esos padres que están preocupados por la seguridad de sus hijos, principalmente en Ucrania, un país de gente buena (como todos los demás países) pero penosamente agraviada por la injusta invasión recibida; ruego por los niños, por que vean reconfortada su seguridad en el amor y cuidado de sus padres, y ruego por un pronto regreso al camino de la paz. Platíqueme con Apertura Intelectual qué piensa sobre este nuevo y lamentable conflicto, en mi correo electrónico: lector.frecuente@gmail.com y le invito a seguirme como @GloopDr en Twitter. ¡Yo soy Ucrania!

¡A votre santé, monsieur!

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