Por: Jonathan Hellwig Guerra

Antes de comenzar este artículo, te tengo una propuesta. “Acude a cualquier evento cultural sin pretensiones, te puedes llevar una grata sorpresa”.
La pregunta en las juntas de preproducción mexicanas no es “¿dónde se ve mejor nuestra historia?”, sino “¿dónde nos sale más barato filmarla?”. Mientras la creatividad nacional desborda ideas, los presupuestos dictaban la realidad.
Observábamos con una mezcla de sana envidia y frustración cómo las Islas Canarias seducen a los grandes estudios de Hollywood con su agresiva deducción del 45% al 54%, y cómo Colombia se consolida con astucia como el gran hub de las series en Latinoamérica gracias a su Cash Rebate del 40%. Mientras tanto, México —el gigante indiscutible de la región, dueño de la infraestructura más robusta y de un talento técnico galardonado mundialmente— se queda al margen, viendo cómo los proyectos y los dólares vuelan hacia otros cielos por la simple falta de incentivos competitivos.
Ahora, con la entrada en vigor del nuevo incentivo fiscal del 30% del ISR, el panorama ha cambiado. México intenta dejar de ser espectador para convertirse en el protagonista del nearshoring audiovisual.
Las tres reglas que cambian el juego (Game Changers)
Este estímulo no es un simple parche burocrático; es una reforma estructural que ataca los puntos débiles históricos de nuestras producciones:
Liquidez inmediata a través del Crédito Transferible: El gran dolor de cabeza del cine independiente siempre ha sido el flujo de caja. Al ser un instrumento transferible, este incentivo permite a las productoras negociar y obtener financiamiento ágil y efectivo desde las etapas tempranas del proyecto. Menos papeleo infinito, más días de rodaje.
Una derrama económica con sello local: El requisito de destinar el 70% a la proveeduría nacional es, quizás, el acierto más humano de la ley. No se trata de abrir la puerta para que las grandes transnacionales traigan sus propios equipos y se vayan sin dejar rastro. Se trata de garantizar que la inversión dinamice la economía real de nuestros técnicos, maquillistas, transportistas, hoteleros y creativos en todo el país.
Retención y repatriación de talento: Durante décadas fuimos exportadores de mentes brillantes. Nuestros mejores directores de fotografía, editores y artistas de efectos visuales tenían que empacar maletas para trabajar en proyectos con presupuestos dignos. Hoy, la ecuación se invierte: ya no necesitamos exportar a nuestra gente; ahora tenemos el músculo financiero para importar las grandes historias y filmarlas en nuestra propia casa.
La cartelera habla: El verano que encenderá las salas (Junio – Agosto)
La teoría de las leyes se demuestra en la práctica, y las salas de cine durante este verano son la prueba viviente de que el cine mexicano está reclamando su territorio. Lejos de achicarse ante los colosos de Hollywood, las producciones nacionales llegan con una diversidad y fuerza que pocas veces habíamos visto.
Destacan propuestas que abarcan desde el cine de autor internacional hasta la comedia y el terror:
Dreams (Michel Franco) – Estreno: 19 de junio: El aclamado director mexicano vuelve a cruzar fronteras con un drama magnético protagonizado por la ganadora del Óscar, Jessica Chastain, y un joven bailarín de ballet latino. Una muestra clara de cómo el talento nacional convoca miradas de calibre global.
Moscas (Fernando Eimbcke) – Estreno: 2 de julio: Tras conquistar la Berlinale y recibir el Premio del Jurado Ecuménico, el director de Temporada de Patos regresa con una bellísima y entrañable película de humor observacional que promete desarmarnos emocionalmente.
Seis meses en el edificio rosa con azul (Bruno Santamaría) – Recién desempacada de su conmovedor paso por el Festival de Cannes, esta íntima producción llegará a salas comerciales este verano respaldada por la crítica internacional.
Cine de género y apuestas comerciales: Para los amantes de las risas y la cultura pop, la esperada reunión en pantalla de Aislinn Derbez y Mauricio Ochmann en Hasta el Fin del Mundo, junto al irreverente estreno animado de Una familia de barrio: La maldición del quinto partido, demuestran que el cine mexicano sabe conectar con las masas. Esto se suma al reciente éxito en salas del terror social de No dejes a los niños solos (Emilio Portes), consolidando un ecosistema donde hay espacio para todos los públicos.
Un llamado a la comunidad: Ámonos con todo
A los cineastas, productores, directores y técnicos: este es el momento exacto que tanto exigimos en foros, festivales y colectivos. Las excusas financieras se han agotado. El ecosistema fiscal y las pantallas finalmente están respaldando nuestra capacidad narrativa.
El verdadero reto empieza ahora y nos toca a nosotros. Nos corresponde demostrar en taquilla y en los sets que nuestra calidad cinematográfica y que somos capaces de absorber las producciones con profesionalismo.
No bajemos la guardia. Sigamos capacitando a las nuevas generaciones, perfeccionando cada área y aprovechando este impulso histórico para descentralizar el cine y llevar historias de cada rincón de México al mundo entero.
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