“Hermosos pájaros muertos”

Por: Thelma Morales García

¿Qué es la poesía? ¿Qué tienen los poemas? ¿Qué hacen los poetas? ¿Para qué sirve a los hombres este oficio? Seguramente el lector se haga estas preguntas cuando le hablan de la poesía, desafortunadamente son pocas las personas que hoy en día se acercan a la poesía como tema de estudio. La poesía es la memoria de la música que tocaron los Dioses y que a veces logramos escuchar, nos diría Marco Antonio Campos.

Decía Strand: “Cuando un hombre puede describir la poesía nos pone en contacto con el misterio, con lo esencial acerca de la vida. La poesía no está para contestar preguntas, sino para plantearlas: ¿Por qué estamos aquí? ¿Quiénes somos?” y ese tipo de preguntas se las plantea Luis Cernuda cuando nos dice: “¿Qué país sobrelleva a sus poetas? A sus poetas vivos, quiero decir, pues a los muertos, ya sabemos que no hay país que no adore a los suyos.”

Todo ello lo reflexioné al leer el poemario de Selma Carmona cuyo título “Hermosos pájaros muertos”, me hizo preguntarme el por qué ese título y la respuesta fue casi inmediata cuando leí el prólogo, donde Israel Miranda comienza con un epígrafe a mi parecer poético de Stephen King, y que es mencionado por Morgan Freeman en la película “Sueño de fuga” de 1994 y que considero una de mis películas favoritas: “Algunos pájaros no están destinados a que los enjaulen, eso es todo. Tienen las plumas demasiado brillantes, su canto es demasiado dulce y libre. Así que, o les dejas irse, o, cuando abres la jaula para darles de comer, se las arreglan para escapar volando. Y la parte de ti que en el fondo creía que era un error tenerlos cautivos se alboroza, pese al hecho de que el lugar en que vives sea mucho más lóbrego y triste tras su partida.”

La autora inicia con su poema Golondrinas dedicado a su madre y ahí encontramos el verso que da título al poemario: “Ella y yo, mitocondria al fondo del vaso, somos pájaros, hermosos pájaros muertos.”

También Selma se cuestiona a lo largo de su poemario sobre la vida misma, por ello recordé a Hermann Broch quien decía en su poema Voces: “Mil novecientos trece. ¿Por qué tienes que hacer poesía? Para descubrir otra vez mi juventud. […] Mil novecientos veintitrés ¿Por qué tienes que hacer poesía? Para informar de todas nuestras negligencias. […] mil novecientos treinta y tres ¿Por qué tienes que hacer poesía? Tierra de Promisión de la despedida, ¡oh, presentimiento de profundos abismos!”

Para entender la poesía hay que sentirla y disfrutarla; los poetas sienten deseo de ir a lo profundo de la mente humana, el poeta es un ser sensible que es capaz de decir, lo que la mayoría de los hombres y mujeres no pueden decir, pero que lo sienten como emociones en toda su plenitud.

“En la carne anida la memoria. No duermo, los párpados preguntan, el pasado es vigía de mi sufrimiento”, nos dice Selma; al leerlo nos parece un testimonio de lo que la poeta vive diariamente.

Para Sabines la escritura era nada más “un testimonio de lo que pasaba, jamás un acto premeditado. Era un acontecimiento humano que se encuentra en todos los escenarios: la calle, la escuela, el parque, el burdel, el hospital, el cine, la habitación, donde la vida ocurre al igual que la poesía, impúdicamente, sorpresivamente, a todas horas.”

Este libro es resultado del Taller de Creación Literaria al que pertenece Selma y que se interrumpió en la Pandemia por COVID-19, y del que se realizaron tres antologías cuyo título “Panversa” son ejemplos de aquellos que viven intensamente, si su vida es ejemplo para muchos, su poesía lo es aún más y en estos tiempos tan turbulentos y difíciles por los que pasamos, es el poeta quien consuela a la humanidad.

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